tecnología medieval y cambio social: movimiento perpetuo

30 may
 
  El motor perpetuo, de Villard de Honnecourt

 

 El concepto de una tecnología de la energía

 

 

¿Sabían los técnicos de la Baja Edad Media lo que hacían?. Evidentemente se realizó un esfuerzo vigoroso y hasta temerario en procura de la innovación; pero ¿se trataba de un esfuerzo orientado por otros conceptos más amplios?.  El síntoma de la aparición de una consciente y general ansiedad por dominar la energía natural y aplicarla a fines humanos es la entusiasta adopción por la Europa del siglo XIII de una idea que se había originado en la India del siglo XII:  el movimiento perpetuo.  Más o menos en 1150 el gran astrónomo y matemático hindú Bhaskara dice en su Siddhanta siromani:  “Haz una rueda de madera liviana y pon en su circunferencia varillas huecas que tengan todas ellas perforaciones del mismo diámetro, y procura que estén colocadas a igual distancia una de otra; y haz también que todas estén puestas en un ángulo que se acerque un tanto a la perpendicular; luego llena de mercurio hasta la mitad esas varillas huecas: la rueda así preparada, si se la pone sobre un eje sostenido por dos postes, girará por sí misma”.  Y también dice:   “O bien cava una canaleta en la llanta de una rueda; después, pegando con cera hojas del árbol tála sobre la canaleta, llena la mitad de ésta con agua y la otra mitad con mercurio hasta que el agua empiece a salir, y entonces cierra herméticamente el orificio que quedó abierto para llenar la rueda. Esta rueda girará entonces por sí misma, impulsada en su rotación por el agua”.  En la India la idea del movimiento perpetuo armonizaba plenamente con el concepto indio de la naturaleza cíclica y de suyo perpetua de todas las cosas, y tal vez tenía sus raíces en este concepto. Casi inmediatamente fue recogida por el Islam, donde contribuyó a dar mayor vuelo a la tradición de los autómatas.  Un tratado árabe de fecha incierta, pero cuyos manuscritos parecen vincularse con las obras de Ridwan -año 1200, aproximadamente-, contiene seis perpetua mobilia, todos accionados por la fuerza gravitacional. Uno de ellos es idéntico a la rueda de mercurio de Bhaskara con varillas inclinadas, en tanto que otros dos son idénticos a los dos primeros dispositivos de movimiento perpetuo que aparecieron en Europa hacia el año 1235: las ruedas de martillos oscilantes, de Villard de Honnecourt.  En una obra latina anónima de fines del siglo XIV encontramos una máquina de movimiento perpetuo muy parecida a la de la segunda idea de Bhaskara, la de una rueda con mercurio en la llanta. Además, un perpetuum mobile de varillas radiales articuladas que figuran en un tratado árabe reaparece alrededor del 1440 en el cuaderno de apuntes de Mariano di Jacopo Taccola.  Así pues, si bien no existen constancias de que esta colección árabe en particular fuese conocida en la Europa latina, podemos estar seguros de que hacia el 1200 el Islam sirvió de intermediario para la transmisión a Europa del concepto indio del movimiento perpetuo, así como por esa misma época se transmitió los números y las estimas de posición indios: el Liber abaci de Leonardo de Pisa apareció en 1202.  Para los indios el propio universo era una máquina en perpetuo movimiento y no había aparentemente nada de absurdo en la idea de un interminable y espontáneo flujo de energía. Bhaskara habla del sifón como si se tratase de un mecanismo de movimiento perpetuo, y su imitador europeo del siglo XIV insiste en que su rueda de mercurio está en movimiento perpetuo, aún cuando al hacer el experimento aplicó calor a la parte inferior de la rueda y sabía perfectamente que ésta giraba porque el calor hacía subir el mercurio. Un molino de viento instalado en una montaña donde las brisas son constantes y un molino hidráulico en un curso de agua que nunca se seca eran, para las mentes de la Edad Media, máquinas de movimiento perpetuo. Síntomas significativos de la idea del movimiento perpetuo en la Europa de fines de la Edad Media, en contraste con la India y el Islam, son las muestras del vivo y general interés por tal movimiento, los intentos por diversificar sus medios impulsores y el esfuerzo por conseguir que prestara alguna utilidad.  En el siglo XIII  Occidente admitía la existencia de dos fuerzas, la gravedad y el magnetismo, que operaban con una constancia no igualada por el viento ni por el agua. A su boceto de un perpetuum mobile gravitacional, Villard de Honnecourt agrega una nota:  “Mucho tiempo han disputado los maestros acerca de cómo lograr que una rueda gire por sí misma. He aquí cómo es posible hacerlo: o bien mediante martillos desiguales, o bien con mercurio”. ¿Podía dominarse de igual suerte el magnetismo?. Noticias de los años 1040-1044; 1089-93 y 1116 hacen referencia a que en China se utilizaba una aguja imantada para geomancia, mientras que en 1119 y 1122 los chinos la empleaban para la navegación.  En Europa la brújula aparece en De naturis rerum, de Alejandro Neckham, que circulaba ampliamente a fines del siglo XII, y en la Biblia de Guiot de Provins, compuesta entre 1203 y 1208. Hacia 1218, Jacques de Vitry consideraba que la brújula era un instrumento  “valde necessarius…navigantibus in mari”.  Alrededor del 1225 era de uso corriente aún en Islandia. No llegó a Occidente por conducto del Islam, sino más bien por tierra, principalmente como un instrumento astronómico para determinar el meridiano.  La primera referencia musulmana a la brújula corresponde a un relato persa del 1232-33. La más antigua mención árabe de ese instrumento aparece en 1282, pero se refiere explícitamente a un episodio de 1242-43 y habla de la brújula como de una novedad. Además la palabra árabe  “al-konbas”  revela que su uso llegó al Levante musulmás desde Occidente, probablemente desde Italia. Casi inmediatamente después de su introducción, la brújula empezó a estimular el pensamiento europeo respecto de la fuerza magnética. En su De universo creaturarum, escrito por los años 1231-36, el gran obispo de París  Guillermo de Auvernia utilizó la analogía de la inducción magnética para explicar el movimiento de las esferas celestes. En 1269, en su trascendental Epistola de magnete, piedra angular de toda obra posterior sobre el magnetismo, el ingeniero militar Pedro de Maricourt, a quien Roger Bacon consideraba el más grande sabio de su época, presenta el diseño de una máquina magnética de movimiento perpetuo, e incidentalmente confirma el testimonio de Villard del interés general por estas cuestiones, agregando: “He visto a muchos hombres fatigarse torpemente en repetidos esfuerzos por inventar una rueda de este tipo”.  Tales son las raíces de las ideas del siglo XIV sobre los molinos accionados por la fuerza magnética. Pero hacia el 1260, aproximadamente, Pedro ya había estado cavilando acerca de un segundo perpetuum mobile, hecho doblemente significativo porque, a diferencia de su rueda magnética, estaba destinado a prestar utilidad…

 

 

Tecnología medieval y cambio social. Lynn White (h). Ed. Paidós, 1973.

About these ads

Gracias

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

%d personas les gusta esto: