Kumarajiva: los años difíciles

21 Oct

 

Al cabo de su año de estudios en Kashgar, Kumarajiva y su madre retornaron a su hogar, en Kucha. Allí, a los viente años, el joven concluyó su etapa de formación como novicio o shramanera, y recibió los ritos que lo convirtieron en un monje plenamente ordenado dentro de la Orden Budista.  Tiempo más tarde, su madre, apenada por la fortuna declinante del estado de Kucha, se separó de su hijo y partió en viaje hacia la India.  Sin duda, sabía que nunca volvería a verlo, y, en el momento de la despedida, lo instó a propagar las profundas enseñanzas de la doctrina Mahayana en la China, según nos cuenta Monjes Eminentes.  Sólo él sería capaz de llevar a cabo esta misión, le aconsejó, aunque no debía esperar ninguna recompensa personal por ello.  Al parecer, Kumarajiva replicó que el ideal del bodhisattva, para el budismo mahayana, exigía dejar de lado todo pensamiento en la seguridad o el beneficio personal y trabajar por la felicidad de los demás. Si él lograba difundir las enseñanzas del Mahayana por la China y dispersar la oscuridad y la ignorancia de la gente, aunque lo torturaran con hierros candentes, no tendría de qué lamentarse.  En vista del desarrollo que luego tuvieron los acontecimientos, fue bueno que Kumarajiva enfrentara el futuro con una postura tan abnegada y con tanta resignación.

 

La primera vez que Kumarajiva posó sus pies en suelo chino, tenía treinta y dos años (o treinta y tres, según Colección de registros sobre el Tripitaka).  El hecho se conserva, pues fue tomado prisionero por una autoridad militar y llevado a la China por la fuerza.  En ese entonces, la China se hallaba en período de secesión interna y de inestabilidad política.  La China septentrional estaba gobernada por una serie de dinastías transitorias fundadas por invasores no chinos, muchos de los cuales profesaban la religión budista.  Uno de los gobernantes más destacados entre ellos fue Fu Chien (338-385), tiránico tercer regente de una dinastía conocida como Ch’in temprana, quien, durante cierto lapso, controló todo el territorio septentrional de la China. Él puso en marcha los mecanismos que llevarían a Kumarajiva a este país.  En 379 d.C., con anterioridad, Fu Chien había consolidado su control sobre el territorio, y despachó ejércitos para capturar y atacar la ciudad de Hsiang-yang, en Hupei, donde residía el eminente monje budista Tao-an (314-385).  Persuadió a Tao-an y a su amigo literato Hsi Tso-ch’ih de que fuesen a Ch’ang-an, donde Fu Chien había emplazado su ciudad capital.  Allí, Tao-an se alojó en un templo llamado Wu-chung-ssu y pasó los años restantes de su vida brindando instrucción religiosa a miles de discípulos.  Además supervisó la traducción de obras budistas al chino.  Los monjes a quienes instruía y cuya labor guiaba luego serían sumamente útiles a Kumarajiva, en su propia tarea como traductor en Ch’ang-an.  En tal sentido, Tao-an sirvió para trazar los cimientos que sostendrían el trabajo de Kumarajiva.  Cuando el monje  Tao-an supo de la reputación de este joven, sugirió que lo persuadieran de trasladarse a la ciudad.  Fu Chien, complacido con la sugerencia, se dispuso a tomar medidas con su acostumbrada rudeza.  Despachó un líder militar llamdo Lü Kuang, para que marchase hacia el oeste y atacara el estado de Kucha, donde vivía Kumarajiva.  Esto sucedió en el 382 ó 383. Lü Kuang sometió Kucha, tomó prisionero a Kumarajiva y se encaminó hacia la China, cuando se enteró de que Fu Chien había sido apresado y asesinado por un cabecilla de la familia Yao, quien estableció la nueva dinastía Ch’in tardía. Lü Kuang, entonces, se declaró regente independiente y estableció, en la región de Liang-chou, hoy Kansu, un Estado conocido como “Liang tardío”.  Kumarajiva fue mantenido en cautiverio en la ciudad capital, Ku-tsang, y permaneció allí dieciseis años.

