El Tantra, o Budismo mágico

7 Ene

  

A diferencia de los modernos occidentales, los asiáticos  estaban muy familiarizados con las hazañas mágicas de los nigromantes, malabaristas, etc., que formaban parte de su vida diaria.  En este punto, creo que un ejemplo concreto ayudará a mostrar cómo consideraban esas cosas el indio, el árabe o el chino medio.  En el siglo XIV un viajero árabe, Ibn Batuta, visitó al virrey de Hang-chau-fu.  Un malabarista  “tomó una pelota de madera, con varios agujeros, a través de los cuales pasaban largas cuerdas y, agarrando una de éstas, tiró la pelota al aire. Subió tan alto que la perdimos completamente de vista.  Sólo quedaba un pequeño extremo de la cuerda en la mano del mago, y mandó que uno de los muchachos que lo ayudaban la tomara y subiera por ella. Asi lo hizo, trepando por la cuerda, ¡y también a él lo perdimos de vista!.  El mago lo llamó entonces tres veces, pero al no recibir respuesta cogió un cuchillo como si sintiera un gran enojo, agarró la cuerda y desapareció a su vez.  Al poco rato arrojó una de las manos del chico, luego un pie, luego la otra mano, luego el tronco, y finalmente la cabeza.  Después bajó él mismo, bufando y resollando, y con sus ropas todas ensangrentadas, besó la tierra delante del Amir, y le dijo algo en chino.  El Amir contestó dando una orden, y nuestro amigo tomó entonces las extremidades del muchacho, las puso en su lugar y dio un golpe con el pie, y ¡presto!, ¡ahí estaba el chico, que se levantó y quedó de pie frente a nosotros!.  Todo esto nos causó un asombro sin límites.  El Kázi Afkharuddin estaba a mi lado, y dijo: ¡Wallah! en mi opinón no ha habido ni subida ni bajada, ni daño ni remedio; todo es una treta”.

 

Según el Prajñaparamita, todo el proceso de salvación es de la misma naturaleza que este truco de magia. Veamos este diálogo entre Buda y Subhuti: “Exactamente, Subhuti, como si un mago hábil o un aprendiz de mago, conjurara en un cruce una gran muchedumbre de gente, y, después de que los hubiera conjurado hiciera que esa muchedumbre desapareciere otra vez.  ¿Qué crees tú, Subhuti, , ha habido alguien que haya sido muerto, o asesinado, o destruído, o hecho desaparecer por alguien?. Y Subhuti contesta: ¡Ciertamente no, Señor!.  A lo que Buda responde:  De esta misma manera un Bodisatva, un gran ser, lleva a seres innumerables e incalculables al Nirvana, y sin embargo no hay ningún ser que haya sido llevado al Nirvana, y nadie que haya llevado a otro.  Si un Bodisatva oye esto, y no tiembla, no tiene miedo, no se aterra, se dice entonces que está “armado con la gran armadura”.  El Tantra budista llega a las consecuencias prácticas.  Es el resultado lógico de los desarrollos que le antecedieron, y las dificultades que ha presentado a varios estudiosos han sido fabricadas por ellos.  Claro que si uno decide que el budismo “original” era una religión perfectamente racional, a la manera de la “Iglesia Ética”, sin ningún toque de lo sobrenatural o de lo misterioso, entonces el Tantra se convierte en una “degeneración” casi incomprensible de este supuesto budismo “original”. Pero el budismo siempre ha estado muy de cerca de cosas que, a los ojos de los racionalistas, aparecían como supersticiones. La realidad de los poderes psíquicos extraordinarios, e incluso de los poderes capaces de hacer maravillas, nunca fue puesta en duda.  Para aquellos que tenían la capacidad necesaria, el cultivo de tales poderes formaba parte del programa de salvación, aunque para otros era una bendición discutible.  La existencia de muchas clases de espírtus incorpóreos y la realidad de las fuerzas mágicas se daban como hechos indiscutible: la creencia en ellos formaba parte de la cosmología común.

