cultos en la antigua persia: IV

7 May

Mitra y los toros del sacrificio

El Mitraísmo

El origen de este culto se remonta al Mitra de los arios, transformado por influencias de diverso orden. Con el nombre ΜÍΤΡÁ, Heródoto cita una diosa celeste.  En persa, mihr significa “sol”.  Probablemente, nada tiene que ver con el antiguo dios de los contratos, común a la India y al Irán. Sin embargo, la dualidad Mitra-Ahura del Avesta, tiene su éplica en el par Mitra-Varuna del Veda.  Según P. Alfaric, el Mitra del mitraísmo sería una especie de divinidad conciliadora entre el Ahura Mazdâ y el Angra Mainyu de Zoroastro, pues el tiempo, definido por las revoluciones solares, es el que regula la alternación de luz y tinieblas.


El arte helenístico popularizó la escena de la inmolación de un toro por Mitra en el interior de una cueva, donde se reunían los iniciados.  El dios, que aparece tocado con un gorro frigio, efectúa en esta ocasión uno de los ritos de fecundidad de la Naturaleza, como lo atestiguan los vegetales de toda especie que pululan en torno a la herida por la que mana la sangre de la víctima.  Si bien este mitraísmo se encuentra muy lejos del mazdeísmo zoroátrico, tiene de común con él, no obstante, sus dos ideas esenciales: un ansia ardorosa de pureza moral, que se alcanza y conserva gracias a una actitud militante cual la de un “soldado” de la fe -circunstancia que explica el favor de que gozó el culto entre las legiones romanas-, y una veneración de la luz, pues el único principio “invicto”, o sea, absoluto, es el Sol (sol invictus).


La figura del toro es omnipresente en la mitología irania, al punto que ya el mito de origen de la Humanidad cuenta que el primer hombre (Gayomart) y el primer toro (Goch) fueron las primitivas criaturas, de las que deriva toda vida.  Esta pareja mixta de hombre y animal representa la supervivencia de ciertas nociones arcaicas, según las cuales todo emanaba de la inmolación de una víctima por un sacrificador primordial. Un vestigio de esta creencia lo conservó la India, a su modo, en un rito cosmogónico, y el toro del mitraísmo es otra muestra de ello. La muerte de Goch y de Gayomart fue obra de Ahrimán.  De la simiente de Gayomart, que permaneció cuarenta años bajo tierra, nació la primera pareja humana. Machya y Machyoi… Y Ormazd les dijo: “Hombres sois, y dueños del mundo. Os he creado los primeros en la perfección del pensamiento. Pensad el bien, proclamad el bien, haced el bien. Y no adoréis a los Daevas”.



Mitología General. Dir. Félix Guirand.  Ed. Labor; Barcelona, 1965

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