mitología japonesa: una introducción…

16 Ene

 

antiguos dioses, bellas historias...

 

 

Cuando los antepasados de los japoneses se instalaron en el archipiélago, procedentes, como se cree probable, de Corea, encontraron en él a los ainos, población con la que entraron en guerra y a la que rechazaron  hacia el Norte, mientras que en las islas del Sur, especialmente en Kiu-su, tropezaron con diversas tribus, a las que sometieron y lograron asimilar. Cada una de las tribus tenía su jefe, que, como veremos más adelante, era frecuentemente una mujer, hecho que sorprendió a los chinos cuando, a comienzos de la era cristiana, entraron en relaciones con el Japón. El Japón, además de su contacto con China, se relacionó con Corea, y esta vinculación primitiva ejerció sin duda influencia sobre el espíritu de su pueblo y dejó también huellas visibles en sus relatos mitológicos.  Las tribus del Sur, con su género de vida marítimo, contribuyeron también a la constitución de la mitología japonesa, y lo mismo puede decirse de las tradiciones locales de las distintas regiones.

Este encabalgamiento de mitos locales, amalgamados con leyendas extranjeras, es lo que constituye la mitología en la forma en que nos la transmiten los textos, por lo cual es tan delicado su estudio. La dificultad es tanto mayor cuanto que los relatos míticos, por estar estrechamente ligados a los orígenes de la familia imperial de Japón, no deben ser criticados o explicados de una forma demasiado racionalista por los estudiosos del país. Estos mitos se han conservado por tradición oral gracias a la corporación de los Katari-be, o “recitadores”, cuya función consistía en declamar las antiguas leyendas durante las grandes fiestas sintoístas. Los autores japoneses creen que este cuerpo de recitadores estaba en estrecha conexión con los sacerdotes y sacerdotisas, que, poseídos por los espíritus divinos, narraban durante la ceremonia religiosa las remotas leyendas referentes a los dioses, la tribu o el territorio.

Los Katari-be debieron de cantar sus canciones en los banquetes de la corte imperial o de las familias más importantes del país. Estos poemas narraban, sin duda, el origen de los dioses y de los antepasados. A principios del siglo VIII tales relatos fueron utilizados para compilar antiguas historias del Japón. Las relaciones del Japón con China y Corea quedaron establecidas a comienzos de nuestra era. También sabemos que la ciencia china, así como su escritura, fue introducida oficialmente en el año 405, cuando, desde Corea, llegó al país el sabio Wani. El budismo entró en 522, y, después de algunas vicisitudes, se convirtió en la religión del Estado: el emperador Yomei (585-587) fue el primer soberano que abrazó estas creencias “extranjeras”. En 592 subió al trono la emperatriz Suiko, y un ferviente budista, el príncipe Shotoku, ocupó la regencia. Las costumbres extrañas fueron penetrando de tal modo en la vida japonesa, que, según se dice, durante una ceremonia sintoísta los descendientes de los coreanos pronunciaron unas palabras en chino. Desde luego, es lógico suponer que los eruditos que compusieron la historia del Japón y los escribas que tenían por misión escribirla en chino, sufrieron el influjo de su educación y modificaron y embellecieron las antiguas tradiciones de conformidad con las ideas chinas.

Entre las fuentes escritas hay que mencionar, en primer lugar, el Kojiki (“Libro de las cosas antiguas o de las viejas palabras”). Advirtiendo el emperador Temmu (672-686) que las antiguas familias, enfrentadas unas con otras, modificaban las remotas tradiciones para establecer mejor sus derechos y privilegios, y que tales deformaciones significaban un grave peligro para la propia familia reinante, encargó a una comisión, en el año 681, que escribiera los viejos usos y tradiciones; pero a su muerte se interrumpió el trabajo. Asimismo ordenó a una de sus sirvientas, Hieda-no-Are, dotada de portentosa memoria, que retuviese en su mente, todas las leyendas antiguas. En 711, la emperatriz Gemmyo (707-715) confió a O-no-Yasumaro el encargo de recopilar los relatos de Hieda-no-Are, proceder luego a una selección de los mismos y redactar las viejas tradiciones, dándoles forma de libro. La tarea terminó al año siguiente, y, con el nombre de Kojiki, fue presentado el trabajo a la emperatriz. El Kojiki fue compuesto para fijar de modo definitivo y colocándolos por encima de toda controversia, la genealogía imperial por una parte, y, por otra, el legendario sintoísta, fuente del ritual y fundamento del Estado. En una palabra, se trataba menos de escribir una historia que de establecer una ortodoxia…

 

Mitología General. Bajo la dirección de Félix Guirand; Editorial Labor, 1965

 

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2 comentarios to “mitología japonesa: una introducción…”

  1. Azul Ixcuintla 17 enero, 2011 a 15:00 #

    Hola! siempre he sido fan de las costumbres y tradiciones del país del sol naciente! tanto que ahora mismo estoy aprendiendo el idioma, por lo que ha sido una agradable ayuda esta introducción a la mitología japonesa 🙂

    Saludos desde la Comunidad PTB

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    • lasecretariadelmarques 18 enero, 2011 a 15:01 #

      ¡Hola, Azul!. Tanto tiempo…ojalá hayas comenzado de diez tu 2011. Y ya “me avisaron” (la secre, obvio), que habrá más entregas…¡atenta!

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