la exploración medieval de la energía y los dispositivos mecánicos

6 Jun

 

 

Tecnología medieval y cambio social

Lynn White (h)

Editorial Paidos; Buenos Aires, 1973 

 

  

 La Baja Edad Media, que abarca, grosso modo desde el año 1000 d.C  hasta fines del siglo XV señala el período de evolución decisiva en la historia de los esfuerzos encaminados a aplicar mecánicamente a usos humanos las fuerzas de la naturaleza. Lo que hasta entonces había sido un tanteo empírico se convirtió con creciente rapidez en un problema deliberado y general, tendiente a dominar y encauzar las energías observables en torno del hombre. La tecnología mecánica que economiza mano de obra y que ha sido una de las características distintivas de Occidente en los tiempos modernos responde no sólo a una transformación de la actitud del hombre medieval frente a la explotación de la naturaleza, sino también, en gran medida, a determinadas conquistas logradas por el hombre en la Edad Media. El famoso pasaje de Descartes, casi al final de su Discours de la Méthode (1637) donde dice que  “podemos poseer una ciencia práctica con la cual, si conociéramos la fuerza y las acciones del fuego, del agua, del aire, de las estrellas, de los cielos y de todos los demás cuerpos que nos rodean -con la misma precisión con que conocemos los diversos oficios de los artesanos-, podríamos aplicarlas de igual manera a todos los usos que les son propios y convertirnos así en amos y poseedores de la naturaleza”, no expresaba una posición novedosa. Por el contrrrio, enunciaba un programa que ya había predominado en las ambiciones de muchas generaciones de “ingenieros” y que desde largo tiempo atrás producía notables resultados.

LA FUENTE DE ENERGÍA

Puesto que en la época helenística no sólo se inventó la leva, sino también el mecanismo de transmisión en sus tres formas fundamentales -estrella, corona y tornillo sin fin-, y en el siglo I a.C se fabricaban engranajes muy complicados, es extraño que los ingeniosos técnicos de entonces no hubiesen avanzado más en la explotación de fuentes de energía. No parece que el juguete de Herón de Alejandría en forma de turbina de reacción a vapor y su pequeño y un tanto dudoso molino de viento hayan ejercido influencia alguna sobre la tecnología hasta la época del Renacimiento. Sin embargo, las décadas turbulentas durante las cuales Roma extendió su imperio sobre el Levante se singularizaron por una conquista mucho más perdurable que la Pax Romana: los comienzos del control de la energía hidráulica. Un papiro del siglo II a.C. habla de una noria o rueda de irrigación automática en Egipto, en tanto que hacia el año 18 a.C Estrabón menciona la existencia de un molino de granos accionado hidráulicamente, en el palacio que Mitríades, rey del Ponto, había terminado en el 63 a.C.  Antípater, contemporáneo de Estrabón, ensalza el molino hidráulico, que libera de penosas faenas a los esclavos. Indudablemente, las primitivas ruedas hidráulicas eran horizontales y giraban sobre un eje vertical fijo en la muela. Vitrubio, empero, a quienes comúnmente se lo sitúa a fines del siglo I antes de Cristo, da instrucciones para la construcción de una rueda hidráulica vertical de admisión inferior, lo cual supone engranajes que conectaban el eje horizontal de la rueda con el eje vertical de las muelas. Como esos engranajes permiten una velocidad de rotación mucho mayor en las piedras que en la rueda, el molino de Vitrubio es la primera gran conquista en el diseño de maquinarias de fuerza motriz continua. Es probable que en su origen la rueda hidráulica horizontal haya sido un invento de los bárbaros. En excavaciones escrupulosamente cuidadosas de dos represas de Jutlandia, una de las cuales se remonta a la época de Jesucristo y la otra es muy poco posterior, la configuración de los depósitos de cieno sólo ha podido ser explicada pensando en los molinos de eje vertical. Además, en el año 31 de nuestra era aparece en China una rueda hidráulica horizontal, similar a la anterior; ésta hacía girar un eje vertical con una muela en la parte superior, la cual, mediante una espiga excéntrica y una cuerda, ponía en movimiento los fuelles de un horno para fundir hierro. La aparición casi simultánea de esta primera máquina de fuerza motriz en regiones tan alejadas entre sí como el Mediterráneo, Dinamarca septentrional y China, prueba su difusión desde algún centro aún desconocido, presumiblemente ubicado en el Norte y el Este del Imperio Romano. En realidad, aún el llamado molino de Vitrubio pudo haber llegado al Mediterráneo desde otras partes. En el transcurso del siglo posterior a Vitrubio se conocía en China un mecanismo de martinete accionado hidráulicamente y utilizado para moler arroz. Los martinetes pueden funcionar mediante un eje vertical provisto de aletas helicoidales, pero con certeza la primera máquina de este tipo aparece en Francia en 1578, y ninguna clase de mecanismo de rosca llegó jamás a China antes de los tiempos modernos. Por consiguiente, debemos inferir que aquellos martinetes chinos eran puestos en movimiento mediante levas fijas en el eje horizontal de una rueda hidráulica vertical. La difusión desde Roma a China de tan novedoso y complejo dispositivo como la rueda hidráulica vertical, en las dos o tres generaciones transcurridas entre la época de Vitrubio y la del Hou Han-shu es tan improbable que debemos buscar algún todavía misterioso punto intermedio de irradiación. No obstante, a pesar de la utilidad potencial de la rueda hidráulica y del hecho de que la aún más poderosa rueda hidráulica de admisión superior fuese conocida en el Mediterráneo tal vez hacia el siglo IV y sin duda ninguna en el V, ni Roma ni China dieron muestras de imaginación tratando de aplicarlas a procesos industriales. El único indicio de que quizás haya sido utilizada por los romanos para algo que no fuese moler granos, se encuentra en el Mosella de Ausonio, escrito presuntamente alrededor del 369 de nuestra era, donde se habla del estridente ruido de las sierras hidráulicas que cortaban mármol en las orillas del Ruwar, tributario del Mosela. El que no se conozca ninguna otra sierra hidráulica hasta la época del cuaderno de apuntes de Villard de Honnecourt, que data aproximadamente del 1235, no haría más que poner de relieve la pobreza de nuestras fuentes para la historia primitiva de la tecnología, si no fuera por otras enredadas ciscunstancias que rodean el Mosella…

 

 

Motor de Mariano di Yacopo de Cione

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