una revolución de barrio…

16 Nov

            

          Noviembre trajo la cosecha de naranjas amargas… son los árboles que viven en mi cuadra, como en tantas otras de la ciudad de los azahares. Estaban  cargados de naranjotas de cáscara gruesa, esas que caen pesadas, rodando por las veredas. Yo las escuché chismorrear e inquietarse un poco hace unas noches, justamente, a causa de  la demora burocrática e intolerable en sacarlas de las ramas y juntarlas en esas dos o tres bolsas que se ven en los canteros, bajo los árboles.  Allí las encontré temprano, calmadas y ¡juntas al fin!, rumbo a su destino de fábrica de dulce, listas para ser subidas a los camiones de la municipalidad. La mañana se sentía tan hermosa que no parecía martes, ni lunes… me llevó un vientito fresco de cola rumbo al sur, hacia el trabajo. Las saludé y les dije -en lengua naranjil, obvio- ¿Vieron?, ¿Más tranquilas ahora?…  pero siguieron gritando. En fin, son algo cocoritas.

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