antecedentes de las persecusiones budistas: China en los siglos V; VI y IX

18 Nov

 

 

EL BUDISMO CHINO

 

Daisaku Ikeda

Emecé Editores, S.A. Buenos Aires, 1993. Trad. de Paula Tizzano de Hornos

 

 

antiguos grabados chinos: imagenes de Buddha

 

 

Otro hecho que nos conmueve cuando examinamos la historia de las persecuciones budistas en la China es que en muchos casos se produjeron a raíz de conflictos entre el budismo y las religiones o sistemas filosóficos tradicionales de la China, particularmente el confucianismo y el taoísmo.  En todos los casos, vemos que, cerca del soberano, hubo algún consejero taoísta o confucianista que lo instigó a iniciar la actividad hostil al budismo.  Ya que este punto también esclarece el vínculo entre la religión y el Estado en la sociedad tradicional china, examinemos la situación que se generó en el caso de las principales persecuciones.  Como ya vimos, el emperador T’ai-wu de la dinastía Wei del Norte era entusiasta adherente al taoísmo y, no sólo estableció un templo taoísta por fuerza en la capital, sino en cada distrito administrativo del país, con lo cual convirtió al taoísmo en religión oficial del Estado.  Pero anteriormente, cuando el emperador T’ai-wu ascendió al trono, exhibió una actitud tolerante hacia el budismo, y hasta intervino en las celebraciones del octavo día del cuarto mes lunar en honor del nacimiento del Buda, cuando las calles se vieron pobladas por procesiones de imagenes budistas y el Emperador les rindió homenaje esparciendo flores sobre ellas.  En este período, el budismo gozó de intensa popularidad en toda el área de China del Norte.  El emperador T’ai-wu, que descendía de ancestros nómades, se debe de haber sentido obligado a reconocer la fe de las masas que controlaba.  No obstante,entre los colaboradores estrechos de T’ai-wu, había un tal Ts’ui Hao, erudito chino que odiaba la religión budista.  Con el tiempo, este personaje fue ocupando lugares más encumbrados dentro del gobierno y, a la vez, logró impulsar a un practicante taoísta llamado K’ou Ch’ ien-chih a que se erigiera entre los confidentes del soberano.  Estos dos hombres fueron ganándose la adhesión del monarca y convirtiéndolo en un estusiasta mecenas del taoísmo.  Cuando llegó el momento, lo persuadieron de que tomara medidas para erradicar el budismo.

 

K’ou Ch’ien-chi parece haber sido un individuo bastante cuestionado, que realizaba sus prácticas religiosas en una caverna y que, entre sus diversos logros, escribió una obra taoísta en sesenta volumenes.  Según se afirmaba, el texto le había sido dictado por las deidades celestiales.  Ts’ui Hao, a su vez, tenía una reputación bastante dudosa.  Al comienzo, el Emperador no se mostó muy confiado en los consejos que pudiesen provenir de él, aunque al final consiguió que el monarca se fiara de sus palabras, merced a su elocuencia y a sus constantes ofrecimientos.  La historia muestra muchos ejemplares de lideres políticos que, al llegar a la cúspide de su poder, se dejaron persuadir por hombres de tendencia o personalidad dudosa, por lo  general con resultados nefastos.  El emperador T’ai-wu, por citar un ejemplo, fue persuadido de lanzar una persecución al budismo que, durante un tiempo, sacudió con furia el área dominada por la dinastía Wei septentrional.  Pero los procedimientos de Ts’ui Hao no tardaron en suscitar la oposición generalizada y, en el 450, este sujeto fue ejecutado junto con todos los miembros de su familia.  La persecución al budismo no concluyó oficialmente sino hasta que el emlperador T’ai-wu murió, en 454.  Pero en los últimos años de su gestión, cuanto tanto K’ou Ch’ien-chih como Ts’ui Hao habían desaparecido de la escena, las medidas contra la religión fueron decreciendo.  En el caso de la persecución budista del emperador Wu, de la dinastía Chou del Norte, también hubo figuras siniestras detrás de la escena.  La principal fue un hombre de Szechwan llamado Wei Yüan-sung.  La dinastía Chou del Norte había sido fundada por miembros de la familia Yü-wen, descendiente del pueblo nómade conocido como Hsien-pei, y asentó su capital en Ch’ang-an.  Ya que Ch”ang-an había sido asiento de la antigua capital de la dinastía Chou, los regentes de la familia de Yü-wen escogieron llamar Chou a su dinastía e hicieron cuanto pudieron por imitar el benévolo gobierno de los antiguos reyes-sabios del clan anterior, los monarcas Wen y Wu, que tanto son ensalzados por los clásicos confucianistas.  Así, adoptaron esta última religión como base de su regimen.  Cuando el emperador Wu ascendió al trono de la dinastía Chou del Norte, en 560, invitó a distintos eruditos confucianistas a que lo asesoraran en su gestión.  Para ordenar los asuntos del estado, observó los principios y rituales confucianistas.

