el nacimiento del mundo, de los dioses y de los hombres

28 Oct

          

En la aurora de los tiempos (cuentan los viejos poetas y narradores islandeses) no había arenas, ni olas glaciales. Tampoco existía la Tierra, ni el cielo que hoy la cubre.  No crecía la hierba, y sólo un abismo se entreabría en el espacio.  Pero mucho antes de que fuese creado el mar, un mundo de nubes y tinieblas llamado Niflheim, se formó en las regiones situadas al norte del abismo.

En el centro de Niflheim emitía su zumbido la fuente Hvergelmir, de la que partían doce ríos de agua glacial.  En la parte sur estaba el país del fuego, Muspellsheim, del cual salían unos ríos cuyas aguas contenían un acre veneno, que se iba coagulando poco a poco hasta hacerse sólido.   Al contacto con los hielos llegados del Norte, este primer depósito se recubrió de espesas capas de escarcha, que colmaron en parte el abismo; pero el aire caliente que soplaba del sur empezó a fundir el hielo, y de las gotas tibias que fueron formándose nació un gigante con forma humana, que fue el primer ser vivo: Ymir.

Ymir fue el padre de todos los gigantes.  En cierta ocasión, durante el sueño se encontró bañado en sudor, y de su axila izquierda nacieron un hombre y una mujer, de talla tan gigantesca como la suya.  Al propio tiempo, el hielo continuó fundiéndose y dió el ser a la vaca Audumla, nodriza de gigantes.  En sus ubres, de las que manaban cuatro riachuelos, encontró Ymir su sustento, mientras que, a su vez, la vaca lamía los bloques de escarcha y se alimentaba de la sal que éstos contenían. Lamiendo así el hielo que se derretía al contacto de su tibia lengua, dió a luz, primero, los cabellos; después, la cabeza, y, por último, el cuerpo completo de un ser vivo, que fue denominado Buri.

Buri tuvo un hijo, Bor, que se casó con la hija de unos gigantes, Bestla.  De esta unión nacieron los tres dioses: Odin, Vili y Ve. Estos tres vástagos de una raza de gigantes desencadenaron al punto una guerra contra aquellos descomunales seres, que terminó con el total aniquilamiento de los agresores.  Primero dieron muerte al viejo Ymir, y tanta fue la sangre que manó de su cuerpo, que colmó el entrabierto abismo, y todos los gigantes se ahogaron en él, excepto Bergelmir, que pudo arrojar al encrespado oleaje un barquito y escapar a la destrucción junto con su mujer.  De esta pareja arranca una nueva raza de gigantes.  Sin embargo, los hijos de Bor, manteniendo fuera de las olas el cuerpo inerte de Ymir, formaron con él la Tierra, que recibió el nombre de Midgard, o “morada central”, pues quedaba situada a mitad de camino entre Niflheim y Muspellsheim.  La carne del gigante se convirtió en el suelo terrestre, y su sangre, en el mar ensordecedor; con sus huesos, los dioses formaron los montes, y con sus cabellos, los árboles; después tomaron su cráneo y, elevándolo sobre cuatro columnas, crearon la bóveda del cielo, en la que fijaron las chispas que, escapadas del reino del fuego, Muspellsheim, volaban al azar.

De este modo alcanzaron su ser el Sol, la Luna y las estrellas, cuyo curso regularon los dioses, el propio tiempo que establecían la sucesión de días y noches y la duración del año.  El Sol, recorriendo el cielo por el lado meridional, proyectó sobre vastas extensiones de la tierra su luz y su calor, con lo que pronto brotaron las primeras hierbas.  Durante este tiempo, otros dioses se reunieron con los hijos de Bor.  Nada precisan los antiguos autores escandinavos sobre su procedencia o su eventual condición de hijos de otros gigantes.  Asociados con Odín, estos recién llegados se esforzaron en levantar su residencia celeste, la vasta morada llamada Asgard, “el palacio de los Ases”, en la que cada uno poseía apartamentos propios.  Los germanos del norte imaginaron estos palacios como residencias muy parecidas a las grandes casas de campo de sus señores.  La parte principal era la gran sala, el halle, donde se celebraban las recepciones y banquetes.  Entre su morada y la de los hombres, los dioses edificaron un enorme puente, que denominaron Bifrost y que no es otra cosa sino el arco iris.

Después se reunieron en asamblea y deliberaron acerca del modo mejor para poblar la Tierra.  Ya se habían formado larvas en el cadáver en descomposición de Ymir, a quien dieron muerte Odín y sus hermanos, y los dioses resolvieron emplear estas larvas para formar una raza de enanos, a los que dieron figura humana y dotaron de razón.  Pero resolvieron también que, puesto que habían nacido de la carne del gigante Ymir, debían continuar viviendo en lo que había sido esta carne en otro tiempo y que luego se convirtió en tierra y rocas.  Esto explica que los enanos lleven un género de vida subterráneo.  Entre ellos no hay mujeres, por lo que tampoco tienen hijos.  Sin embargo, conforme van desapareciendo, dos príncipes, que los dioses han puesto al frente de ellos, sustituyen a los desaparecidos con enanos nuevos, amasados con la tierra natal.  De este modo, la raza de los enanos no conoce su término.  Por lo que respecta a los hombres, éstos tuvieron su origen en el reino vegetal…

 

 

 Mitología General; pubicada bajo la dirección de Félix Guirand; Editorial Labor; Barcelona,  1965.

 
     
 

 

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