madre patria… ¡justo el 29! y la fantasmal City.

8 Ene
  
  
Amo Buenos Aires en Enero.
 Si los días no están demasiado calurosos, caminar por la ciudad con pocos autos y menos gente, gente que a su vez está más relajada… es hermosa. Mi “lujo” es organizar paseos de medio día, por ejemplo.
A un lugar que quiero ver tranquila, por lo que fuere: algo de las calles, o edificios  -o algo de la gente… un parque, una plaza y sobre todo, lugares cercanos al río. Siempre en colectivos que elijo por su recorrido; son rebaratos y bastante buenos en la ciudad, y van mucho, mucho más vacíos. El 29 tiene un recorrido genial: La Boca-Puerto de Olivos.
¿Te gusta ese pequeño puerto?. En invierno y todo, con el viento del río que te mata, igual me gusta.
Pero en una tardecita no muy caliente de verano es lindo salir de la Boca, recorrerla en bondi y partir al fresco del río, ancho ya, siempre imponente. ¡Genial llevarse el termo y un matecito!. Y algo rico para acompañar… porque (¡ay! el diablo siempre mete la cola) los precios y el servicio de los kioscos y barcitos de la zona son abusivos -los primeros- y pésimo -el segundo-.
Pero el paseo… bien vale una misa.
 Recomendación: vuelta en el mismo 29, que sale del puerto y ya cayendo la nochecita vuela por Libertador; a esa altura hay nobles y lindos edificios (hace unos años descubrí un hotelito precioso en una hermosa casona reciclada, súper elegante, me encantó la idea de pasar dos o tres días allí, ¡fuera del mundo! a pesar de la cercanía, debía ser por ¿Vicente López, Olivos?) que pueden verse muy bien desde un tranquilo asiento de colectivo, esos de ventanillas bien grandotas. Me gusta quedarme hasta que se están yendo las últimas luces del día y la avenida se va encendiendo mientras vuelvo a la opresiva Buenos Aires.
La City… eso es un plato especial en los eneros porteños…
Hay que buscar un día de tardecita -las seis, seis treinta están muy bien- no muy hot y si sopla el aire del río que en el bajo arremolina y te vuela las mechas, mejor aún-. Bueno, el Bajo es mi debilidad: fue mi barrio entre los siete y… mi salida de Buenos Aires. Antes era mucho más rantifuso y berreta, lleno de conventillos históricos en casas viejas increíbles -conozco algunas, de altos especialmente- bares y “dancings” para marineros y viejos almacenes y panaderías árabes, con esa mezcla loca de ejecutivos y oficinistas por la mañana y la primera tarde y un cierto vacío después. Vive más gente de lo que parece en ese barrio, mezcla rara de chetaje y pueblo, en parte sigue así. ¡Los viejos bares de Leandro Alem y el restaurante Dora, cruzando la Plaza San Martín!. Barrio honrado por Antonio Dal Masetto, gran escritor, el que vino de Italia primero y de su pueblo provinciano después, a la grande Babylon…
tan bien contás mi antiguo barrio.
 
 

 

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