un genio florentino

1 Feb

 

del arte de la guerra

 Niccolò Macchiavelli,

ciudadano y secretario florentino

dedicado a Lorenzo de Filippo Strozzi, patricio florentino

 

Editorial Gradifco SRL. Argentina, 2011  Traducción de Sergio Albano

 

 

un raro homenaje (merecido)

un raro homenaje (merecido)

 

 

 

PREFACIO

 

 

Mucha gente piensa, Lorenzo, que no existen dos cosas más incompatibles y más discordantes que la vida civil y militar.  No resulta raro entonces que, desde el primer momento que un hombre resuelve emprender la carrera militar, cambie el vestuario y hasta también altere sus costumbres.  Incluso su manera de hablar se aleja del comportamiento civil habitual.  Una explicación de por qué se produce esto parte del hecho de que aquel que pretende estar listo y predispuesto para acometer con violencia considera que no debe usar ropa común, del mismo modo que el que juzga que ciertos modales y actitudes son afeminados y despreciables respectivamente no puede hacer gala de ellos, como tampoco cree adecuado ostentar un aspecto normal y manejarse con un lenguaje común quien pretende intimidar a los demás con su barba y sus insultos.  Todo esto no hace sino corroborar la opinión que emití al principio.  Pero si consideráramos las instituciones antiguas, no hallaríamos nada más ligado y más conectado en torno a un afecto genuino que las esferas civil y militar.  Porque cualquier medida que adopta una sociedad civil con el objeto de satisfacer el bien común, cualquier institución que regula la vida en el temor de Dios y de la ley serán inútiles si no se contara con mecanismos de defensa.  Con éstos en regla, aquellas sobreviven, aunque sea con dificultades.  Por más de que un regimen aparente fortaleza, sino cuenta con protección militar se arriesgaría a padecer exactamente lo mismo que un palacio soberbio y real que, aunque rebose de orto y piedras preciosas, carezca de un techo que lo proteja de la lluvia.  Si en el resto de los asuntos de la vida ciudadana y nacional se hacían soberanos esfuerzos por mantener la disciplina, la paz y el respeto por Dios, en la milicia esto se cumplía con mayor rigidez.  Porque la patria debe exigirle una disciplina mayor a aquel que ha jurado dar la vida por ella.  Asimismo, la paz es más valorada por quien sólo puede ser herido por la guerra.  Y el respeto por Dios se hace imperioso para aquel que día tras día entrenta infinitos peligros.  Mientras las personalidades que estaban por encima de los mandos militares y las que se hallaban al frente de los ejércitos tenían presente esta necesidad, el resto de la sociedad veía con orgullo la vida de los soldados, hasta el punto de que se esforzaba por seguirla e imitarla.  Pero como la institución militar se corrompió en extremo y se alehó del antiguo modelo hasta límites insospechados, surgieron esas funestas opiniones que causaron odio contra la milicia e incitaron a evitar el trato de quienes la ejercían.  En vistas de los que pude ver y oir, llegué a la conclusión de que no es imposible reconducirla a los antiguos modelos y devolverle su virtud pasada, al menos en parte.  Por eso, para no pasar este tiempo dedicado al ocio sin hacer nada, decidí escribir lo que se del arte de la guerra, a fin de complacer a quienes aman los hechos de los antiguos.  Y aunque constituye un atrevimiento de mi parte que me aboque a un asunto ajeno a mi profesión, no creo que me equivoque al ocuparme de palabra sobre algo que otros, en arrogante actitud, trataron de hecho;´porque los errores que yo pudiera cometer escribiendo se podrían corregir sin consecuencia, mientras que los que produjeron en el terreno de los hechos sólo se conocen tras la caída de los imperios.  Por lo tanto usted, Lorenzo, juzgará los méritos del siguiente trabajo.  Su juicio lo revestirá de crítica o alabanza.  Se lo dedico para demostrarle mi gratitud por las atenciones que usted me ha dedicado.  Reconozco,  no obstante, que no tengo posibilidad de corresponderlo como se merece porque, de acuerdo con la costumbre de honrar con obras a quienes brillan por su nobleza, riquezas, ingenio y liberalidad, sé perfectamente que no hay muchos que lo igualen en riquezas y nobleza; que en ingenio, son pocos los que lo hacen; y en liberalidad, nadie.

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