Buda en China: Peregrinos en busca de la ley

1 Jul

 

EL BUDISMO CHINO

 

Daisaku Ikeda

Emecé Editores, S.A. Buenos Aires, 1993. Trad. de Paula Tizzano de Hornos

 

 

Bodhidarma: Primer Patriarca y fundador del budismo Chan (Zen)

Bodhidarma: Primer Patriarca y fundador del budismo Chan (Zen)

 

 

Las peregrinaciones de los monjes chinos a la India

 

Hasta este momento, nos centramos, principalmente, en el proceso mediante el cual las enseñanzas budistas fueron transmitidas desde la India hasta los países de Asia Central y de allí a la China.  Aquí, nos volcaremos a analizar un aspecto un tanto distinto de la historia budista en el Lejano Oriente, que en cierto sentido revierte el proceso mencionado.  En él, los monjes chinos, con el ardiente afán de adquirir un conocimiento mayor sobre las doctrinas budistas, se abrieron camino a través del Asia Central hacia la India.   Tal como hemos visto en capítulos anteriores, los chinos, al principio, fueron sólo receptores pasivos de la fe budista.  Por momentos, aceptaron las doctrinas que les traían los misioneros del Asia Central y de la India, y por momentos las rechazaron debido a su naturaleza extraña.  Pero a medida que el Budismo se fue difundiendo más y más entre el pueblo, algunos de sus seguidores en la China se sintieron inspirados a asumir un papel más activo en la transmisión de la fe y emprendieron viajes a la India, para poder aprender más sobre estas enseñanzas en su tierra de origen.  Así, por ejemplo, en 399 d.C., unos dos o tres años antes de que Kumarajiva llegara a Ch’ang-an, Fa-hsien (340?-420?), el primero de los famosos monjes peregrinos chinos, se embarcó en una travesía a la India.  Alrededor de esta época, una comitiva integrada por el monje Pao-yün partió rumbo al Asia Central.  En Chang-yeh, en lo que hoy es la provincia de Kansu, ambos grupos se unieron y siguieron juntos hacia la India.  En 404, pocos años después de la partida de Fa-hsien, otro monje llamado Chi-meng salió de Ch’ang-an con un grupo de quince compañeros, con destino al Asia Central.  Aunque antes ya habían partido otros chinos en esta dirección, Fa-hsien y sus compañeros de viaje fueron los primeros en culminar la travesía con éxito y en regresar a la China con las crónicas de sus hallazgos.  Sus actividades, por tanto, señalan el inicio de una nueva era en la historia del budismo chino.

 

Dadas las precarias condiciones de viaje que imperaban por entonces, no había ninguna garantía de que los peregrinos que se aventuraban más allá de las lejanas fronteras occidentales de la China pudiesen regresar con vida.  Los monjes que se embarcaban en el largo periplo hacja la China, tal como se dice en el Sutra del Loto, “arriesgaban las piernas  y la vida”.  Probablemente, los riesgos y el desafío que la empresa implicaba hayan incentivado a muchos monjes a lanzarse a esta travesía.  Para comprender mejor por qué los miembros de la comunidad budista en la China se sintieron impelidos a realizar este peligroso viaje a la India, examinemos algunos de los motivos que alimentaron su decisión.  A fines del siglo IV, el  budismo había adquirido un firme lugar en la vida espiritual del pueblo chino, y los viajes de estos monjes peregrinos fueron un modo de expresar el ardor que caracterizó a la grey budista de esta época.  Más aún, como vimos en el caso de Kumarajiva, los budistas chinos estaban ávidos de tomar contacto con célebres maestros de la India y del Asia Central, para obtener una comprensión más correcta de las doctrinas de su fe.  Esto, sin duda, fue uno de los objetivos que inspiró sus viajes.  Finalmente, durante los siglos III y IV, el número de establecimientos religiosos y de monjes y monjas había crecido rápidamente en la China.  Con este raudo incremento, comenzó a surgir cierta declinación en las reglas gobernaban la comunidad religiosa, y se observaron algunos rasgos de degradación  moral.  Una de las razones por las que se emprendió esta peregrinación a la India fue el afán de obtener un conocimiento más preciso y profundo del vinaya, o código de reglas monásticas, que pudiesen restaurar, en los creyentes chinos, el espíritu de la disciplina religiosa.  Éste, en particular, fue el motivo que impulsó a Fahsien, como se señala claramente en su biografía, Crónicas de Fa-hsien, basada en los propios escritos del monje y que también se conoce como Registro de los países budistas.  Allí se consigna:  “Cuando Fahsien aún estaba en Chang-an, se sintió muy disgustado ante las falencias y deficiencias en los textos referidos a las reglas de disciplina religiosa.  Por tal motivo, en el primer año de la era Hung.shih, determinado con el siglo cíclico chi-hai (399 d.C), por fin se lanzó a la travesía, acompañado por Hui-ching, Tao-cheng, Hui-ying, Hui-wei y otros, todos inspirados por una misma meta, decididos a llegar a la India en busca de las reglas de la disciplina”.

