¡Maní, maní!

6 Feb
la bella planta de maní

la bella planta de maní

             

          Amo el maní, lo digo para sentar un principio. Maní es calor y luz que ciega; eso africano, caribeño, mezcolanza americana que se escapa por su aroma.  ¿Conocen la planta?: porque las vainas crecen bajo la tierra madre y salen muy orondas y algo sucias cuando las arrancamos. No pretenderán que les cuente de los mil y un usos del maní porque hoy quiero concentrarme en uno: la gloriosa manteca. O mantequilla, como le dicen en algún otro barrio del conventillo americano.  Aceite, harina, ingrediente de maravillosos platos de cocina en África y en China, tabletas dulces, galletitas, casamientos con suculentos chocolates, praliné, turrones, helados y cremas de repostería, ¡el Mantecol!, esta preciosa semilla lisita y sensual ha contribuído a la buena alimentación de parte de la humanidad, a lo largo de los siglos. Su perfume al tostarse es un regalo de los dioses. Como alguna vez viví en una pequeña ciudad de un pequeño país de la pequeña y preciosa América Central, recuerdo los días en que me llevaba a casa, con las compras del pueblo, una bolsa de papel repleta de calentito maní con cáscara recién tostado junto con otra bolsita de café…¡ídem!. Placer único pasar y entrar a esa tienda con mucha madera aunque fuera sólo para quedarse un ratito, disfrutando los perfumes. ¡Ataban los paquetitos de café con piolín!. O mecate, justo es decirlo… si decía “piolín” en esos pagos tan lejanos del mío, nadie me hubiera comprendido.  La pasta de maní no goza de gran popularidad en la gauchesca Petibonia. ¡Lástima!: he tomado esta causa como personal, asumiendo los hechos con valor. La manteca derivada de la leche de vaca fue la que nos crió en la infancia: sin sal, como se usa acá. En un tiempo era bastante económica, hoy es carísima.  Es grasa animal, amigos, algo que quizás tenga más contras que ¿proes?.  Como fuere, tal vez no consuman lácteos, o son veganos… o son irrecuperables adictos, like me. Ya sé: pueden comprarla hecha, lo que resulta algo oneroso también, aunque es una posibilidad. Yo recomiendo hacerla en casa: es hermoso, sencillo y barato.  Por otra parte les permite adecuarla a su punto justo y a su gusto de tostado.  Van a la semillería, dietética o similares y piden un kilogramo de maní pelado, sin tostar, cuyo precio en Petibonia es de menos de U$S 2. O sea, diría Sócrates, dos condiciones: pelado y crudo. El tostado es algo delicado: pueden hacerlo en olla bien gruesa a fuego súper bajito, revolviendo cada tanto con cuchara de madera.  Pueden intentar con el horno, desparramando el maní sobre una plancha. But, ¡Cuidado!: es un tostado leve; cuando el maní se pasa o quema, ¡se enoja muchísimo!, volviéndose amargo, incomible. Lo dejan enfriar y le quitan la película roja.  ¿Cómo?: ¡inventen algo!. Yo lo coloco en cantidades no muy grandes en un colador de fideos viejo, de plástico: frotando el maní ya tostado y enfriado suavemente contra el recipiente, se aflojan al toque las cascaritas que, a su vez (obra del ingenio nac & pop) caen por los agujeritos del colador. Después lo doy vueltas en el aire, tirando y “atajando” en el mismo colador, así el vientito se lleva el resto.  Cuando completé todo el proceso y me quedé con un buen recipiente lleno de maní apenas marroncito, lo paso DOS veces por el molino de cereales manual que es mi segunda madre. Primero se pasa más sueltito, después más apretado.  Y allí ya tenemos la exquisita pasta de maní que caerá del molino a un lindo recipiente con tapa, de poca altura, mejor.  Si lo dejamos asentar, se acomodará parejito formando con las horas una buena capa de aceite en su superficie, que pueden retirar y aprovechar, si quieren.  Dejen fuera de la heladera si no hace mucho calor y lo consumen relativamente rápido. Caso contrario, guarden en heladera y retiren cuando quieran regalarse la mejor tostada con mermelada de frutillas del universo, el mejor relleno para tortas y bombones o lo que se les ocurra.  También pueden probar con la licuadora, de a pequeñas cantidades y con mucho cuidado; pero ese procedimiento me resulta en lo personal mucho más engorroso y algo antiestético.  Gustos son gustos.  Como el regalo que les dejo, la joya de las canciones cubanas, interpretada de modo exquisito por Bola de Nieve y, como corresponde, dedicada al dulce maní, al manisero, a una niña en el balcón y a un infinito pregón…

 

 

 

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