mitología eslava

1 Feb

 

INTRODUCCIÓN

 

Mitología General

 Dirigida por Félix Guirand. Editorial Labor; Barcelona, 1965

 

 

El Bogatyr Volga metamorfoseado en lucio. Iván Bilibin (1876-1942)

 

 

Son muy escasos los datos precisos que poseemos sobre el mundo eslavo de la época del paganismo.  Noticias sueltas y sin ilación, tomadas de los historiadores romanos y “cronistas” griegos; observaciones vagas de los geógrafos árabes, y, sobre todo, informaciones, frecuentemente erróneas, de crónicas de monjes ortodoxos… Tal es cuanto se ha recogido hasta el presente para reconstituir, como material documental, la historia de los eslavos paganos y de sus creencias religiosas.  Sin embargo, como la evolución material y espiritual de los eslavos ha sido mucho más tardía y lento que la de los pueblos latinos y germánicos de la Europa Occidental, a veces encontramos, en capas más recientes de pueblos eslavos, vestigios y reminiscencias de épocas lejanas, lo cual nos permite utilizar lo presente para reconstruir lo pasado.  El fondo mitológico es rastreable todavía en el folklore: leyendas, cuantos, canciones, proverbios y, sobre todo, exorcismos, pues el exorcismo de origen pagano es corriente en nuestros días en ciertos países eslavos.  Sólo desde el siglo VI empieza el mundo eslavo a destacarse del conjunto móvil y vario de las masas etnográficas que poblaban los Balcanes, la Europa Central y la Oriental.  De los Cárpatos descendieron con toda probabilidad las tribus que se dispersaron luego en diversas direcciones, hasta formar los tres grandes grupos que subsisten todavía hoy: los eslavos del Sur, los del Oeste y los del Este.

 

Las regiones por las que iban penetrando estas poblaciones, y que colonizaban luego, tenían casi todas el mismo carácter.  Eran inmensas extensiones cubiertas de bosques e interrumpidas por marismas, lagos y corrientes fluviales.  Los invasores vivían de los productos de la caza y de la pesca, se dedicaban a la ganadería en los claros del bosque y en los prados naturales, y roturaban la tierra para sembrar trigo.  Los bosques les proporcionaban la madera necesaria para la construcción de sus toscas moradas.  Pero ante las poderosas fuerzas de la naturaleza, ante el misterio de los días y de las noches, el cambio de las estaciones, las tempestades y borrascas, el desbordamiento de las aguas y la sucesión de buenas y malas cosechas, estas pequeñas agrupaciones familiares se sentían aisladas y débiles, y para sacudirse el temor que tales manifestaciones les producían, trataron de encontrar una explicación.  Esta necesidad imperiosa de explicar los fenómenos naturales de los que dependía el antiguo eslavo, tenía su plena expresión en su mitología, que era a la vez su cosmogonía y toda su ciencia en general.  Por otra parte, dada su impotencia para combatir las fuerzas de la naturaleza, el antiguo eslavo sólo podía aspirar a atenuar sus efectos, para lo cual tenía que buscar a quien dirigirse con sus súplicas.  Sometido como estqaba al poder de las fuerzas misteriosas de la naturaleza, trataba a su vez de poner a éstas bajo el dominio de otros poderes, personificados por divinidades múltiples, con las que poblaba las nubes y la tierra, los bosques y las aguas, su campo de trigo, el establo donde dormía su ganado, y la casa que servía de abrigo a los suyos.  De este modo se fue formando poco a poco una mitología cuyo carácter muy rústico estaba en perfecta consonancia con las condiciones generales de vida de los primitivos.  Y sólo en los extremos del mundo habitado por estas poblaciones, al contacto con otras gentes, se formaron creencias más complicadas y una mitología menos rústica.  Así, sólo en Kiev y en el litoral del Mar Báltico, en la Isla de Rugen, encontramos huellas de una jerarquía más o menos definida de divinidades superiores eslavas, con ídolos groseros, sacerdotes y ritos.  En su conjunto, la mitología eslava no ha podido encontrar una expresión material suficiente para manifestarse en imagenes definidas, sino que ha quedado vaga e imprecisa como el paisaje de la mayor parte de las regiones habitadas por esta raza.

