Un clásico argentino: las páginas amarillas del Sr. Guevara Lynch

23 Jul
Dr. Ernesto Guevara Lynch  y  un habano...

Dr. Ernesto Guevara Lynch y un habano… de La Habana

 

 

 

El socialismo y el hombre en Cuba

Consejos al combatiente

Pasajes de la guerra revolucionaria

 

 

Edición algo “clandestina”, ca. 1968/9, posterior a la muerte del Che Editorial Síntesis, sin fecha. Publicación argentina sin más anotaciones ni indicaciones críticas acerca del material publicado; prologado por su autor, Ernesto Guevara

 

 

 

Estimado compañero: Acabo estas notas en viaje por el África, animado del deseo de cumplir aunque tardíamente,  mi promesa.  Quisiera hacerlo tratando el tema del título –El socialismo y el hombre en Cuba-.  Creo que pudiera ser interesante para los lectores uruguayos*.  Es común escuchar de boca de voceros capitalistas, como un argumento en la lucha ideológica contra el socialismo, la afirmación de que este sistema social o el período de construcción del socialismo al que estamos nosotros abocados, se caracteriza por la abolición del individuo en aras del Estado.  No aretenderé refutar esta afirmación sobre una base meramente teórica, sino establecer los hehcos tal cual se viven en Cuba y agregar comentarios de índole general. Primero esbozaré a grandes rasgos la historia de nuestra lucha revolucionaria antes y después de la toma del poder.  Como es sabido, la fecha precisa en que se iniciaron las acciones revolucionarias que culminarían el primero de Enero de 1959, fue el 26 de Julio de 1953. Un grupo de hombres dirigidos por Fidel Castro atacó la madrugada de ese día el Cuartel “Moncada”, en la provincia de Oriente.  El ataque fue un fracaso, el fracaso se transformó en desastre y los sobrevivientes fueron a parar a la cárcel, para reiniciar, luego de ser amnistiados, la lucha revolucionaria.

 

Durante ese proceso, en el cual solamente existían gérmenes de socialismo,  el hombre era un factor fundamental. En él se confiaba, individualizado, específico, con nombre y apellido, y de su capacidad de acción dependía el triunfo o el fracaso del hecho encomendado.  Llegó la etapa de la lucha guerrillera.  Esta se desarrolló en dos ambientes distintos: el pueblo, masa todavía dormida a quien había que movilizar, y su vanguardia, la guerrilla, motor impulsor de la movilización, generador de conciencia revolucionaria y de entusiasmo combativo.  Fue esta vanguardia el agente catalizador,  el que creó las condiciones subjetivas necesarias para la victoria.  También en ella, en el marco del proceso de proletarización de nuestro pensamiento,  de la revolución que se operaba en nuestros ámbitos, en nuestras mentes , el individuo fue un factor fundamental.  Cada uno de los combatientes de Sierra Maestra que alcanzara algún grado superior en las fuerzas revolucionarias, tiene una historia de hechos notables en su haber.  En base a éstos lograba sus grados.  Fue la primera época heroica, en la cual se disputaban por lograr un cargo de mayor responsabilidad, de mayor peligro, sin otra satisfacción que el cumplimiento del deber.  En nuestro trabajo de educación revolucionaria, volvemos a menduo sobre este tema aleccionador.  En la actitud de nuestros combatientes se vislumbraba el hombre del futuro.  En otras oportunidades de nuestra historia se repitió el hecho de la entrega total a la causa revolucionaria.  Durante la crisis de Octubre o en los días del ciclón “Flora” vimos actos de valor y sacrificio excepcionales realizados por todo un pueblo.  Encontrar la fórmula para perpetuar en la vida cotidiana esa actitud heroica, es una de nuestras tareas fundamentales desde el punto de vista ideológico.

 

En Enero de 1959 se estableció el gobierno revolucionario con la participación en él de varios miembros de la burguesía entreguista.  La presencia del Ejército Rebelde constituía la garantía de poder, como factor fundamental de fuerza.  Se produjeron enseguida contradicciones serias, resueltas, en primera instancia, en Febrero del ’59, cuando Fidel Castro asumió la jefatura de gobierno con el cargo de primer ministro.  Culminaba el proceso en Julio del mismo año, al renunciar el presidente Urrutia ante la presión de las masas.  Aparecía en la historia de la Revolución Cubana, ahora con caracteres nítidos, un personaje que se repetía sistemáticamente: la masa.  Este ente multifacético no es como se pretende, la suma de elementos de la misma categoría, reducidos a la misma categoría, además por el sistema impuesto, que actúa como un manso rebaño.  Es verdad que sigue sin vacilar a sus dirigentes, fundamentalmente a Fidel Castro, pero el grado en que él ha ganado esa confianza responde precisamente a la interpretación cabal de los deseos del pueblo, de sus aspiraciones, y a la lucha sincera por el cumplimiento de las promesas hechas.  La masa participó en la Reforma Agraria y en el difícil empeño de la administración de las empresas estatales; pasó por la experiencia heroica de Playa Girón; se forjó en las luchas contra las distintas bandas de bandidos armadas por la CIA; vivió una de las definiciones más importantes de los tiempos modernos en la crisis de Octubre y sigue hoy trabajando en la construcción del socialismo.  Vistas las cosas desde un punto de vista superficial, pudiera parecer que tienen razón aquellos que hablan de la supeditación del individuo al Estado; la masa realiza con entusiasmo y disciplina sin iguales las tareas que el gobierno fija, ya sea de índole económica, cultural, de defensa, deportiva, etc.  La iniciativa parte en general de Fidel o del alto mando de la revolución y es explicada al pueblo que la toma como suya.  Otras veces, experiencias locales se toman por el partido y el gobierno para hacerlas generales, siguiendo el mismo procedimiento.

 

Sin embargo, el Estado se equivoca a veces.  Cuando una de esas equivocaciones se produce, se nota disminución del entusiasmo colectivo por efectos de una disminución cuantitativa de cada uno de los elementos que la forman, y el trabajo se paraliza hasta quedar reducido a magnitudes insignificantes;  es el instante de rectificar.  Así sucedió en Marzo de 1962 ante la política sectaria impuesta al partido por Aníbal Escalante.  Es evidente que el mecanismo no basta para asegurar una sucesión de medidas sensatas y que falta una conexión más estructurada con la masa.  Debemos mejorarlo durante el curso de los próximos años, pero, en el caso de las iniciativas surgidas en los estratos superiores del gobierno, utilizamos por ahora el método casi intuitivo de auscultar las reacciones generales frente a los problemas planteados…

 

 

*Escrito en Marzo de 1965 para el semanario Marcha de Montevideo, Uruguay, y dirigido a su director, Aníbal Quijano.

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