Thornton Wilder: Cleopatra VII y César opinan sobre religión

22 May

 

LOS IDUS DE MARZO

Thornton Wilder

Emecé Editores S.A; Buenos Aires,1967 (Primera Edición)

Alianza Editorial S.A; Madrid, 1974 (con autorización de Emecé Ed.)

Traducción de Maria Antonia Oyuela

 

 

 

LIBRO TERCERO

XLII-A   Del diario epistolar de César a Lucio Mamilio Turrino, en la Isla de Capri

 

 

975.  Tú me diste la inspiración de una idea tan evidente hoy para mí, que corro el riesgo de olvidar que te la debo: lo importante que sería para el Estado estimular la identificación de los Dioses nacionales con los extranjeros. En algunas regiones ha resultado difícil, en otras, asombrosamente sencillo.  En casi toda la Galia Septentrional, el Dios del roble y de las tormentas (cuyo nombre “Hodan Quotan” ningún romano ha sido capaz de pronunciar nunca) se ha confundido tiempo ha con Júpiter y sonríe diariamente en las bodas de nuestros soldados y funcionarios con las rubias hijas de aquellas selvas. Los templos de mi antepasada (ser refiere a Venus, de la cual decía descender la familia Julia por intermedio de Julo, hijo de Eneas, a su vez hijo de Afrodita) se han fundido en oriente con los de Astarté y Astoreth.  Si vivo lo bastante, o si mis sucesores comprenden también la importancia de unificar los cultos, todos los hombres y las mujeres del mundo se llamarán hermanos y hermanas en Júpiter.  Esta unificación universal ha tenido recientemente una consecuencia algo ridícula de la que voy a presentarte algunos ejemplos.  Su Majestad Piramidal, la Reina de Egipto, ha solicitado ser admitida a los misterios de nuestra romanísima Bona Dea.  Tú has tenido siempre gran afición por los estudios de genealogía y teología, pero no creo que ni siquiera por ello querrías explorar la imponente documentación en que fundamenta sus derechos.  Cleopatra no hace nada a medias, mi antecámara está abarrotada con los fardos de su documentación.  Su solicitud se apoya en dos puntos básicos: su descendencia de la Diosa Qu’eb y su descendencia de la Diosa Cibeles.  Ya  una pequeña dosis de todo esto lo deja a uno turulato, pero resumiré en tu beneficio unas trescientas páginas, tratando de conservarles su estilo, aunque no tengo frente a mí los textos correspondientes.  “Los teólogos griegos autorizaron, hace más de doscientos años, la identificación de Qu’eb y de Cibeles (ver doscientas páginas adjuntas)”;  “En oportunidad de la visita a la Reina Dicoris, de la Armenia Litoral, a Roma (en el año 89), el Maestro de los Ritos descubrió una identidad de emanaciones entre Cibeles y la Bona Dea (ver rollos X y XI adjuntos);  “El Supremos Pontífice recordará que cuando la Reina de Egipto le mostró en Alejandría sus documentos genealógicos (¡pamlinas!) -y a pesar de que en aquella época aún no había divulgado su estirpe egipcia (¡por cierto que no!)- se disponía a reclamar los derechos que le daba sobre Tiro y Sidón el matrimonio de su bisabuelo (el buen hombre no valía más muerto que vivo) con la Reina Aholibah.  Soy, pues, por intermedio de las Reinas Jezabel y Atalía, descendiente y archisacerdotisa por herencia de Astoreth.  Dada esta vinculación, y habiendo sido la Reina Jezabel prima hermana de Dido, Reina de Cartago (fíjate en la amenaza implícita: mi abuelo engaño a su tía abuela), etc., etc.”.  Todo ello es absolutamente verídico: los jerarcas orientales son varias veces primos entre sí. En síntesis: le he escrito comunicándole que, luego de la conveniente instrucción, se la admitirá a la primera parte de los ritos, y que esta autorización no se le otorga por ninguno de los motivos alegados respecto a su parentesco con la Bona Dea o con cualquier otra divinidad, sino simplemente porque la Diosa se complace en recibir, antes de medianoche, a todas las mujeres que quieran prosternarse ante su altar.  Debo añadir que el galimatías anterior tiende a presentar un retrato falso de la Reina de Egipto, ya que refleja el único aspecto de su espíritu que no es excepcionalmente sensato.  Y te diré, para terminar, que Cleopatra omitió incluir entre los argumentos que apoyan su solicitud la mención de un hecho en extremo curioso.  Las devotas de la Bona Dea usan en las ceremonias un tocado que por cierto no es romano ni griego, y al que conocen por el nombre de “turbante egipcio”.  Cómo pudo llegar hasta aquí es cosa que nadie ha explicado nunca.  ¿Pero quién podría explicar todos los símbolos, las influencias y las manifestaciones de esa mezcla universal de terror y de júbilo que es la religión?

 

 

 

 

Cleopatra VII, tal como Miguel Ángel la soñó

Cleopatra VII, tal como Miguel Ángel la soñó         

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