 

 

antiguo sello chino

 

 

En los registros de su trayectoria no se consigna claramente qué tipo de vida llevó Kumarajiva durante esos dieciseis años. Por eso, sólo nos cabe conjeturar. Al parecer, actuó como asesor militar de Lü Kuang, hombre bastante mezquino y malicioso. Cuando Lü Kuang siguió los consejos de Kumarajiva, obtuvo cierto éxito, aunque las más de las veces lo ignoraba. Por tal razón, en muchas ocasiones debió enfrentar la rebelión de sus subordinados.  Además, no valoraba ni comprendía el budismo, y sometía a Kumarajiva a diversas indignidades: lo tentaba con vino, lo obligaba a mantener relaciones sexuales con una princesa del Estado de Kucha o le ordenaba montar bueyes o caballos enardecidos con el deseo de verlo caer.  Esos dieciocho años en la región fronteriza de Liang-chou deben de haber sido un período de terribles dificultades para el monje, y probablemente esa sea la razón por la cual sus discípulos prefirieron hablar de esta época lo menos posible, a la hora de compilar su biografía.  Durante esos años en Liang-chou, Kumarajiva debió de concentrarse en el estudio del chino y de adquirir bastante fluidez en él.  Aunque en esto no hay más que conjeturas, lo imagino contemplando el cielo oriental, ansioso de emprender su viaje a Chang-an, antiguo centro de la cultura tradicional china, donde podría cumplir su misión y propagar la línea ortodoxa del Mahayana al pueblo chino.  Pero su período en Liang-chou no fue una total zozobra, pues le dio oportunidad de adquirir un dominio invalorable del idioma. Como muchos grandes hombres, Kumarajiva convirtió en beneficio lo que, de otro modo, podría haber sido una pérdida lamentable.  Según creo, este lapso también fue importante, pues le dio ocasión de mezclarse con los soldados rasos y otros habitantes de la frontera, con lo cual pudo conocer el lado menos halagüeño de la vida china.  La mayoría de los monjes traductores que habían ido a la China en el pasado habían sido hombres de posición muy distinguida, acogidos por regentes y aristócratas, o por los miembros de la clase intelectual. A diferencia de Kumarajiva, no tuvieron gran oportunidad de experimentar la vida en otros niveles de la sociedad china. Sólo frecuentaron las clases encumbradas en vez de buscar transmitir su mensaje a las masas. Tal vez por ello todavía no hubiese una clara distinción entre las enseñanzas del Mahayana y las de la Antigua Escuela de Sabiduría en las doctrinas que difundían. La familia Yao, que gobernaba la dinastía Ch’in tardía desde la capital, Ch’ang-an, había hecho repetidos esfuerzos para traer a Kumarajiva a la ciudad, pero Lü Kuang rehusó liberarlo.  Por fin, Yao Hsing (366-416), segundo regente de la dinastía Ch’in tardía, envió sus tropas para atacar y derrotar el estado de Lü Kuang y traer al monje de regreso.  Así, probablemente en el otoño de 401   d.C, Kumarajiva, por fin, pudo dejar atrás Ku-tsang, ese reducto desierto donde Lü Kuang centraba sus operaciones, y emprender la partida hacia Ch’ang-an.  Como vimos, ingresó en la ciudad y fue cálidamente recibido por el soberano, hacia fines del duodécimo mes lunar del año chino, cuando el invierno se aproximaba.  Sin duda, sus discípulos se tomaron el trabajo de consignar el mes y el día exactos de su llegada, pues advertían que estaban ante una fecha trascendental en la historia del budismo chino…

 

 

     Daisaku Ikeda, El Budismo Chino. Trad. de Paula Tizzano de Hornos. Emecé Editores, Buenos Aires; 1993

 

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