La revolución agrícola en la alta edad media: II

29 May

 

 

La rotación de tres campos

el mejoramiento de la nutrición

Tecnología medieval y cambio social

*Ed. Paidós; Buenos Aires, 1973*

Lynn White (h)

 

 

    Escenas de la Vendimia

 

 El sistema de rotación de las cosechas en tres campos ha sido calificado como «la más destacada novedad agrícola de la Edad Media en Europa Occidental».  Aparece bruscamente a fines del siglo VIII; el primer testimonio seguro de esa innovación puede fecharse en el año 763, el siguiente en el 783, y el tercero en el 800. De ahí en adelante las pruebas son tan frecuentes, que los historiadores fieles al dogma de que nada en la vida rural puede cambiar rápidamente se vieron forzados a creer que el sistema de los tres campos era un invento muy anterior, que de algún modo logró eludir toda constancia en documentos. Pero parecería que el propio Carlomagno  consideró el nuevo esquema del año agrícola -ya adoptado en los solares imperiales, si nos es lícito opinar así, basados en la capitulas De villis, como algo tan novedoso y significativo que se sintió impulsado, según ya lo mencionamos, a rebautizar los meses en función de este esquema.  En épocas anteriores las tierras se araban en Octubre o Noviembre para la cosecha de invierno, y la siega se hacía en Junio o en Julio.  Pero de acuerdo con la nueva nomenclatura de Carlomagno, Junio, el mes en que se ara el barbecho, es el «Mes de la arada»; y Agosto, el «Mes de la cosecha». Si tanta fue la propaganda que hizo el Emperador de una novedad agrícola, cabe suponer que él la consideraba de primordial importancia para su reino.  No había nada similar a la rotación de tres campos en la época de los romanos. Plinio refiere que cierta vez el pueblo de Tréveris sembró granos en marzo después de haberse echado a perder la cosecha de invierno; pero esto se narra como un episodio muy raro, y no existe indicación alguna de que se hubiese repetido. En realidad, Plinio tiene conocimiento de que ciertos productos se cosechan en verano y deben sembrarse en primavera, pero la misma lista de esos productos -mijo, panizo, ajonjolí, salvia, berro de invierno (todos los cuales, observa, se cultivan en invierno en Grecia y Asia, pero no en Italia), lentejas, garbanzos-, comparada con su lista de productos cosechados en invierno -trigo, espelta, cebada, habas, nabos y nabas-, demuestra la escasa importancia que tenía la siembra de primavera. Menciona también el mismo autor que Virgilio había recomendado sembrar habas en primavera, como se hacía en los alrededores de Padua, pero Plinio considera habitual sembrarlas en otoño.  Los guisantes, en cambio, se siembran durante la primavera en Italia y otros climas más fríos.  Si bien tanto Plinio como los agrónomos romanos sabían perfectamente que las legumbres enriquecen el suelo, al parecer no existía un sistema regular y habitual de alternar esos cultivos con los de cereales. Anticipos mucho más significativos de la rotación trienal se encuentran en el lejano Norte. Un paleobotánico danés, partiendo del análisis de polen, ha llegado a la conclusión de que la primitiva agricultura de la región báltica se limita a la siembra de primavera, y que la arda y la siembra de otoño en esa zona fueron una innovación medieval bastante tardía. Hecateo, que escribió en el siglo VI a.C. nos informa que en Bretaña se recogían anualmente dos cosechas. Applebaum ha hecho notar que el cereal más importante en el Norte durante la Edad de Bronce era la cebada, la cual en la Edad Media y en épocas más recientes fue por lo común un cultivo de primavera en los climas septentrionales; sugiere este autor que el cambio de clima registrado más o menos hacia el año 500 a.C. puede muy bien haber inducido a concentrarse en las siembras de invierno, aunque con algunos vestigios de siembras de primavera en determinadas zonas. Parece probable, entonces, que mientras los ejércitos carolingios penetraban en la Germania bárbara, mientras San Bonifacio y sus legiones benedictinas reemplazaban los templos paganos por catedrales y claustros, y mientras los teutones y latinos empezaban a fusionar sus inteligencias para forjar una nueva cultura europea, en ese mismo momento las siembras de primavera en la región del Báltico y del Mar del Norte se acoplaban con los siembras de otoño en el Mediterráneo para dar origen a un nuevo sistema agrícola mucho más productivo que cualquiera de sus dos progenitores. ¿Cómo funcionaba el sistema de los tres campos, a diferencia de la más antigua rotación de dos campos que se practicaba en el Mediterráneo?. Donde regía el plan de dos campos, más o menos en la mitad de un terreno se sembraban productos de invierno, en tanto que la otra mitad se dejaba en barbecho. Al año siguiente se cambiaban simplemente las funciones de uno y otro campo.  