memorias de la niña anormal: una introducción

31 May

 

Soy fea. Y ni siquiera alta.  No llevo ropa ni zapatos a la moda…¡me encantaría!; sólo que, además de ser fea y bajita, soy pobre. O sea, mi familia es pobre y, desde hace tiempo, presa de una decadencia irreversible.  Hago lo mejor que puedo para seguir adelante, también lo peor: me quedé en el mundo aunque poco a poco  se  volvió triste, descolorido y ajeno, impenetrable casi.  Construí una vida a la distancia, una vida de la que nadie supo, sabe ni puede saber jamás.  A los once años la Fe me abandonó.  A los 13, la Razón.

 

 

 

 

 

La niña anormal, cuando no parecía serlo: una foto escolar

La niña anormal, cuando no parecía serlo: una foto escolar

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