la salvación

3 Ene

  

Manyhushri

 

La salvación, tal como la comprende la Nueva Escuela de Sabiduría o Mahayana, se puede resumir en tres negaciones:  No-alcanzar, no-afirmar, no depender, y un atributo positivo, la Omnisciencia.  Se emplea una plétora de argumentos para demostrar que no se puede alcanzar el Nirvana, que la salvación no puede ocurrir realmente, y que la larga y laboriosa lucha del Bodisatva realmente no lleva a ninguna parte: “En la vacuidad ni hay logro ni no-logro” .  Por definición, lo Incondicionado no tiene relación con ninguna cosa, o, como dicen los Sutras, es absolutamente aislado y solitario.  Por lo tanto, es imposible que una persona entre cualquier clase de relación con lo Incondicionado, y mucho menos que lo posea o lo gane.  Además, uno nunca podría saber que ha alcanzado el Nirvana. La vacuidad no tiene propiedades, no tiene marcas, no tiene nada por lo cual se le pueda reconocer, y por tanto nunca podemos saber si la tenemos o no la tenemos.

 

El No-alcanzar equivale en realidad a la autoextinción, o al olvido de uno mismo en la entrega completa.  Es característico de las más altas virtudes el que uno no pueda ser conciente de ellas sin perderlas.  Así ocurre con la sencillez y la humildad.  Uno no puede adquirir en forma deliberada una sencillez no estudiada, ni puede uno reflexionar sobre su propia humildad sin caer en el orgullo.  Uno no puede decir que ha alcanzado el Nirvana sin hacer una distinción entre uno mismo y el Nirvana, entre el estado anterior de uno y el actual, entre el Nirvana y su opuesto.  Y todas esas distinciones son señales de esa misma ignorancia que lo excluye a uno de la otra orilla.  En realidad, es un peligro inherente al mismo empleo del lenguaje el que toda enunciación que se haga parezca ser la afirmación de algo.  En un sistema en el cual la No-afirmación es una de las marcas de la salvación, uno siempre debe recordar que no se plantea como teoría positiva ni como sistema metafísico. 

 

 “Esta doctrina sublime no  es un campo de lucha para los lógicos”.  La doctrina de la vacuidad no se enseña para apoyar a una teoría frente a otras, sino para deshacerse de todas las teorías.  Sería, por lo tanto, muy injusto para las intenciones de la Nueva Escuela de Sabiduría si consideráramos la vacuidad como una especie de Absoluto que está detrás del mundo condicionado, como una especie de base para él, como una especie de ancla para nosotros.  Ciertamente, no es así: “El Nirvana no se distingue para nada del nacimiento y la muerte”.  No es una realidad separada.  Sería igualmente falaz describirlo como un monismo metafísico dirigido en contra del pluralismo de los Sarasvastivadinos.  Es cierto que la doctrina Madhyamika con frecuencia se representa así en los textos de filosofía.  Sin embargo, iríamos en contra del espíritu de una doctrina que evita caer en el dualismo si planteáramos un Uno como opuesto a Muchos.  La mente de Nagarjuna era más sutil que tales filosofías.  La vacuidad es la no-diferencia entre sí y no, y la verdad se nos escapa cuando decimos “es” y cuando decimos “no es”; en realidad, está en alguna parte entre esos dos.  El hombre que “vive en la vacuidad” no tiene ni una actitud positiva ni una actitud negativa frente a nada.  La doctrina de Nagarjuna no es una doctrina metafísica ni preceptiva,  sino descriptiva de una actitud práctica de no-afirmación, que es la única que puede asegurar una paz duradera.  Nada es más ajeno a la mentalidad del sabio que luchar o pelear por o contra algo.  Esta paz del verdadero sabio es el germen de la dialectica Madhyamika.  Ya está claramente expresada en escrituras mucho más antiguas que las de Nagarjuna.  Se encuentra en forma clara e inconfundible en el antiquísimo Sutra Nipata.  Y en el Samyutta Nikaya, el Buda afirma: “No lucho con el mundo, sino que el mundo lucha conmigo, pues el que sabe del dharma nunca lucha con el mundo.   Y aquello que los sabios del mundo consideran como no-existente, yo también lo enseño como no-existente. Y aquello que los sabios del mundo consideran como existente, yo también lo considero como existente”.  El objetivo de la dialéctica de Nagarjuna no era llegar a alguna conclusión definitiva, sino destruir todas las opiniones y reducir todas las creencias positivas al absurdo.

 

 Los Evangelios cristianos nos dicen sintéticamente en una corta y maravillosa frase que “el hijo del hombre no tiene dónde apoyar la cabeza”. Por medio de una variedad casi infinita de expresiones, la Nueva Escuela de Sabiduría predica el evangelio de la No-dependencia.  La clave de esta doctrina está en la importancia que tiene la angustia en nuestras vidas.  Esta angustia nos obliga a aferrarnos perpetuamente a algo distinto de nosotros. Nos aferramos a una persona después de otra, y nada nos aterra tanto como estar totalmente solos sin siquiera la idea de algo hacia dónde escapar.  Para llegar a la salvación, debemos rechazar todos esos apoyos uno por uno, y aprender a ver sin temblar el vacío de nuestra existencia, desnuda como está en su soledad.  Cuando estamos así, sin ningún apoyo estable, sin esperanza de uno, se dice que “no dependemos de nada fuera de la perfecta sabiduría”… o de la vacuidad, que es lo mismo.

 

Desde un punto de vista positivo, la salvación se describe como Omnisciencia.  La ambición de hacerse omnisciente nos parece bastante curiosa y necesita algunas palabras de explicación: es el resultado de un doble desarrollo que, por una parte, consideraba el Nirvana final de la budeidad como la meta a la que debía tender el creyente y, por la otra, señalaba la Omnisciencia como el atributo esencial de un Buda.  Como hemos visto, lo primero está implicado en el ideal del Bodisatva.  Entonces, ¿en qué sentido se considera que el Buda es omnisciente?. Los mahayanistas pretenden que el Buda era omniscente en el sentido más estricto del término.  Con una cognición sin trabas, conocía perfectamente todos los aspectos de la existencia, en todos sus detalles.  Claro está que las mentes finitas no podían esperar comprender el funcionamiento de un intelecto infinito.  En realidad, los pensamientos de Buda serían cualitativamente muy distintos de los nuestros, serían pensamientos “absolutos”, pensamientos de un Absoluto por un Absoluto.  Bien considerado, el pensamiento del Buda no sería relamente un pensamiento, porque un pensamiento incondicionado no puede estar incluído en el skandha de la conciencia, y porque  un pensamiento incondicionado no está separado de su objeto, sino que es idéntico a él…

 

El budismo, su esencia y su desarrollo; Edward Conze, FCE; 1978

 

 

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2 comentarios to “la salvación”

  1. Maricarmen 5 enero, 2011 a 14:06 #

    La vacuidad es la verdad ultima, no es la nada…

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  2. Al Marqz 4 enero, 2011 a 14:47 #

    Entiendo que La Vacuidad que podemos pretender solo es un paso para que el Propio Ser una vez libre de las ataduras de la mente ligada a lo terrenal logre nuevos estados de consciencia…

    PTB

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