 

Los occidentales que escribieron sobre el Tantra, a menudo se dejaron llevar por la emoción.  Su repulsión es en parte intelectual, porque creen haber superado las creencias mágicas de nuestros antepasados.  Además, el Tantra tiene la facultad de provocar indignación moral.  Les parece que, en la historia del budismo, una metafísica abstracta sublime, ha sido desplazad lentamente por una preocupación por las divinidades personales y la brujería, por las mojigangas del ritual mágico y toda clase de supersticiones.  Una inmoralidad voluntaria parece sustituir la elevada austeridad del pasado.  La antigua y desinteresada separación de este mundo parece haber sido suplantada  por un deseo de forzarlo a coincidir con los más bajos deseos, y la  resignación a las circunstancias se ha visto desplazada por el deseo de tener poder sobre ellas.  Donde la pobreza había sido la primera condición del crecimiento espiritual, ahora se piensa en propiciar a Kuvera y Jambhala, dioses de la riqueza.

 

Esta actitud hostil no es justa con el Tantra.  Es cierto que el Tantra proclama que tiene dos finalidades: éxito (siddhi) para alcanzar la iluminación total en esta vida, y éxito para lograr la salud, la riqueza y el poder.  Pero esta combinación ilógica de finalidades referetes a este mundo y al otro es tan antiguo como el propio budism, y ha sido uno de los principales pilares de su fuerza.  Sin embargo, como veremos, la inmoralidad no es una inmoralidad de hombres del mundo, sino de santos.  La afirmación de que los encantos y el ritual mágico son el camino más seguro para alcanzar la iluminación plena ciertamente es nueva en su énfasis, pero un largo desarrollo histórico ha llevado firmemente a ella.  Lejos de ser la pesadilla de unos cuantos pervertidos de dudosa respetabilidad, el Tantra era, y es, una fase inevitable de la historia budista.

 

Es imposible en la actualidad indicar el momento exacto en que se pensó por vez primera en la práctica tántrica.  Los tantristas se inclinan generalmente al secreto.  Las ideas ocultistas y esotéricas deben haber circulado largo tiempo en pequeños grupos de iniciados antes de salir a la luz del día.  Como un sistema de pensamiento más o menos público, el Tantra adquiró fuerza después del año 500 ó 600 de nuestra era. Sin embargo sus comienzos se remontan a los principios de la historia humana, cuando la sociedad agrícola estaba empapada de magia y brujería, de sacrificios humanos y el culto a la diosa madre, de ritos de fertilidad y deidades etónicas.  El Tantra no es realmente una creación nueva, sino el resultado de la absorción de creencias primitivas en la tradición literaria, y de su mezcla con la filosofía budista.  La literatura tántrica del budismo es muy abundante, y en gran parte inexplorada.  Se ha traducido relativamente poco, y el lenguaje de los textos es difícil y oscuro, frecuentemente en forma intencionada.  Al igual que los indios, los budistas distinguen un Tantra “de la mano derecha” y otro “de la mano izquierda”.  En el hinduísmo los dos grupos se distinguen por el hecho de que los “observadores de la mano derecha” (dakshinacarins) dan mayor importancia al principio masculino en el universo, y los “observadores de la mano izquierda” (vamacarins) al principio femenino. En el budismo, la diferencia entre los dos radica sobre todo en su actitud frente al sexo.  Conviene reservar el término “shaktismo” para el Tantra de la mano izquierda.  El shaktismo indio esá asociado con el shivaísmo. Efectivamente, las doctrinas Shaiva tuvieron una gran influencia en el shaktismo budista: Una Shakti es la energía creadora o “potencia” de una divinidad, personificada como su esposa o consorte…

 

El Budismo. Su esencia y desarrollo. Edward Conze; FCE, 1978

 

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