Loki

16 Jun

Loki y Sigyn (1863; Mårten Eskil Winge)

 No puede afirmarse que Loki sea uno de los dioses más antiguos del panteón germánico, pero sí que su nombre aparece en las leyendas escandinavas con igual o mayor frecuencia que los de Odin o Thor. Verosímilmente, fue considerado al principio como una divinidad de carácter benéfico, pero poco a poco se le dio el carácter de demonio principal aplicado casi siempre a actividades perversas. En una palabra, es una especie de “enfant terrible” de los dioses: comparte su vida, y, llegado el caso, les prodiga ayuda solícita, lo cual no significa que deje de aprovechar ningún momento para socavar su poder, hasta el punto de que gracias a él serán aniquilados. Por eso es necesario que nos extendamos acerca de su personalidad, para tratar en momento oportuno, con conocimiento de causa, del “Crepúsculo de los dioses”. Por otra parte, Loki es una creación de los poetas escandinavos, sin que tenga nada que ver con la tradición común del conjunto del pueblo germano. Conocemos sus aventuras especialmente por los poemas de los escaldas, en los siglos IX y X.  Loki fue considerado primeramente como un genio del fuego, y su nombre se suele vincular con una raíz germánica que significa llama. El nombre de su padre es Farbauti, “el que enciende el fuego a golpes”, y el de su madre, Laufey, “la isla boscosa”, que proporciona la materia para encender el fuego. Ciertas locuciones populares, de uso corriente todavía hoy en los países escandinavos, asocian con frecuencia su nombre a fenómenos en los que el fuego tiene una parte destacada. Así, por ejemplo, se dice en Noruega que Loki pega a sus hijos cuando se oye el chisporroteo del fuego en el hogar. Este antiguo geniecillo fue adquiriendo poco a poco prestancia y dignidad, y así, lo vemos en las leyendas en que tiene asignado un papel, equiparado a uno de los Ases. En el origen de los tiempos cambió con Odín juramentos de amistad, que, consagrados por ciertas prácticas rituales corrientes entre los germanos, convirtieron a ambas divinidades en “seres hermanados por la sangre”. Loki tiene buena presencia, es de natural cautivador y muy solícito para con las diosas, quienes apenas se le resisten. Además, brilla en sus ojos un no se qué de diabólico, lo cual, unido al hecho de que sus leyendas son más bien tardías, permite pensar que le fueron asignados, probablemente rasgos de los que la tradición cristiana de la Edad Media se sirvió para caracterizar al diablo. Ya es conocido cómo contribuyó Loki a que Thor pudiese recobrar su martillo mágico, que le robó el gigante Thrym. Pero no siempre dio muestras de un carácter tan servicial, sobre todo cuando su interés entraba en juego, como lo demuestra la traición de que hizo víctima a Thor. Un día pidió prestado a la diosa Freyja su vestido de plumas de halcón, y con él salió volando por los aires hasta posarse en lo alto de la residencia del gigante Geirroed. Al ver éste un ave tan curiosa, dispuso que fuese capturada y enjaulada, y Loki quedó prisionero de Geirroed por espacio de tres meses, durante los cuales lo privó de todo alimento. Transcurrido este plazo, Geirroed ordenó que el animal fuese llevado a su presencia, y sólo entonces se resolvió Loki a descubrir su personalidad, suplicando al gigante que lo dijase en libertad. Pero Geirroed puso como condición, para complacerlo, que Loki se comprometiese a entregarle al más poderoso de todos los Ases, a Thor, añadiendo que éste no debía conservar los atributos que lo hacían invencible, o sea, que tenía que abandonar su martillo, sus guantes de hierro y su cinturón, que lo dotaba de fuerza sobrenatural. Loki aceptó estas condiciones, y le pareció muy natural hacer traición a uno de los Ases con tal de ponerse a sí mismo a salvo. Ya en libertad, se encaminó a Asgard, donde, a fuerza de brillantes discursos y promesas ilusorias, movió a Thor a trasladarse al palacio de Geirroed, dejando en su morada el martillo, los guantes y el cinturón, sin los cuales estaba irremisiblemente perdido. Pero quiso la suerte que se encontrase con un gigante femenino, la benéfica Grid, que se consagró enteramente a su persona, y con la que engenndró al Ase Vidar. Advirtióle Grid del peligro que corría al presentarse de aquel modo a la cita del astuto Geirroed, y le ofreció sus propios guantes, su cinturón y su bastón mágico. Con aquellos talismanes, Thor consiguió desbaratar las insidias que tramara contra él el gigante, al que acabó por dar muerte, así como a su cuadrilla…

 
 
 
 
Mitología General, dirigida por Félix Guirand. Ed. Labor, Barcelona, 1965
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