 

El budismo Mahayana fue, en su origen, un movimiento centrado en los hombres y las mujeres de la comunidad laica, en su mayoría.  Desde el comienzo, había tenido la tendencia a prestar menos atención a las normas de conducta monástica que la que observaban los monjes de la Antigua Escuela de Sabiduría, el Theravada.  Más aún, los grupos monacales que surgieron en la China adoptaron una estructura muy distinta del Samgha, u Orden Budista, como había existido en la India.  Por lo tanto, uno podría preguntarse por qué Fahsien se preocupó tanto por viajar a la India y obtener ejemplares de las reglas de disciplina monástica.  Pero toda comunidad de monjes o de monjas debe tener reglas y disposiciones que gobiernen las actividades de sus miembros, como seres humanos y creyentes budistas.  Esto es válido en cualquier época o lugar.  Fa-hsien, sin duda, sintió que las reglas vigentes en las comunidades chinas eran inadecuadas.  Por eso, determinó hacer cuanto estuviese en sus manos para remediarlo.  Kumarajiva había compartido sus inquietudes.  Poco después de ingresar en Ch’ang-an, en 402, se dispuso a traducir activamente las reglas monacales.  Así, en 403 inició la traducción de Reglas de Disciplina de Diez Categorías, el vinaya de la escuela Sarvastivada, en sesenta y un volúmenes.  Esto indica cuánto ansiaba la grey budista china obtener conocimientos correctos y precisos sobre las reglas de la vida religiosa.

 

Las autoridades del gobierno chino tomaron medidas en numerosas ocasiones para restringir las actividades budistas o para suprimir la religión por entero.  Su excusa, para hacerlo, siemrpe era la degeneración y el desorden que prevalecía entre los miembros de la comunidad monástica.  Así, por ejemplo, acusaban a los templos de ocultar armas, de involucrarse en la producción ilegal de bebidas alcohólicas o de violar los votos del celibato.  Desde luego, este tipo de acusaciones no eran las verdaderas razones por las cuales el gobierno buscaba perseguir la fe en el budismo.  Éstas deberán hallarse, mucho más profundamente, en la antiquísima hostilidad que las instituciones y pensamientos taoístas y confucianistas demostraron hacia las creencias extranjeras.  Cuando el budismo se difundió por toda la sociedad china tan deprisa, estos grupos, particularmente los miembros del clero taoísta, no perdieron una sola oportunidad de conspirar contra los budistas y de incitar al gobierno a que tomara medidas hostiles.  Si no hubiese existido corrupción ni decadencia moral entre los círculos monásticos budistas, los grupos contrarios al budismo habrían descubierto alguna otra excusa para lanzar sus ataques.  Pero las evidencias de corrupción moral entre los monjes les brindaron una oportunidad ideal para centrar su hostigamiento, pues los rumores de actividades escandalosas podían ser empleados con gran eficacia para agitar al pueblo cuyas ofrendas sostenían los templos y volverlo en contra del clero.  Antes de finalizar este análisis de la disciplina monástica, quisiera subrayar otro hecho importante, y es que la adhesión estricta a las reglas de disciplina religiosa no constituye, por sí sola, la totalidad de la práctica budista.  En otras palabras, observar las reglas de disciplina no es un fin en sí, sino un mero paso en el proceso hacia la comprensión del Camino búdico.  Los chinos, con su larga historia y su alto nivel de desarrollo cultural, sin duda lo advirtieron.  Y ésta es una de las razones por las cuales el Budismo Theravada, fundamentalmente centrado en las reglas monásticas de conducta, nunca alcanzó un grado de difusión relevante en el territorio chino.

Anuncios

Gracias

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: