Ciao, Niccolo.. (tengo que irme de Florencia, ¡me esperan en el barrio!)

24 Jun

 

 

Del Arte de la Guerra

 

 Niccolo Macchiavelli,

ciudadano y secretario florentino

Dedicado a Lorenzo de Filippo Strozzi

 

Editorial Gradifco SRL. Argentina, 2011  Traducción de Sergio Albano

 

 

Juego de pelota en la Florencia del siglo XVI

 

 

-Fragmentos del Libro Quinto-

 

Fabrizio:     Ya expliqué cómo se organiza un ejército para iniciar la contienda, las tácticas más apropiadas para vencer y me extendí en lo relativo a las diversas vicisitudes que pueden ocurrir durante la operación.  Creo que es el momento indicado de desarrollar las maneras en que se organiza un ejército para defenderse de un enemigo invisible, pero capaz de lanzar un ataque en cualquier momento.  Esto ocurre cuando se infiltra en territorio enemigo o sospechoso.  El ejército romano solía enviar algunos escuadrones de caballería como avanzada para que reconocieran el terreno.  Luego se movilizaba el ala derecha, seguida por sus vehículos.  A continuación se trasladaba una legión con sus carros y después la otra, también seguida por sus vehículos.  Le seguía el ala izquierda con sus furgones en la retaguardia y, por último, el resto de la caballería.  Este era el orden habitual de marcha.  Si durante la marcha el ejército era atacado frontalmente o sorprendido en la retaguardia, inmediatamente retiraba todos los vehículos a la derecha o a la izquierda, de acuerdo con las características del terreno; luego reunía a todas las tropas disponibles para el contraataque y enfrentaba al enemigo en donde éste se encontraba.  Si el ataque provenía de un flanco, retiraban los vehículos al lado opuesto y combatían en otro.  Si este sistema se pone en práctica de manera adecuada y sin abusar de él, me parece digno de imitación.  Se enviará a la caballería ligera adelante para que reconozca el terreno; luego si se dispone de cuatro brigadas, avanzarán en fila y cada una llevará sus carruajes en la retaguardia.  Como éstos son de dos clases, unos cargados con las pertenencias de los soldados y otros con todo tipo de objetos, los repartiría en cuatro grupos, adjudicando uno a cada brigada.  También procedería del mismo modo con la artillería y los no combatientes, para que el equipaje se repartiese en partes iguales.  En ocasiones se marcha sobre el territorio que no sólo es sospechoso, sino tan hostil que puede sobrevenir un ataque en el momento más inesperado.  En un caso semejante, es recomendable variar la formación y avanzar en orden para mayor seguridad, de manera que ni el elemento civil ni el ejército enemigo puedan causar daños a causa de un descuido.  En circunstancias así, los generales de la antigüedad solían avanzar con el ejército en formación de cuadro.  La misma se llamaba de ese modo no porque fuera cuadrada justamente, sino porque permitía combatir a cuatro bandas, con lo que se hallaban dispuestos tanto para marchar como para combatir.  Mis dos brigadas imitarán ese modelo, que será la norma para la formación de un ejército.  A fin de marchar sin sobresaltos por territorio enemigo y tener la capacidad de responder a un ataque imprevisto por cualqueira de las bandas, adoptaré la formación en cuadro como lo hacían  en la antigüedad.  Para ello, haré que el espacio vacío del interior del cuadro posea un lado de ciento cinco metros.  Primero determinaré los flancos, separados unos de otros por esa misma cantidad de metros y formando cada uno con cinco batallones en fila, los cuales estarán separados por un metro y medio.  Así, sumados a los veinte metros que ocupa cada batallón, darán un total de ciento cinco metros.  Ubicaré los diez batallones restantes cerrando los lados de vanguardia y retaguardia, con cinco unidades en cada uno, disponiéndolos de manera que cuatro se adosarán a la cabeza del flanco derecho y cuatro a la cola del izquierdo y haciendo, a continuación, que uno de los dos últimos pasara junto a la cabeza del flanco izquierdo y el otro a la cola del derecho.  Como el espacio resultante entre los dos flancos es de ciento cinco metros y los intervalos de estos batallones -que se ubican en paralelo a lo ancho y no a lo largo- ocupan setenta metros, entre los cuatro batallones de la vanguardia del flanco derecho y el situado en la del izquierdo quedaría un espacio de cuarenta metros, cosa que también ocurrió con los de la retagurdia, salvo que el espacio libre de atrás quedaría en el ala derecha, y adelante en la izquierda. En el espacio delantero de cuarenta metros colocaría a los vélites regulares y en el trasero a los de apoyo.  En ambos casos estoy hablando de mil hombres.  