memorias de la niña anormal: la tele fue mi segunda madre…

14 Jun

 

Parece que hace calor: el ventanal que da al balcón vuelto al cielo, está abierto, con la persiana apenas baja.  Quizás haya luz en la cocina y en algún cuarto,  pero el living está a oscuras, apenas irradiado por el blanco y negro de la tele.  Un señor vestido de modo extravagante, con peluca y  grandes anteojos, habla sin parar mientras  hace que fuma un cigarro; mis padres se ríen y  me mandan a la cama.  Porque es domingo, y mañana hay que ir a la escuela. Me trepo al respaldo de un sillón y me quedo lo mismo: espero  unos gatitos que pasan en fila vendiendo lanas, a un chico que se entalca la cola mientras canta y a otros aún que despiden  los males del mundo porque toman laxantes, jarabes y tónicos.  Otro señor se accidenta en la calle, ¡suerte que llega una ambulancia con el algodón correcto!

 

 

 

 

¡Suerte que todos se bañan y cenan a tiempo!

¡Suerte que todos se bañan y cenan a tiempo!

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