querido diario: todos los hombres son p

29 Jul

 

 

            

                              …putos, palabra tan políticamente incorrecta que, aunque irremplazabe, casi no se utiliza. Es por el miedo, ¡ya no se soportan las verdades tangueras!.  Escribo desde el Rancho Atómico, en lo más frío del invierno, descansando de todos los trabajos del verano y del otoño, reducidas por ahora las tareas de Arthur y Jeremías a su mínima expresión. Pronto comenzará el trabajo intenso,  como cada año, al ritmo de la vida.  Así que entre eso… y el relativo encierro de Julio, dedico los días a escribir mi trabajo que, se supone, expondrá algún tema central de las ciencias penales: ¡elegí la culpabilidad!, así que hasta la entrega, estoy sumida en mi mambo científiko que, con todo y el amor que le tengo, me repudre cíclicamente. (Estelita me  retaría desde su autoridad de Entomóloga, no puedo hablar “contra” la ciencia sin que me sermonee; con razón, yo creo).  Pero me hice una promesa en la cama, abrazada a mi bolsa de agua caliente, mirando el cielo estrellado de la pampa al sur en esas noches largas en que me pongo a leer y a escuchar la radio: ¡tengo que desarrollar mi teoría, por el bien de la Humanidad!, pero sobre todo, por el bien de las chikas;  será cuando termine de ser “seria”.  Yo parto de una simple premisa: “Todos los hombres son putos”. Como comprenderás, se trata de una ultracompactación al estilo de “El medio es el mensaje” o “El medio es el masaje”, pero tengo mucho que decir y estoy dispuesta a sostenerlo ¡hasta las últimas consecuencias!. Mirá el caso Andrei, sin ir más lejos… y me refiero a su “amistad” con Volodia, aunque eso es anecdótico: paso a paso y caso a caso no hago sino confirmar mi teoría y sabés que no me refiero a que sean “gays” (¡pero qué palabra horrrrrrible!) o derechamente “homosessssuale'”, que eso es otra cosa. Yo hablo de una forma de relación que sólo es masculina, (por decirlo de algún modo) y que ni siquiera denomino “amistad”, aunque bien puede tratarse de  “el” amigo, generalmente, amigo desde la infancia, adolescencia o juventud, cuando no (quizás la peor hipótesis, aunque el “mejor amigo” ya de por sí es insufrible, siempre portador y ferviente difusor de  pseudoteorías muy del gusto varonil tipo   “las mujeres no saben lo que es la amistad, son traidoras, envidiosas, etc, etc, etc, etc, etc, etc, etc, etc, etc…”), decía, cuando no, la presencia de algún iluminado líder carismático o de  alguna forma berreta de ideología, partido político o grupete religioso a la carta. Siempre me pregunté por qué los hombres parecen necesitar de  otra, una o  “la”  instancia legitimadora… justamente frente a la mujer, rol que recae sobre otro hombre al que atribuyen poderes mágicos, sabiduría suprema o visiones del futuro.  Pero no tengo más tiempo, se me queman las galletitas de avena que estoy preparando para la visita matera de Doña Betty Draper, mi profesora de tejido Nivel Superior I (pullover manga ranglan y cuello tipo camperita). Y lo peor: ¡tengo que terminar mi trabajo científiko! como bien muestro en la foto que te pegoteo y que me tomaron las chicas de la pensión, cuando vinieron de visita…

Trabajando, en mi escritorio…

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