mitología japonesa: II y ¡un regalo para Azul!

19 Ene

 

La misma emperatriz Gemmyo (707-715) dió también orden, en 714, de redactar una historia nacional. Cinco años más tarde, bajo el reinado de la emperatriz Genshô (715-726), el príncipe Toneri y O-no-Yasumaro compilaron  en lengua china los anales del Japón, Nohonshoki (llamado también Nihongi), que presentaron a la emperatriz en el año 720. La primera parte de estos anales, titulada Jindaiki, “libros consagrados a las generaciones divinas”, relata las leyendas mitológicas con las distintas variantes que existían en la época. En 807, Imibe no Hironari compuso y presentó al trono el Kogoshûi (florilegio de antiguas sentencias), a fin de protestar contra los perjuicios que la familia Nakatomi causaba a la Imibe en lo referente al protocolo de los servicios religiosos. Hironari alegó varios mitos para confirmar que su familia consevaba fielmente las tradiciones antiguas, y que, por lo tanto, debía preceder a la de los Nakatomi. Estos mitos son idénticos a los recopilados en el Nihonshoki y en el Kojikji.

A este respecto, también se encuentran relatos mitológicos y datos de interés en las oraciones litúrgicas norito, que figuran en el volumen VIII del Engishiki, ceremonial terminado en 927, que contiene una amplia información sobre cuestiones sintoístas. Según las costumbres chinas, el gobierno japonés, en 713, ordenó a las autoridades locales que procediesen a una descripción detallada de su provincia. Estas monografías, denominadas Fudoki, desaparecieron en su mayor parte, y subsistieron sólo cinco de ellas con algunos fragmentos de las restantes. Constituyen una preciosa fuente, ya que nos da a conocer las tradiciones locales, de inestimable interés para la comprensión de los antiguos mitos. Asimismo, encontraremos relatos mitológicos en la primera antología de poesías japonesas, Manyoshû, importante compilación del siglo VIII. En las genealogías de la antigua nobleza, Shojiroku, compuestas en 814, hallamos también vestigios de viejas tradiciones.

A estas fuentes escritas hay que agregar los estudios sobre el folklore japonés, ganando los antiguos relatos, por este medio, en claridad, gracias al gran número de publicaciones que fueron apareciendo a lo largo del siglo XX relativos a las tradiciones locales. Los estudios concernientes al folklore de las Islas Riukiu contituyen una señalada aportación para comprender el papel de la mujer en las viejas tradiciones (N. Matsumoto, L’état actuel des études de folklore au Japan, pg., 228, Nº 10, Japan et Extrême Orient, París, 1924). Estos estudios resultan especialmente interesantes para la historia primitiva del Japón, porque el Sinto oficial ha sido influído, en el curso del tiempo, por ideas extranjeras, lo cual ha sido causa de que se hayan introducido en él ciertas modificaciones.

Los japoneses divinizaron las fuerzas de la naturaleza porque estimaron su poder muy superior al suyo propio, y le rindieron culto con el nombre de Kami. Las montañas elevadas, los árboles añosos y robustos, los mismos ríos, eran para ellos Kami, ni más ni menos que los hombres. La palabra Kami significa “seres colocados en lo alto” los cuales son venerados, aunque no se trata de un equivalente a nuestro concepto “dioses”. Con frecuencia, estos Kamis se caracterizan con el epíteto “chi-hayaburu”, que puede traducirse como “poderoso”…

 

Mitología General. Publicada bajo la dirección de Félix Guirand. Ed. Labor, 1965

 

fina estampa...

 

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