mitología eslava: de soles, lunas, estrellas y auroras…

4 Feb

 

 

II

 

 Mitología General

 Dirigida por Félix Guirand. Editorial Labor; Barcelona, 1965

 

 

Zmei Gorynych, el dragón. -dibujo de I. Bilibin-

 

 

Aún en nuestros días, en muchos países eslavos, la gente rural conserva un respeto místico por el fuego.  Éste no ha perdido en ningún momento su carácter sagrado, hasta el punto de que los ancianos prohíben a los jóvenes pronunciar malas palabras y hablar en alta voz cuando encienden fuego en la casa.  En las leyendas y cuentos populares pueden rastrearse aún  huellas poéticas de los antiguos mitos.  Así, por ejemplo, con ocasión de la llamada Serpiente de Fuego, monstruo alado que arroja llamaradas por la boca.  En lo que respecta al otro hijo de Svarog, el Sol (Dalbog), transcribiremos aquí lo que dice de él -en relación con su padre y con su hermano- el investigador ruso Afanassief:  “Svarog, como personificación del cielo -que unas veces iluminan los rayos del Sol, y otras ensombrecen las nubes rasgadas por relámpagos-, fue considerado como padre del Sol y del Fuego.  En las tinieblas de las nubes enciende la llama de los rayos, con lo que se nos muestra como el creador del fuego celeste, mientras que el terrestre es considerado como un don que los dioses enviaron a la tierra en forma fulmínea.  Esto explica el por qué el eslavo adoraba el fuego como hijo de Svarog.  Luego, rasgando las nubes con las saetas de sus rayos, Svarog mostraba el Sol, o, para emplear el lenguaje metafórico de la Antigüedad, alumbraba la antorcha solar, que habían apagado los demonios de las tinieblas.  Esta concepción poética se aplicaba también al sol de la mañana, cuando se desprendía de los velos de la noche, vinculándose el amanecer y la reaparición de su fuego con la idea del renacimiento del astro.  Svarog era, pues, una divinidad que daba vida al Sol y la existencia a Dalbog“.  Conforme a las viejas leyendas, el Sol habitaba en Oriente en un aparte en que reinan la abundancia y el sempiterno estío.  Allí tiene su palacio de oro, del que sale por la mañana, montado en su carro luminoso, tirado por caballos blancos que despiden vaharadas de fuego, para recorrer la bóveda celeste.  En un cuento popular polaco aparece el Sol haciendo su recorrido sobre un carro de dos ruedas gaurnecido de diamantes, y con un tiro de doce blancos corceles con doradas crines.  Otra leyenda nos lo presenta habitando en Oriente en una áurea mansión; en su coche van uncidos tres caballos: uno, de plata; otro, de oro; y un tercero, de diamante.

 

Los serbios representaban al Sol como un monarca joven y hermoso. Sus dominios son de una luminosidad deslumbrante, y resplandeciente es también el trono en el que se sienta, todo de oro y púrpura.  A ambos lados se encuentran dos hermosas doncellas, la Aurora de la mañana y la del atardecer, siete jueces -los planetas- y siete mensajeros, que corren raudos por el universo en forma de cometas.  También está presente  “el tío calvo” del sol, “el viejo Messiatz”.  En las leyendas populares rusas, el Sol posee doce reinos, los doce meses o los signos del zodíaco, él habita en el interior del astro solar, y sus hijos, en las estrellas.  Éstos se hallan bajo el cuidado de las “hijas del Sol”, quienes los bañan y cuidan, y los divierten con alegres canciones.  El movimiento diurno del Sol por la esfera celeste suele representarse, en ciertos mitos eslavos, como la sucesión cambiante de sus edades: el Sol nace cada mañana, se muestra luego como un adolescente, alcanza su madurez a mediodía y muere, como un viejo, al atardecer.  Para el movimiento anual del astro existe una explicación analóga.  Ciertos mitos y leyendas eslavos dan una interpretación antropomórfica a las relaciones entre el Sol y la Luna.  Aunque, en eslavo, el nombre de la Luna -Messiatz- sea de género masculino, muchos relatos mitológicos representan a Messiatz como una hermosa joven, con la que el Sol contrae matrimonio al comenzar el estío, y de la que se separa a principios del invierno, y así hasta la nueva primavera.  De la pareja divina del Sol y la Luna nacieron las Estrellas.  El malhumor de ambos cónyuges y sus desaveniencias matrimoniales son causa de que se produzcan terremotos.  Por el contrario, en otros mitos el esposo es Messiatz, y el Sol, la esposa.  Así, una canción de Ucrania celebra “el gran palacio” (la bóveda celeste), cuyo señor es el “resplandeciente Messiatz“, y su esposa, el deslumbrante Sol, sus hijas son las lucientes Estrellas.  Todavía existen exorcismos eslavos dirigidos a la “pequeña y hermosa Luna”, con el ruego de que haga desaparecer una enfermedad, etc.  El personaje principal de una leyenda ucraniana, expresada en forma de canción, se dirige al “pequeño Sol” en estos términos:  “¡Ayúdame, buen hombre!”.  El dios Sol Dalbog, gran divinidad del día y de la luz, aniquilador de las tinieblas, de la miseria y del frío, viene a ser sinónimo de felicidad.  De él depende el destino de cada individuo, es justo: premia a los buenos y castiga a los malos.  Los eslavos de Galitzia conservan viva aún en nuestros días la expresión imprecatoria:  “¡Que el Sol se vengue de tí!”.  Ya nos hemos referido a una leyenda eslava en la que aparecen las dos “hijas solares”  -las Auroras- a ambos lados del Sol.  La Aurora (“Zoria” en eslavo) es considerada también como divinidad.  La Aurora de la Mañana, Zoria Utrenniaia– “utro” significa “mañana”-, tiene como misión abrir las puertas del palacio cuando el Sol empieza su recorrido por la bóveda celeste.  La Aurora del Atardecer, Zoria Vetcherniaia -“vetcher” es “atardecer”-  vuelve a cerrarlas cuando el astro ha penetrado de nuevo en su morada.  Un mito de época tardía atribuye a las Zoria una función específica, que describe en estos términos:  “Hay en el cielo tres hermanitas, tres diminutas Zoria: la del Atardecer, la de Medianoche y la de la Mañana.  Su misión consiste en vigilar un perro, atado con una cadena a la constelación de la Osa Menor.  Cuando esta cadena se rompa, habrá llegado el fin del mundo”.  Las tres Zoria son pues, las grandes protectoras del Universo.  A su lado se encuentran a veces, en los mitos eslavos, dos estrellas hermanas: la de la Mañana, Zvezda Dennitza, y la del Atardecer, Vetcherniaia Zvezda; ambas ayudan a las Zoria y cuidan de los caballos blancos del Sol.  En ciertas leyendas, Dennitza sustituye al Sol en su condición de esposa de Messiatz, es decir, la Luna.  En una leyenda serbia en forma de canción, Messiatz dirige a Dennitza estos reproches:  “¿Dónde estuviste, estrella Dennitza, dónde estuviste?.  “¿Dónde malgastaste tus días, tus claros días?”.  En un antiguo exorcismo ruso, Dennitza aparece como una divinidad casi equiparable en poder al más importante de los dioses.  “¡Levantémonos por la mañana y roguemos a Dios y a Dennitza”.  En otro exorcismo, la divinidad invocada es la Estrella del Atardecer “Vecherniaia Zvezda, madre mía, te expreso mi descontento por doce hijas del mal (las fiebres)”.

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