el budismo chino: las actividades de los díscípulos de Kumarajiva

2 Jun

 

EL BUDISMO CHINO

 

Daisaku Ikeda

  Traducción por Paula Tizano de Hornos. Emecé Editores, S.A., Buenos Aires, Argentina; 1993.

 

 

Shakyamuni sale del bosque y enfrenta a Mara -pintura china-

 

 

Esta división del país del Norte y del Sur se refleja en el Budismo que se practicó durante el período, tal como ha sido costumbre hablar de las tres escuelas del Budismo meridional y las siete escuelas del Budismo septentrional. En ese tiempo, en otras palabras, hubo diez divisiones dentro del budismo chino, y cada una postuló su propia visión de la doctrina.  No obstante, no debemos pensar en ellas como en sectas firmemente establecidas, con sus propios credos y prácticas distintivos, tales como las que luego  aparecerían en los últimos siglos del budismo chino.  En cambio, se trataba en individuos o de pequeños grupos que se centraban en algún texto o sistema de creencias como eje de su principal veneración, tras haber sondeado en la vasta literatura del Budismo, en su afán de descubrir la expresión más apta de todas las enseñanzas fundamentales del Buda. El período de las escuelas fue una época de crecimiento y de intensa búsqueda intelectual, en que distintos monjes de gran calibre y capacidad, y de seria postura hacia el Budismo, se trasladaron por la China para estudiar bajo la guía de sus maestros y para desplegar actividades de instrucción religiosa en diferentes regiones del país.  Las semillas de este movimiento destinado a sembrar el orden y la sistematización en las enseñanzas y la literatura budista, fueron implantadas por Kumarajiva en los años inaugurales de este período.  Pero quienes dieron frutos al movimiento fueron sus discípulos.  En nuestro análisis de la traducción del Sutra del Loto que realizó Kumarajiva, como ya vimos, mencionamos a Seng-jui, uno de sus cuatro discípulos principales, quien participó en el grupo que redactó la traducción y quien escribió una introducción titulada  “Introducción ulterior al Sutra del Loto”.  En el inicio de esta obra señala.  “El Sutra del Loto es el cofre secreto de todos los budas y la corporificación más genuina entre todos los sutras”.  Llega a proclamar que el Sutra del Loto ocupa el sitio más elevado entre todos los sutras, conservorio de las enseñanzas fundamentales.  Fue un pronunciamiento histórico, en vista de los tiempos en que se lo proclamó.

 

