Mayo comienza siempre en primero…

29 Abr

 

¡Pan!: dibujo de Käthe Kollowitz

¡Pan!: dibujo de Käthe Kollowitz

 

 

 

Cierta vez Therese se puso a referirle -Karl permanecía a su lado, junto a la ventana y miraba a la calle- la muerte de su madre; cómo corrían la madre y ella, cierta noche de invierno -tendría ella a la sazón unos cinco años- por las calles, cada una con su hatillo, en procura de un echadero para pasar la noche; cómo  la madre la llevaba primero de la mano -arreciaba un temporal de mucha nieve- y no era nada fácil avanzar- hasta que se le entumeció la mano y soltó a Therese, sin volverse siquiera para mirarla; y ella entonces, con grandes esfuerzos, tuvo  que sujetarse por sí misma de las faldas de su madre.  Therese tropezó a menudo y hasta llegó a caerse, pero la madre seguía adelante como presa de una obsesión, y no se detenía.  ¡Y qué nevadas aquéllas, en las largas y rectas calles de Nueva York!.  Karl aún no había pasado ningún invierno en Nueva York.  Si camina uno contra el viento, y éste gira en círculo, entonces no pueden abrirse los ojos ni un instante; y el viento, sin cesar, le frota a uno la cara con nieve, y uno corre, pero sin adelantar nada; es en verdad desesperante.  Y con todo, un niño, claro está, aventaja siempre a los adultos, ya que corre por debajo del viento y hasta siente un poco de alegría y placer en todo eso.  Y así, aquella vez, Therese no podía comprender del todo a su madre, y estaba físicamente convencida de que, si aquella noche se hubiese conducido con más inteligencia -era todavía una niña muy pequeñita- frente a su madre, ésta no hubiera tenido que sufrir aquella muerte tan miserable.  La madre ya llevaba entonces dos días sin trabajar, ya no poseían ni la más ínfima moneda, habían pasado el día a la intemperie y sin probar bocado y en sus hatillos sólo arrastraban unos trapos inservibles que, acaso por superstición, no se atrevían a tirar.  Ahora bien, para la mañana siguiente creía la madre que podría obtener una ocupación en una obra en construcción, pero temía -cosa que trató de explicar a Therese durante todo el día- no poder aprovechar esa ocasión favorable, pues se sentía muerta de cansancio ya por la mañana y para espanto de los transeúntes había tosido y arrojado mucha sangre; su único anhelo era llegar y calentarse en alguna parte y descansar.  Y precisamente aquella noche resultaba imposible hallar el más insignificante rincón.  Allí donde el casero no comenzaba ya por arrojarlas del zaguán, refugio en el que, de todas maneras, hubiera sido posible reponerse algo del temporal, atravesaban corriendo los estrechos y  helados pasillos e iban subiento afanosamente los altos pisos, rodeando las estrechas terrazas de los patios, llamando a las puertas a la buena de Dios, ya sin atreverse a hablarle a nadie, ya rogándole a cada uno de los que encontraban, y una o dos veces hasta llegó la madre a arrodillarse sin aliento, en el peldaño de una escalera soledosa y atraía hacia sí violentamente a Therese que casi se defendía, y la besaba con dolorosa presión de sus labios.  Si luego se piensa que eran éstos los últimos besos, no se concibe cómo, aún siendo una pequeña criatura, se ha podido ser tan ciega para no comprenderlo.  Alguno de los cuartos por los que pasaban tenían las puertas abiertas para dar salida al aire sofocante y en medio de aquel humo brumoso que, como causado por un incendio, llenaba los cuartos, no surgía sino la figura de alguien que aparecía en el marco de la puerta, demostrando , ya por su muda presencia, ya por una breve palabra, la imposibildad de un albergue en dicho cuarto. Ahora, a través de esa visión retrospectiva, parecíale a Therese que sólo en las primeras horas la madre había buscado seriamente algún sitio; pues pasada la media noche probablemente ya no le había dirigido la palabra a nadie, si bien no había cesado de correr, entre pequeñas pausas, hasta la hora del alba y aunque hubiera en aquellas casas, donde jamás se cierran ni las puertas de calle ni las del interior, un movimiento constante y se topara uno con gente a cada paso.  Desde luego aquello no era, en verdad, una carrera y la rapidez de su marcha se debía sólo al esfuerzo extremo de que ellas eran capaces, y en realidad sólo pudo haber sido un lento arrastrarse.  Therese no podía tampoco precisar si, desde la medianoche hasta las cinco de la madrugada, habían estado en veinte casas o sólo en dos o siquiera en una sola…  

 

…Para la niña todo aquello implicaba naturalmente sufrimientos inconcebibles: el verse ya sujetada por la madre, ya asida a ella, arrastrada sin una sola palabra de consuelo; y todo esto no parecía tener entonces más que una sola explicación para su corta inteligencia, y era ésta: la madre pretendía huir de ella.  Por eso se aferraba Therese cada vez más -aún cuando la madre la llevaba de una mano, aferrábase ella para mayor seguridad también con la otra-  a las faldas de la madre, y sollozaba a intervalos.  No quería ella que la abandonasen allí, entre las gentes que subían ruidosamente la escalera delante de ellas, que a su espalda, invisibles todavía, se aproximaban tras un recodo; que reían en los pasillos ante una de las puertas, empujándose mutuamente al interior de los cuartos.  Beodos ambulaban por la casa con su sordo canturrear, y la madre conseguía deslizarse felizmente con Therese a través de grupos de tal gente que iban a cerrarles el paso.  Sin duda, a altas horas de la noche, cuando ya no se prestaba atención y ya nadie insistía con rigor absoluto en su derecho, habrían podido meterse siquiera en uno de aquellos dormitorios colectivos, subarrendados por empresarios; ya habían pasado frente a varios, pero Therese no entendía nada de eso y la madre ya no buscaba descanso…

 

 

 

Amerika; Franz Kafka 

Alianza Editorial Madrid; 1978,  con autorización de Emecé Editores, S.A; Buenos Aires; 1943 –  Traducción de D.J. Vogelmann

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2 comentarios to “Mayo comienza siempre en primero…”

  1. davidlife9 4 mayo, 2013 a 16:09 #

    Me encanta tu blog! sigue trabajando así! Te sigo!
    Puedes disfrutar de mi poesía en diariodeunpoetanaufragado.wordpress.com
    Espero que te gusten y se ruega opinión o comentario.
    Me gustaría publicarlos y las opiniones siempre vienen bien.

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