 

En 567 de la era cristiana, cuando el emperador Wu tenía veinticinco años, un monje budista llamado Wei Yüan-sung, célebre por sus palabras y su conducta excéntricas, presentó un documento al trono, en el cual sostenía que los templos y monjes conocidos en la China hasta ese momento no representaban las auténticas enseñanzas budistas.  Entonces, propuso que se pusiese punto final a las formas tradicionales del budismo y que se organizara una nueva iglesia budista, que abrazara toda la nación y a sus habitantes en un solo templo único.  Para cerciorarse de que el plan fuese atractivo, alegaba que el regente Chou debía encabezar el nuevo templo, como manifestación del Tathagata o Buda en persona.  Basado en la propuesta de Wei Yüan-sung, el emperador Wu se deshizo del budismo y del taoísmo en 574 mediante el decreto de prohibición.  Pero probablemente no habría podido desplegar estos actos, si la comunidad budista no hubiese sido culpable de ciertos abusos.  En realidad, muchos de los templos habían adquirido proporciones gigantescas, y las autoridades eclesiásticas gozaban de gran poder y riqueza.  Toda la comunidad budista había llegado a constituir un cuerpo de “autogestión” que escapaba del control gubernamental.  Y además, eran muchos los monjes y monjas que ni siquiera sabían recitar los textos sagrados como correspondía, pues sólo habían ingresado en el sacerdocio con el fin de disfrutar de una vida cómoda y segura.  Para peor, cuando el emperador Wu subió al trono, hizo reunir a representantes de las religiones budista y taoísta, así como a miembros de las enseñanzas confucianistas, para hacerlos debatir.  Su propósito era generar armonía y cooperación entre los tres grupos.  Pero los budistas y taoístas procedieron a atacarse con gran acritud, y, al parecer, el disgusto que esto inspiró en el soberano fue uno de los factores que, con el tiempo, lo movieron a ordenar la abolición de ambas creencias.  Sin embargo, no creo que este desagrado y los abusos de la comunidad budista hayan sido suficientes, en sí, para motivar una persecución tan severa como la que sobrevino tiempo después.  Como último factor, debemos mencionar las maquinaciones de otro personaje, el sacerdote taoísta Chang-Pin, que obtuvo acceso al Emperador y trabajó codo a codo con Wei Yüan-sung para inflamar su antagonismo hacia el budismo.  Por fin, sus esfuerzos, sumados a la política militar del regente y a su disgusto por ambas creencias, desencadenaron la firma del edicto de 574, que proscribía las dos religiones.  La tercera de las persecuciones Wu, que se llevó a cabo por orden del emperador Wu-tsung, de la dinastía T’ang, exhibió las características de los hostigamientos descritos, aunque la situación fue mucho más compleja y la magnitud, muy superior a cualquier otra hostilidad que hubiese acontecido hasta ese momento.  La dinastía, agostada por las guerras y rebeliones, se acercaba a su fin, y debilitó al budismo de tal forma, que la religión nunca pudo recuperar su antiguo vigor.  Ya que sucedió durante la era Hui-ch’ang, se conoce la persecución por este mismo nombre.  El movimiento se inició en 840, cuando el emperador Wu-tsung subió al trono.  Avanzó según planes cuidadosos, y culminó el edicto del octavo mes de 845, que sintetizó el resultado de la persecución y reveló que la religión budista se hallaba prácticamente exterminada.  La persecución también se destaca porque, a diferencia de las anteriores, afectó a toda la China, más que a la región septentrional.  Esto significa que también fueron afectados los grandes centros meridionales, que hasta ese momento habían eludido las hostilidades…

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