las Cuatro Nobles Verdades

9 Nov

 

Sermón de Benares: Cuatro Nobles Verdades

 

Al lado del Buda, el Dharma…   la esencia de la doctrina,    aceptada por todas lasescuelas, ha sido asentada en las Cuatro Nobles Verdades que el Buda predicó por primera vez en Benarés inmediatamente después de su iluminación. La forma de esta enseñanza básica es la siguiente:

I)  ¿Cuál es entonces la noble Verdad de lo Malo?: El nacimiento es malo, la decadencia es mala, la enfermedad es mala, la muerte es mala.  Estar unido a lo que a uno de disgusta, significa sufrimiento. Estar separado de lo que a uno le gusta significa sufrimiento.  No conseguir lo que uno quiere, también significa sufrimiento. En suma, todo lo que sea tratar de captar cualquiera de los cinco Skandhas implica sufrimiento.

II)  ¿Cómo es  entonces la Noble Verdad del Origen de lo Malo?:  Es aquel anhelo que lleva al renacimiento, acompañado del goce y la codicia, que busca su goce unas veces aquí y otras allá, es decir, el anhelo de la experiencia sensual, el anhelo de perpetuarse, el anhelo de la extinción.

III)  ¿Cuál es entonces la Noble Verdad de la Terminación de lo Malo?:  Es la completa terminación de ese anhelo, el retirarse de él, el renunciar a él, el rechazarlo, la liberación de él, el no estar ligado a él.

IV)  ¿Cuál es entonces la Noble Verdad de los pasos que llevan a la Terminación de lo Malo?:  Es  este sagrado Camino Óctuple, que consiste en buenas creencias, buenas intenciones, buenas palabras, buena conducta, buena vida, buen esfuerzo, buen pensamiento y buena concentración.

        La meditación sistemática sobre las Cuatro Nobles Verdades, así como sobre  los hechos básicos de la vida, es una tarea central de la vida budista. Aún limitándonos a la primera Noble Verdad, una reseña de alguna de sus implicaciones nos ayudará en gran medida a ver la doctrina budista en su perspectiva adecuada.  La primera parte presenta poca dificultad intelectual, y cualquiera puede estar de aucerdo con ella.  Simplemente enumera siete aspectos bien conocidos de la vida que están llenos de sufrimiento.    Nuestra resistencia intelectual sólo empezará con la segunda parte,  que es la que infiere la universalidad del sufrimiento.  Debemos, sin embargo, contar con una resistencia emocional que actúa como poderoso obstáculo para la apreciación completa, incluso, de la primera parte.  La mayoría de nosotros estamos naturalmente inclinados a vivir en un paraíso de inconscientes, a mirar el aspecto más alegre de la vida, y a minimizar sus aspectos desagradables.  El reflexionar sobre el sufrimiento es algo que normalmente va en contra de nuestras inclinaciones.  Por lo general, cubrimos el sufrimiento con toda clase de “velos emocionales”.  Para la mayoría de nosotros la vida sería intolerable si pudiéramos verla tal como es, y si nuestra perspectiva mental subrayara sus rasgos desagradables tanto como sus rasgos gratos.  Nos gusta mantener los hechos que nos entristecen donde no podemos verlos. Esto se ilustra por el empleo generalizado de eufemismos, lo que equivale a evitar las palabras que evocan asociaciones desagradables.  Una expresión vaga o indirecta encubre un hecho que es desagradable o tabú.  Hay en todos los idiomas cientos de eufemismos para nombrar la muerte, la deformidad, la enfermedad, el sexo, el proceso de la digestión y los problemas domésticos.  Un hombre no muere sino que “fallece”, “entrega el último aliento”, “se duerme”, “deja atrás este mundo”, “se une con su Creador”…  es necesario un esfuerzo especial de meditación para enfrentarse a la realidad total de la muerte.  Es práctica común cerrar los ojos ante los hechos desagradables, pasarlos por alto, minimizar su importancia, o adornarlos. Las mujeres de edad madura no gustan de recordar su edad.  Cuando la gente ve un cadáver, con frecuencia siente un escalofrío y mira a otra parte.  Como temas de conversación, los aspectos tristes y desalentadores de la vida escandalizan a la “gente bien”, y asustan a los demás.  Aquí también hace falta una meditación especial para traer al primer plano aquello que generalmente se recubre con una capa de barniz.  No es el caso de demostrar detalladamente aquí en qué forma esta huida de la realidad desagradable es causada en parte por la preocupación, por un amor a sí mismo narcisista, y principalmente por el miedo, unido a un deseo de proteger la personalidad de las ideas que amenazan su integridad.  La enorme mayoría de las personas  no podemos vivir alegremente sin adoptar alguna especie de actitud de avestruz frente a la vida.  En este sentido, la primera Verdad no es evidente por sí misma.  Para comprenderla, debemos violentar nuestros hábitos de pensamiento más internos.  Con el deseo de imprimir los aspectos no atractivos de la vida en una mente que los rechaza, el budista comtemplará repetidas veces y con gran detalle, uno por uno,  los siete puntos de la fórmula.

             Al final de la fórmula, Buda ha afirmado que todo lo que hay en este mundo está unido   con el sufrimiento.  Es imposible captar  los “Skandhas”  (el cuerpo, los sentimientos, las percepciones, los impulsos y emociones y los actos de conciencia también conocidos como la -falsa- creencia en la existencia del yo) sin complicarse en el sufrimiento.  Budaghosa explica lo que quiere decir el Buda por medio de unos símiles bien elegidos: “Al igual que en el caso del fuego y del combustible, de las armas y del blanco, de los moscardones, de los mosquitos y del cuerpo de una vaca, de los segadores y el campo, de los ladrones de la aldea y una aldea, de la misma manera que la hierba y las plantas trapadoras crecen sobre la tierra, o que las flores y los frutos germinan en los árboles..”  sin embargo, la universalidad del sufrimiento no se destaca inmediatamente como un hecho evidente; nos aferramos tenazmente a la creencia de que se puede encontrar alguna felicidad en este mundo.  Sólo el perfecto Santo, sólo el Arhat, puede entender cabalmente la primera Verdad.  Como lo expresó el Buda:  “Es difícil disparar desde lejos flecha tras flecha a través del agujero de una cerradura y no errar una sola vez.  Es más difícil disparar y penetrar con la punta de un cabello partido cien veces un pedazo de cabello partido también cien veces.  Es más difícil aún penetar en el hecho de que *todo está mal*…”

 

El Budismo. Su esencia y su desarrollo. Edward Conze; FCE, México, 1978.

 

 

 

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