Donde regía el plan de los tres campos, la tierra labrantía se dividía aproximadamente en tercios. En una sección se sembraba durante el otoño trigo de invierno o centeno. En la primavera siguiente se sembraban, en el segundo campo, avena, cebada, guisantes, garbanzos, lentejas o habas. El tercer campo se dejaba en barbecho. Al año siguiente, en el primer campo se sembraban cultivos de verano, el segundo campo se dejaba en barbecho y en el tercero se sembraban granos de invierno.  En los siglos VIII, IX y X se hacían solamente tres aradas durante el ciclo total de tres años: el campo de invierno, en Octubre o Noviembre; el campo de verano, en Marzo, o sea cuando la tierra comenzaba a calentarse; el barbecho, hacia fines de Junio. De ese modo, en aquel período primitivo, de un solar de 600 acres en el que ese aplicase el sistema de dos campos se araban los 600 acres y se contaba con 300 acres para cultivos, mientras que los mismos 600 acres, si se aplicaba el sistema de tres campos, permitían disponer de 400 acres para cultivos con una misma arada, lo cual significaba un incremento de un tercio.  Pero hacia el siglo XII, a más tardar, tanto en el sistema de dos campos como en el de tres se había comprobado la ventaja de arar dos veces la tierra en barbecho, a fin de impedir el crecimiento de malezas y mejorar la fertilidad. Este cambio acrecentó aún más la ventaja de la rotación trienal. Los campesinos que trabajaban 600 acres aplicando el plan de dos campos, y que araban el barbecho dos veces, ararían anualmente 300+600=900 acres, para contar con 300 acres de cultivos. Si trabajaban 600 acres con el sistema de tres campos, suponiendo también una doble arada del barbecho, ararían por año solamente 200+200+400=800 acres, para contar con 400 acres de cultivos. Partiendo de la base de 600 acres, el incremento de la producción al adoptarse la nueva rotación seguiría siendo únicamente de un tercio. Pero puesto que el cambio implicaba 100 acres menos de arada por año, podían agregar sin trabajo adicional 75 acres arados así: 25+25+50, si mediante trabajos de recuperación del suelo era posible contar con esa cantidad de terreno. Los mismos campesinos trabajarían así no 600 sino 675 acres (450 de cultivos), y la ventaja en cuanto a producción, comparada con el sistema de rotación de dos campos, sería del 50 por ciento. La difusión del sistema trienal dio entonces gran impulso a la roza: se talaron bosques, se desecaron pantanos, los diques rescataron tierras ganadas al mar. El nuevo plan de rotación, en consecuencia, brindaba varias ventajas. En primer lugar, como acabamos de indicarlo, aumentó en un octavo la superficie que un campesino podía cultivar e incrementó su productividad en un 50 por ciento. Segundo, el nuevo plan distribuyó más uniformemente a los largo del año los trabajos de la arada, siembra y recolección, aumentando así el rendimiento de la labor. En tercer lugar, redujo considerablemente la probabilidad de hambruna al diversificar los cultivos y al someterlos a diferentes condiciones de germinación, crecimiento y siega. Pero la cuarta ventaja, acaso la más significativa, consistió en que la siembra de primavera, aspecto esencial de la nueva rotación, multiplicó sensiblemente la producción de ciertos cultivos que revestían especial importancia.  La avena llegó a Europa dese Asia Menor en tiempos prehistóricos, probablemente bajo la forma de una hierba que acompañaba al trigo; pero los romanos no la cultivaron. La avena es el mejor alimento para los caballos. El buey es una máquina de combustión de pastos; el caballo es una máquina mucho más eficiente de combustión de avena. Los campesinos de Europa meridional no podían elegir entre buey y caballo como bestia para el arado, debido a que su rotación bienal no les permitía contar con un excedente suficiente de granos como para mantener muchos caballos. Como consecuencia de su sistema rotacional, y puesto que la avena era uno de los principales cultivos de primavera, los campesinos del Norte contaban con la cantidad y la calidad de excedentes de alimentos necesarios para los caballos. Hacia fines de la Edad Media parece existir una clara correlación entre la rotación trienal y la utilización del caballo en la agricultura.  El lapso de 300 años de demora entre la llegada del arnés moderno y la generalización del uso del caballo para fines no militares tal vez pueda explicarse por las dificultades prácticas que debía afrontar una aldea para pasar de la rotación bienal a la trienal…

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