Debemos tener en mente que hasta poco antes de este momento, los chinos no habían tenido conciencia clara de la distinción entre el Hinayana y el Mahayana.  Es más, hasta que Kumarajiva llegó a Ch’ang-an, los chinos habían tendido a mostrar la mayor reverencia a los sutras del Prajna.  El hecho de que Seng-jui haya declarado la superioridad del Sutra del Loto frente a los sutras del Prajna y que lo llamara el reservorio de todas las enseñanzas esenciales del budismo fue, sin duda, una actitud osada.  Las palabras de Seng-jui deben de haber sorprendido, por así decirlo, al pueblo de su época, como Colón dejó perplejos a sus contemporáneos al afirmar que la Tierra era redonda.  Otra importante figura que contribuyó a sistematizar las escrituras budistas fue Chu Tao-sheng (ca. 360-434 d.C.), cuyas experiencias indican cuán riesgoso podría llegar a ser, en esa época, adoptar una postura valiente y decidida en cuestiones doctrinarias.  Nichiren Daishonen lo menciona en sus escritos y advierte que Tao-sheng fue “exiliado a las montañas de Su”.  Se lo conoce también como uno de los cuatro discípulos principales de Kumarajiva.  Tao-sheng, a partir de su estudio sobre la traducción del Sutra del Nirvana efectuada por Fa-hsien, declaró que todas las personas poseían la naturaleza del Buda y que hasta las personas de incredulidad incorregible (icchantika) podían alcanzar el estado de Budeidad.  Los demás monjes de la comunidad a la cual pertenecía se escandalizaron ante este pronunciamiento y declararon que no estaba respaldado por el texto del Sutra del Nirvana.  En consecuencia, Tao-sheng fue expulsado de la comunidad.  Más tarde, cuando al sur de la China llegó la traducción del Sutra del Nirvana efectuada por Dharmakshena contenía el fragmento, ausente en la versión de Fa-shien, que fundamentaba la convicción de Tao-sheng.  Sin embargo, más nos interesa aquí la teoría postulada por Tao-sheng, según la cual el Buda expuso cuatro clases de enseñanza.  Como modo de explicar por qué los diversos sutras del canon budista parecen contradecirse, Tao-sheng planteó la noción de que el Buda, en el transcurso de su prédica, había expuesto cuatro clases distitas de enseñanzas.  Lo  hizo así, pues sus discípulos manifestaron diferentes capacidades según los tiempos, de tal suerte que el Buda adaptó su prédica a la capacidad de quienes lo escuchaban.  Tao-sheng sostuvo que estas cuatro clases de enseñanzas, además, revelaban la verdad con profundidad creciente.  Sin dar detalles sobre el contenido doctrinario de cada una de estas cuatro clases de enseñanzas, podemos notar que el nivel primero y más bajo está representado por los sutras Agama de la doctrina Hinayana (Antigua Escuela de Sabiduría), que enseña a llevar una vida de pureza.  El segundo es el nivel de los sutras del Prajna, que revelan cómo adquirir el Nirvana mediante el perfeccionamiento de la sabiduría.  El tercero es el Sutra del Loto, que expone la doctrina del “vehiculo único” que permite alcanzar la Budeidad a todas las personas por igual.  El cuarto es el Sutra del Nirvana, que enfatiza la naturaleza eterna, pura y personal del Nirvana.

 

Aunque esta doctrina aparentemente no tuvo una gran influencia en el desarrollo posterior del budismo, es un interesante indicio del respeto que inspiraba el Sutra del Nirvana en la China meridional de esa época, particularmente la traducción de Dharmakshema, antes citada.  La gran popularidad de este sutra demostró ser sólo un fenómeno temporario, pero conviene tenerla en cuenta para analizar el budismo de este período.  A juzgar por el desarrollo de la filosofía taoísta y de la religión en la China, los chinos  habían demostrado desde temprano un gran interés en la posibilidad de prolongar el término de la vida humana o inclusive de lograr la inmortalidad.  Este interés ha sido especialmente notorio entre la clase gobernante, cuyos miembros a menudo recorrieron vastas distancias en busca de elixires de la longevidad u otros medios de alcanzarla.  Cuando se introdujeron en China las escrituras budistas, que reflejan la doctrina india sobre la reencarnación, los chinos supusieron que ésta significaba una suerte de promesa de inmortalidad personal.  En particular les atrajo el Sutra del Nirvana, que describe la naturaleza de Buda inherente a todas las personas como algo de validez eterna.  Entender las escrituras budistas de este modo, es, por supuesto, errar en la evaluación de su verdadera trascendencia.  Pero uno no puede sino sentir que la primacía y veneración que gozó el Sutra del Nirvana en la China del sur se vincula a la creencia incorrecta de que él contenía una promesa de inmortalidad eterna.  Tan popular fue el Sutra del Nirvana que en la China floreció una corriente de budismo basada en él, hasta que, en el siglo VI, apareció la escuela T’ien-t’ai.  Otro importante discípulo de Kumarajiva que realizó una importante actividad en la China meridional de esta época fue Hui-kuan, que falleció en mitad del siglo V de nuestra era.  También él desarrolló una teoría que dividía las enseñanzas budistas en diversas categorías y niveles.  Primero separó todos los sutras en dos categorías:  la de los que enseñan la doctrina de la iluminación instantánea y la de los que postulan una iluminación gradual.  La primera categoría está representada por el Sutra de la guirnalda de flores, al cual designó como el sutra de la iluminación instantánea porque revela la verdad suprema de un modo inmediato y sin recurrir a enseñanzas preliminares.  Todos los demás sutras caen en la categoría de la iluminación gradual, pues en ellos el Buda avanzó progresivamente y paso a paso, desde los niveles más elementales de la verdad hasta los más elevados.  Hui-kuan divide los años en que el Buda predicó la enseñanza de la iluminación gradual en cinco períodos, que van desde el primer sermón en el Parque de los Ciervos, en Benarés, hasta la muerte del Buda, en Kushinagara.  El nivel primero y más elemental está representado por las enseñanzas del Hinayana, según las cuales todos los fenómenos tiene existencia real.  El segundo enseña que todos los fenómenods están vacíos o desprovistos de características, y corresponde a los sutras del Prajna.  El tercer nivel está dado por el Sutra Vimalakirti; el cuarto, por el Sutra del Loto, y el quinto, por el Sutra del Nirvana.  Como ocurre con Tao-sheng, el enfoque de Hui-kuan considera al Sutra del Nirvana como epítome de las enseñanzas del Buda.  Esto nos permite observar cuánta importancia se le asignaba a este sutra en la China meridional de entonces.  El sistema de clasificaciones de Hui-kuan ganó una amplia aceptación entre los eruditos budistas de entonces, probablemente porque estaban dispuestos a rendir especial veneración al Sutra del Nirvana.  Fue respaldado por monjes eminentes de la talla de Seng-jou (231-494), Hui-tz’u (434-490), Chih-tsang (458-522) y Fa-yün (467-529).  Chih-tsang y Fa-yün se contaban entre las figuras budistas más destacadas de la dinastía Liang (502-557).  También cabe notar que el maestro de Fa-yün, Pao-liang (444-509) comparó el proceso gradual mediante el cual el Buda fue desarrollando doctrinas más elevadas con el proceso que sigue la leche para convertirse en manteca refinada.  De este modo, asemejó los cinco períodos con los sabores de la leche fresca, la crema, la leche cuajada, la manteca y la manteca refinada.  Esta comparación sería émpleada con frecuencia, en épocas posteriores.