Para que el lado de cada lado interno del cuadro sea de ciento cinco metros, hace falta que los cinco batallones de vanguardia y retaguardia no ocupen una parte de la línea de flancos.  En ese sentido es aconsejable que los cinco batallones posteriores toquen la cola de los flancos posteriores a la línea frontal con su propia línea de frente; así habría espacio suficiente para recibir a otro bátallón en cada esquina de la formación.  Como tenemos cuatro espacios en total, yo tomaría cuatro compañías de lanzas de apopyo y ubicaría una en cada esquina.  Colocaría las dos unidades de lanzas en el medio del espacio interior y formaría un batallón en cuadro, a cuyo frente se encontraría el capitán general con sus lugartenientes.  Dado que todos los batallones formados de esa manera avanzan en la misma dirección pero combaten en sentido inverso, al reunirlos hay que organizarlos para el combate por el lado que no defienden los otros batallones.  Hay que tener en cuenta que los cinco batallones de la línea frontal están protegidos en todos sus lados menos en el delantero; su formación, por lo tanto, será la habitual, con las lanzas adelante.  Los cinco batallones del flanco diestro tienen cubiertos todos sus lados menos el derecho.  Lo mismo ocurre con los cinco del flanco izquierdo, que tienen descubierto ese flanco, es decir, el izquierdo.  En consecuencia, al disponer la formación hay que procurar que las lanzas cubran el flanco desprotegido.  Ya señalé cómo tienen que colocarse los decuriones adelante y atrás al referirme al modo en que deben formar los batallones.  De este modo, si aquellos se ven en la necesidad de entrar en combate, el armamento y el personal estarán en sus puestos.  También distribuiría la artillería, situando una parte en el exterior del flanco derecho y la otra en el izquierdo.  La caballería ligera se adelantaría para reconocer el terreno.  Una parte de la caballería pesada iría detrás del ala derecha y otra parte detrás de la izquierda, a una distancia aproximada de veinte metros de los batallones.  En lo que a la caballería concierne, debe considerarse el siguiente principio general al formar un ejército, existen dos alternativas: o se la sitúa en una posición tan avanzada que, si es rechazada, tenga el suficiente espacio como para retroceder sin atropellar a la infantería, o se dispone a ésta con tantos espacios que los caballos puedan atraversarlos sin desordenar la formación.  Esta regla no debe subestimarse; muchos que no la respetaron mordieron el polvo de la derrota, desorganizándose y destruyéndose a sí mismos.  Los vehículos y los no combatientes se situarán en la plaza interior del ejército, repartidos de manera que no impidan el paso de quienes van de un flanco a otro o de vanguardia a retaguardia.  Sin contar a la artillería ni a la caballería, estos batallones ocupan un largo de ciento cuarente metros en la parte exterior de cada lado. Como el cuadro está formado por dos brigadas, hay que determinar qué ala ocupará cada una.  Puesto que a cada brigada le corresponde un número y cada una tiene, como saben, diez batallones y un general, yo ordenaría que la primera situara a sus cinco primeros batallones en la vanguardia, y los otros cinco en el flanco izquierdo.  El general se colocaría en la esquina izquierda de la línea frontal.  La segunda brigada pondrá a sus cinco primeros batallones en el ala derecha y a los restantes en la retaguardia, y su general se ubicaría en la esquina derecha con la tarea de tergiductor.  El ejército se pondrá en marcha con esta formación.  Tendrá que tener cuidado de mantenerla durante el avance, ya que sin duda alguna así estará a resguardo de los ataques civiles.  Si padece algún ataque tumultuoso, el general sólo tendrá que encomendarle de vez en cuando a algún escuadrón de caballería o compañía de vélites que lo sofocarán.  Es muy difícil que se de el caso de que esos agitadores se pongan al alcance de las espadas o las lanzas, porque la gente carente de organización teme a la que hace un culto de la disciplina.  Únicamente se limitarán a crear un ambiente de revuelo con sus alaridos y alboroto, pero no llegarán a acercarse, al igual que los cachorros se comportan con un mastín.  Cuando Aníbal llegó a Italia para atacar a los romanos, atravesó toda la Galia sin preocuparse por los estrepitosos ataques de sus habitantes.  Para continuar avanzando hay que tener ingenieros  y zapadores capaces de abrir camino.  Los mismos serán cubiertos por la caballería que realizó el reconocimiento del terreno.  El ejército podrá avanzar diez millas por día con este orden de marcha.  Incluso dispondrá de luz solar para acampar y cenar, porque con la formación normal un ejército hace viente millas diarias…

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