La Creación según las tablillas de la biblioteca de Asurbanipal…

12 Feb
 
 
              El elemento primordial es el agua; de la fusión del agua dulce, Apsu, con la salada, Tiamat  se derivan los demás seres, comenzando por los Dioses. El Apsu, que aparece  aquí personificado, es una especie de abismo lleno de agua, que rodeaba la Tierra. Ésta tenía la forma de una meseta redonda rodeada de montañas en las que se apoyaba la bóveda celeste, y flotaba sobre las aguas del Apsu. Del Apsu procedían las fuentes que surgían en la superficie de la Tierra. Una réplica griega del Apsu es el río Océano, que Homero presenta igualmente como el padre de la creación.
        Tiamat, personificación del mar, representa el elemento femenino que da a luz al mundo, y aparece entre las fuerzas ciegas del primitivo caos, contra las cuales los dioses, seres inteligentes y organizadores, entablan batalla.
        Lahmu y Lahamu, los primeros nacidos, son divinidades bastante borrosas. Quizás sean una pareja de monstruosas serpientes. De ellas nace Ansar, el principio masculino y Kisar, el femenino, que representan, respectivamente, el mundo celeste y el mundo terrestre. También entre los griegos los dioses han nacido de la unión de Urano (el Cielo) con Gea (la Tierra). Pero así como Gea desempeña un papel importante en este panteón, Kisar no volverá a aparecer… en el Poema de la Creación el papel principal corresponde a Marduk, que vence a Tiamat y organiza el Universo. Marduk, en efecto, es el gran dios de Babilonia.
       ¿Cómo se explicaba el origen del mundo en Sumer y Acad, las civilizaciones antecesoras de Asiria y Babilonia?: En los orígenes de las cosas, cuando "en lo alto el cielo no tenía aún nombre y abajo de la Tierra también carecía de él", existían sólo Apsu, el Océano primordial, y Tiamat, el mar tumultuoso. De la confusión de sus aguas salió primero Mumú (el túmulo del oleaje), y después, una pareja de monstruosas serpientes, Lahmu y Lahamu, quienes a su vez, originaron a Ansar (el mundo celeste) y Kisar (el mundo terrestre). De Ansar y Kisar nacieron los Grandes Dioses: Anu, el poderoso;
Bel Marduk, Ea, de vasta inteligencia, y las demás divinidades como los Igigi, que habitan el cielo y los Anunnaki, que se esparcen por la tierra y los infiernos.
       Pero el reposo del viejo Apsu se vió pronto turbado por los nuevos Dioses. Apsu se quejaba de ello a Tiamat: "Durante el día no tengo descanso; por la noche no puedo dormir".  Y los dos ascendientes tramaron la destrucción de su prole, "Todo cuanto hemos hecho, dijo Tiamat, destruyámoslo; que su camino esté lleno de fatigas". Mas Ea, que todo lo ve, se enteró de su propósito, y por sus artes de magia consiguió apoderarse de Apsu y Mumú. Tiamat, furiosa, agrupó a su alrededor a unos cuantos dioses y dió a luz enormes serpientes de afilados dientes, devoradoras sin piedad, terribles dragones de relucientes escamas, tempestuosos monstruos, perros furiosos, hombres- escorpiones; engendró también los fuertes huracanes, los hombres-peces y los carneros. Como jefe de este conjunto escogió a Qingu, al que nombró soberano de todos los Dioses, y sobre cuyo pecho prendió las tablillas del destino.
     Sin embargo, Ea, que conocía las intenciones de Tiamat, acudió junto con su padre Ansar y le dijo: "Nuestra madre Tiamat, nos tiene odio; ha reunido una tropa, y se enfurece como una tempestad". Al escuchar estas palabras de su hijo, Ansar se impresionó, se golpeó los muslos, se mordió los labios y su vientre perdió la quietud. Comenzó arrojando a Anu contra Tiamat, pero Anu no tuvo fuerzas para abordar a la diosa; luego fue enviado Ea, que no dió muestras de gran valor. Entonces, Ansar mandó llamar a Bel Marduk,
"el hijo que dilata su corazón"  y lo exhortó a combatir a Tiamat, prometiéndole en pago la victoria.
     Marduk aceptó, pero con la condición de que la asamblea lo invistiese de la autoridad suprema. Accedió Ansar y  envió inmediatamente a su mensajero Gaga, a Lahmu y Lahamu, las monstruosas serpientes, así como a otros Igigi.   Acudieron todos a la Upshukina, y después de abrazarse mutuamente, se sentaron a la mesa. Luego de comer de su pan y beber de su vino, prepararon al rey Marduk una morada principesca, acataron su soberanía sobre la totalidad del mundo y le concedieron el cetro, el trono y el palu, dándole el arma sin rival para rechazar al enemigo."Ve y siega la vida de Tiamat, le dijeron, que el viento se lleve su sangre hacia lugares secretos".
     Marduk, investido de este modo, tomó el arco con su diestra, después de asegurar bien la cuerda, colgóse el carcaj a su flanco, púsose un relámpago en el rostro y tendió una trampa para coger a Tiamat. Liberó después a los vientos, que colocó a su lado y, tomando su gran arma -el diluvio-, montó en un carro devastadores corceles. Con semejante vestidura de espanto, dirigió sus pasos hacia Tiamat y la retó al combate. Tiamat y Marduk el Sabio se pusieron en pie, marcharon al combate y el Señor tendió su red y aprisionó a Tiamat, soltó el viento malo que se encontraba a su espalda y ella, Tiamat, abrió la boca tan ampliamente como le fue posible. Entonces, el Señor hizo penetrar el viento malo de forma que no pudiera cerrar los labios. Los terribles vientos llenaban su vientre. Se sobrecogió su corazón pero su gran boca seguía abierta. Lanzó él una flecha, que penetró en su vientre; rasgó luego su interior, hendió su corazón y la redujo a la impotencia, aniquilando su vida, dejó que su cadáver se desplomara y se irgió sobre él.
     La muerte de Tiamat llevó a su ejército la desbandada. Sus auxiliares, los Anunnaki, buscaron su salvación en la fuga; pero Marduk los aprisionó en su red y junto con Qingu los arrojó, encadenados, al mundo infernal. Volvió luego por Tiamat y le hendió el cráneo, después cortó los conductos de su sangre, y, ante el monstruoso cadáver, "concibió obras artísticas". Dividió el cuerpo como se separan las dos mitades de un pez y con una de ellas creó la bóveda del cielo, mientras que con la otra formaba el soporte terrestre. Llegado a este punto, organizó el mundo; construyó en el cielo una vivienda para los Grandes Dioses, instaló en él las estrellas, que son su imagen, estableció el año y reguló el curso de los astros.
     Una vez ordenado el mundo celeste, Marduk completó su obra creadora haciendo emerger la tierra de entre las aguas, que entonces lo cubrían todo. "En la superficie de las aguas trenzó unas ramas, creó el polvo y lo mezcló con el tejido que había formado". Así surgió la tierra. Después, "para que los Dioses habitaran en una morada que alegrase el corazón", Marduk creó la Humanidad.
     Según el Poema de la Creación, Marduk amasó con su propia sangre el cuerpo del primer hombre:
fue secundado en su obra por la diosa Aruru, que, "junto con él, formó la simiente de la Humanidad".
     Por úlltimo, hicieron su aparición los grandes ríos, los vegetales y los animales salvajes y domésticos.
 
Así terminó la obra de la Creación…
 
 
 
 
Mitología General; pubicada bajo la dirección de Félix Guirand; Editorial Labor, Barcelona, 1965.
  
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