 

En los remotos orígenes de la mitología eslava encontramos un dualismo primitivo, que arranca de una oposición entre la luz, como fuerza vivificante y las tinieblas, como fuerza dstructora.  Esta oposición elemental ha dado origen a dos representaciones divinas, que aparecen en los pueblos de la rama occidental del mundo eslavo:  Bielobog y Chernobog. La estructura de sus nombres nos revela ya su carácter: Bielobog es un compuesto del adjetivo “bieli”, que significa blanco, y el nombre “Bog”, que quiere decir dios.  En cuanto a “cherni”, es un adjetivo que expresa la idea de negro.  Se trata, pues, de un dios blanco, símbolo de la luz y el día, y un dios negro, de las tinieblas y de lanoche.  Una divinidad del bien y otra del mal, opuestas una a otra. Los volkhavy, mitad sacerdotes, mitad brujos de los eslavos paganos decían, a juzgar por ciertos testimonios escritos. “Existen dos dioses, uno en las alturas, y otro, en el abismo”.  Los ucranianos conservan todavía este dicho: “¡Que el dios negro te extermine!”.  En la Rusia Blanca se cree en la existencia de Bieloun -término derivado de bieli, “blanco”-.  Este ser divino aparece, en las leyendas populares, con los rasgos de un anciano de barbas blancas, vestido también de blanco, que sólo se muestra durante el día.  Su acción es siempre benéfica: salva del peligro a los viandantes extraviados y ayuda a los campesinos desgraciados en los trabajos de los campos.  Como la oposición simplista de Bielobog y Chernobog no bastaba para explicar toda la gama de fenómenos naturales, empezaron a tomar cuerpo otras visiones sobre el fondo “en blanco y negro” de la mitología primitiva. 

 

Cuando el eslavo pagano dirigía al cielo su plegaria, diciendo: “¡Oh, cielo, tú me ves!”, no profería una expresión metafórica, sino que consideraba la extensión celeste como un ser supremo, como una divinidad.  Más tarde, cuando los elementos antropomórficos penetraron en la religión primitiva de los eslavos paganos, éstos personificaron el cielo en la forma, bastante precisa, del dios Svarog, nombre cuya raíz (svar, “brillante, claro”) está relacionada con el sánscrito.  Del cielo (Svarog) nacieron dos hijos: el Sol, llamado Dalbog, y el Fuego, Svarogich, nombre que significa “hijo de Svarog”.  Un autor bizantino, Juan de Malalas, resume la mitología cosmogónica de los eslavos en los siguientes términos:  “Después de Svarog reinó su hijo llamado Sol, por otro nombre, Dalbog… el Sol es rey y es elhijo de Svarog.  Se le llama Dalbog por se un poderoso señor”.  El otro hijo de Svarog – el Fuego, en eslavo ogon, que puede compararse con el sánscrito agni– es mencionado en la obra de un autor antiquísimo, conocido como el “Admirador desconocido de Cristo”, el cual, refiriéndose a los eslavos paganos dice:  “Elevan también plegarias al fuego, que llaman Svarogich”.  El cielo, Svarog, es, pues, el padre de los demás dioses.  Según un viejo mito eslavo, Svarog, después de reinar sobre el Universo, transmitió a sus hijos su poder soberano y creador…

 

 

Ilustración de I. Bilibin: Cuentos populares rusos

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2 comentarios to “mitología eslava”

  1. Sergey Teleguin 27 junio, 2014 a 16:20 #

    sobre los dioses de los antiguos eslavos: http://www.scribd.com/telegin2005

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