cartas junias: pienso en la muerte, Estela…

7 Jun

No tan urgente…

                                        

 

 

 

   Rancho atómico; en lo profundo del otoño al sur.

 

              

                      Y no me retes, ya sé!. Lo que no se es si esta carta te encontrará todavía en la pensión o ya saliste para Minsk. ¡No sabés el fresquete que hace aquí!: los álamos perdieron todas sus hojas; me despierto en algunos amaneceres grises y helados con el golpe de esas ramas mustias contra la ventana. Cuando los días están despejados el cielo es celeste glorioso y si te animás (y abrigás, como hago yo en mis noches solitarias), mirar las estrellas bien vale un resfrío.  Pienso en la muerte, en la vejez, en el fin de todo lo existente, en la futilidad de las cosas. O bué, de la mayoría de ellas.  Como me estoy despertando temprano, cual vieja craquelé, aprovecho para meditar, avivando un poquito las brasas de la salamandra que cargo por las noches. Me siento en mi almohadón, respiro, tomo mi tiempo para recibir el día.  Tobi pega unos ladridos a la claridad que asoma, a lo lejos pasa un auto, canta un gallo, comienza el corto día de junio… me pongo las Pampero y salgo a picar leña fina, a llenar uno o dos canastos con leños gruesos, a “pispear” el día.  Y cocino. Y tejo: que es casi mi única “salida” además del cafecito y la caña que me tomo haciendo parada social en el bar del pueblo cuando voy de compras. Dos veces por semana me voy en bici a lo de mi profe Betty; estoy terminando un chaleco -¡hace dos meses!- y tratando de pasar a la etapa superior de la revolución textil: el pullover. Y lo más importante de mis ocupados días: puedo escribir y estudiar. Algo forzada, eso sí, con la fecha de entrega de mi trabajo que no sé siquiera cómo se llamará (ya me lo dirá el Dr. Kafka, después de todo). Estela, ¡como no sabía qué  hacer y no  se me descuelga una sóla idea siquiera aceptable para la comunidad científika penal! comencé por el principio: releo a los maestros, borroneo algunos apuntes.  Mi plan es leer todo este oscuro y triste mes y dejar julio para escribir…¿qué?: ¡Alá es el más Sabio!, ya veremos.  ¿Será un signo de “vejez” ver la infancia más cercana que la juventud?. Miro mi zonza vida y apenas si me reconozco en las luchas por sobrevivir, en todo ese burumbumbúm entre los veinte y los… qué se yo, eso que llamamos la flor de la vida, el deseo.  ¿Era “yo”?.  A veces pienso que llegué sólo a los diez, once años. “¿Qué es todo esto?”, me preguntaba entonces y esa pregunta me hacía doler;  después… no tuve mucho más que hacer. Si lo que te preguntás es por el amor, el amor dizque “romántico”, te diría que a pesar de cierta melancolía por el fin ineluctable de todo lo que amamos, de nosotros mismos  y de  los días grises que anuncian el invierno, estoy fenómeno, che. Simplemente no soporto la idea de amar a un hombre; me sorprendo pensando que no tendré tiempo para leer y estudiar, ahora que me asomo a mi cumpleaños número…………………y tantos y tengo cada vez más presente ¡el arpa que la guitarra, querida amiga!.

 

Princess que te adora, desde la cama y con bolsa de agua caliente

 

 

P.S:  envío esta carta con una  estampilla de Samantha Smith, la niña pacifista de fines de la Guerra Fría; imaginé que te gustaría (es un homenaje de la antigua URSS). Estelita, ¿sabías que murió a los trece años?. Raro destino de mujer…

 

 

 

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