festejos de ¡justo el 31! -apuntes desde el rancho atómico-

5 Ene

 

En algún lugar de la pampa argentina;  ya es Enero, y es 2012…

 

 

Debe ser el día: porque ya llega el tiempo de desarmar el árbol de navidad, cosa que haré mañana; (esta noche vienen los magos de Oriente).  Me alegra que la casa y la huerta mejoren día a día: les dí unas semanitas de vacaciones a Arthur y a Jeremías sólo porque necesitaba descansar de ellos y quedarme sola en la casa; son algo agotadores y quería  pensar tranquila en mis próximos pasos. Mucho no pensé, justo es reconocerlo…pero, ¿quién puede pensar en los últimos días del año?. Pasé sola, por primera vez en tanto tiempo, el tránsito de las once a la una del nuevo año. Compré la mejor botella de champagne que me decidí a pagar y le hice los honores hasta la última gota mientras escuchaba, a lo lejos, algún que otro estruendo. Miré las luces de los fuegos artificiales destellando en el cielo, de por sí iluminado por millones de estrellas.  Cerca de la una, una delegación colegiada de vecinos algo dispersos, llegó con la correspondiente invitación al bailongo “a la canasta” de dos kilómetros más abajo, por la ruta 666, al sur del sur profundo.  Y hacia allí partí, con mi canasta de vinos, pan dulce, y chocolates, mis chatitas y el vestidito a lunares, ideal para bailar. Fue lindo volver al amanecer; el sol apenas iluminaba la ruta, el primer sol del año. Me despertaron las chicharras del mediodía, gritando como locas al calor del verano.  Me hice unos mates -los primeros del año- y salí a mirar el horizonte nuevo del 1º de enero: todo era silencio, el mundo no había nacido todavía, salvo las chicharras.  Soñé con viajar rumbo al Oeste, en mi bicicleta roja y voladora. Después pensé en algo más práctico: un viaje hacia el horizonte del desierto, los confines apenas poblados… claro que no en bici y pasado el rigor de los soles y la seca del verano. Será en otoño. Promesas vanas para este año: 1) Escribir y/o invitar a Estelita a pasar una temporada bucólica; 2)  Poner al día el Correo Sentimental y recuperar el ritmo de las notas para La Mujer Moderna3) Y un clásico recurrente: huir del amor cortés y buscar el refugio siempre seguro -aunque a veces ¡ingrato!- de las letras. Y de la casa, la huerta, el horno de barro, la quesería y el gallinero; la leñera, la biblioteca, el estudio y el cuarto de invitados…

 

 

 

Poder Zanahoria; "by" Princess!

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