el Ch’an: II

4 Jul
 
 
blanco, negro, vacío…
 
 
 
 
Los rasgos específicos del  budismo Ch’an se pueden agrupar en cuatro categorías:
1) Los aspectos tradicionales del budismo se consideran con hostilidad. Imagenes y escrituras son despreciadas, las convenciones son ridiculizadas por medio de deliberadas excentricidades. El Ch’an muestra un espíritu de empirismo radical, muy semejante al de la Royal Society de Inglaterra en el siglo XVII. Ahí también el lema era: “No pienses, inténtalo” y “No tiene comercio con los libros más que para saber qué experimentos se han intentado antes” (Sprat). El Ch’an buscaba la trasmisión directa de la budeidad fuera de la tradición escrita. El estudio de las escrituras, por tanto, se descuidaba. En los monasterios, se las coloca para servir de referencia ocasional muy cerca del retrete. La discusión de comentarios, el examen de las Escrituras, la reflexión sobre palabras son considerados algo semejante a investigar la arena en el fondo del mar. “¿De qué sirve contar los tesoros de otra gente?”. “Ver la propia naturaleza de uno es Ch’an”. En comparación con eso, no importa nada más. Los historiadores han atribuído con frecuencia estas actitudes al aspecto práctico del carácter nacional chino. Esta no puede ser toda la verdad porque el antitradicionalismo invadió todo el mundo budista entre los años 500 y 1000, y el Tantra indio ofrece a este respecto muchos paralelos con el Ch’an.
 
 
2) El Ch’an es hostil a la especulación metafísica, opuesto a la teoría y empeñado en abolir el razonamiento. La visión directa se precia más que los elaborados tejidos de un pensamiento sutil. La verdad no se dice en términos abstractos y generales, sino tan concretamente como sea posible. Los maestros T’ang eran renombrados por sus sentencia oraculares y crípticas, y por sus actos curiosos y originales. La salvación se encuentra en las cosas odinarias de la vida cotidiana. Hsuan-chien fue iluminado cuando su maestro apagó una vela, otro al caerse un ladrillo, otro cuando se le rompió la pierna. Este no era un fenómeno totalmente nuevo. Los Salmos de los Hermanos y Salmos de las Hermanas, en pali, muestran que también en la Antigua Escuela de Sabiduría los incidentes triviales fácilmente podían provocar el despertar definitivo. Los maestros Ch’an muestran su desaprobación de la simple tradición con actos sorprendentes. Queman estatuas de madera del Buda, matan gatos, pescan camarones y peces. El maestro ayuda al discipulo no tanto por las palabras sabias que salen de su boca, sino por la “acción directa” de tirarle la nariz, golpearlo con el cayado, o gritarle. Los Koans, base y soporte de la meditación, consisten en adivinanzas y cuentos enigmáticos sobre los cuales uno debe pensar, hasta que el agotamiento intelectual lleva a una comprensión súbita de su significado. Una vez más, el Koan no es, como se dice con tanta frecuencia, una creación peculiar del genio chino. No es sino la forma china de una tendencia budista general que, al mismo tiempo, es claramente visible en Bengala, donde los Sahajiyas tántricos enseñaban por medio de adivinanzas y expresiones enigmáticas, en parte para cuidar los secretos de sus pensamientos, y en parte para evitar las abstracciones por medio de imagenes concretas.
 
 
3)  La iluminación súbita era el lema distintivo de la rama meridional del Ch’an. La iluminación, según Hui-neng y sus sucesores, no es un proceso gradual, sino instantáneo. La significación de esta enseñanza ha sido mantenida con frecuencia. Los maestros Ch’an no querían decir que no era necesaria ninguna preparación, y que la iluminación se alcanzaba en un tiempo muy corto. Simplemente insitían en la verdad mística común de que la iluminación ocurre en un “momento intemporal”, es decir, fuera del tiempo, en la eternidad, y que es un acto del Absoluto mismo, no algo hecho por nosotros. Uno no puede hacer nada para volverse iluminado. Esperar que las austeridades o la meditación produzcan la salvación es como “frotar un ladrillo para que se convierta en un espejo”. La  iluminación ocurre, simplemente, sin la mediación de ninguna condición o influencia finita, y es, podríamos decir, un acontecimiento totalmente “libre”. No es la acumulación gradual de mérito lo que causa la iluminación, sino un acto súbito de reconocimiento. En su esencia, toda esta enseñanza es impecablemente ortodoxa. La secta Ch’an se desvía de la ortodoxia sólo cuando saca la inferencia de que no se necesita seguir las prescripciones menores de la disciplina, y cultiva así una indiferencia moral que le permitió estar de acuerdo con las demandas del militarismo japonés.
 
 
4)  Como el amidismo, los Madhyamikas, y hasta cierto punto el Tantra, el Ch’an cree que la realización de la vida budista sólo puede encontrarse en su negación. El Buda está oculto en las cosas humildes de la vida cotidiana. Tomar esas cosas exactamente como vienen, a eso equivale la iluminación. “Por lo que se refiere a los seguidores del Ch’an, cuando ven un bastón simplemente lo llaman un bastón. Si quieren caminar, simplemente caminan; si quieren sentarse, simplemente se sientan. En ninguna circunstacia deben estar agitados y distraídos”. O bien: “¡Qué maravillosamente sobrenatural! ¡y qué milagroso es esto! ¡voy por agua, cargo leña! o bien:
 
En primavera las flores, y en otoño la luna,
en verano una brisa refrescante, y en invierno la nieve.
¿Qué otra cosa necesito?
Cada hora para mí es una hora de alegría.
 
 
 
 
 
 
El Budismo; su esencia y su desarrollo. E. Conze; FCE, México, 1978
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