 

En el budismo meridional de aquella época había tres escuelas: la del Nirvana, la escuela San-lun (a raíz de un tratado de Asanga titulado Mahayana Samgraha) o escuela de los Tres Tratados, y la escuela She-lun. Casi todos los seguidores de estas tres escuelas parecen haber adherido a la clasificacion en cinco períodos, postulada por Hui-kuan, o a alguna forma modificada de esta teoría.  Cuando el gran maestro T’ien-t’ai se alzó para advertir con gran fervor que el máximo honor como expresión culminante de la enseñanza budista debía ser otorgado al Sutra del Loto y no al del Nirvana, estaba refutando a hombres como Fa-yün y otros.  Retornemos a la situación de la China del norte.  Allí vemos que predominaba la escuela Ti-lun, que se basaba en el comentario de Vasubandhu sobre uno de los capítulos del Sutra de la guirnalda de flores.  Como resultado, esta escuela y todas las demás que solían llamarse las “siete escuelas de la China septentrional” consideraban este sutra como la méxima expresión de la docrina budista.  Hui-kuang, por ejemplo, a quien se tiene por el fundador de la escuela Ti-lun, propugnó una división de las enseñanzas en cuatro categorías.  La primera está representada por la escuela Abhidharma, P’i-t’an (enseñanza del Hinayana); la segunda, por la escuela Ch’eng-shih, basada en un tratado denominado El establecimiento de la verdad; la tercera, por los sutras del Prajna y la cuarta, por el Sutra del Nirvana y el Sutra de la guirnalda de flores.  Esta cuádruple clasificación tal vez haya ejercido la influencia más poderosa en la China septentrional.

 

… Ésta, pues, era la situación, cuando el gran maestro T’ien-t’ai surgió en escena y, tras realizar un estudio de estas diversas teorías, estableció una división propia en cinco períodos que superó a todas las anteriores y que asignó el valor supremo al Sutra del Loto.

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