cartas julias: “El Sexo”; escritos inéditos de la Dra. Estela Artuá

24 Jul
¡Urgente!

¡URGENTE!

 

 

 

 

 

 

 

Addis Abeba;  África exótica, ¡tan lejana de mi barrio reo!

 

Querida y lejana amiga Princesa:

                                                                                ¡”No se habla de sexo con el marido”!, me dijiste un día.  Bueno, el Dr. Moreau nunca fue mi esposo, justo es decirlo, pero fue mi amor,  el amor de mi vida.  No, quizás no deba hablarse ni con el mismísimo Dr.Moreau sobre …”eso”, tengo una cierta idea, primitiva por cierto, ultramontana e indigna de una de las fundadoras de la Internacional de las Modernas Chicas! y es la siguiente: no se debe hablar de sexo prácticamente con ningún hombre, marido o no… salvo que sea gay, por supuesto.  Sin embargo, no lo entiendo, o no quiero entenderlo; me hubiera gustado conversarlo con él especialmente, claro, si hubiera podido.  Pero el Dr. Moreau es ahora mi ex, bueno, no es mi ex-marido ni mi ex-novio ni mi ex-amante porque nunca fuimos nada de eso, pero es mi ex-amor, eso sí. Entonces, querida Princess  y siguiendo tus notables consejos, puedo deducir que ¡menos se habla de sexo con el ex-lo que fuere!, ja, ja, ja, rs.rs.rs…  Ya ves, me río de Janeiro y de mi desgracia, ¿qué otra cosa podría hacer en Addis Abeba?.  Tenés razón: ya no compartimos abrazos, ni caricias, ¡mucho menos sexo!. No obstante, mi espíritu científiko, ¡que es ¡indomable! me lleva a escribirte, a interrogarme, a reflexionar, como cuando la vida nos da un sacudón y el tipo nos deja en la estacada, que es lo que más estimula esa misma ansia de saber, de comprender, en nosotras, las mujeres.  Bueno, me sincero: es casi lo único que después de llorar y moquear, de desesperarnos y no bañarnos ni comer durante una semana o más, nos impulsa.  ¡Nunca repitas esto, querida!, mis colegas masculinos y sobre todo las feministas, se ocuparían de desprestigiarme en cuanto foro cientifiko y/o polítiko que se les ponga a tiro.  Y no quiero pasar por eso, me la banco sola, lloro en silencio y sigo mi vida. Como suele suceder, la vida se va apagando, a pesar de esos ramalazos, makyos casi, en los que el cuerpo, o vaya a saber qué…”recuerda”.  ¿Tendré que aprender a vivir con eso?.  ¿O  “sin”  ESO?, ¡ja, ja, ja!.  Vivo así desde  hace tiempo, de congreso en congreso, de conferencia en conferencia, de universidad en universidad, de colecciones de súper mosquitos y langostas de las selvas profundas. Quizás mi sufrimiento esté llegando a su fin, aunque no del modo en que lo esperaba, por cierto: sabido es que las mujeres esperamos siempre cosas raras, insólitas, especie de milagros que alteren el orden de las cosas. Quizás la vida tenga su “lógica”  y su sabiduría; entonces, ahora que ya no tengo ese problema, que ya viví los años más solitarios de mi vida, -¡y eso que siempre fui y soy solitaria!-, dolores profundos y la tremenda impotencia de ver que sentimientos, sensaciones, deseos y tonteras fantaseadas llegaran a mi cabeza pero nunca pudieran salir de mi boca…me consuelo pensando que es una suerte no haberme casado nunca, y muy especialmente, no haber tenido hijos.  Antes no lo veía así; tenía ilusiones, era joven, hasta recuerdo haber tenido un cuerpo sintiente.  Pero fue en otra vida, no en ésta. Duele renunciar a una ilusión, pero no tanto si nos damos cuenta de que era eso, ¡una ilusión!.  Todas las ilusiones cayeron, querida Princess, especialmente -¡me vas a retar por lo que digo, I know!- la idea de estar con alguien… sexualmente hablando, ejem.  Pero, ¿para qué luchar?.  Quizás no se pueda, quizás hay cosas que tenemos que aceptar; lo contrario, para mí equivaldría a renovar todo este sufrimiento y esta tremenda soledad que me dejó la partida del Dr. Moreau.  Vos sabés, Princesa, que los hombres son así: ¡siempre detrás de sus propios e importantísimos asuntos!, pero si este tipo vive para su proyecto científiko  en la Isla y ¡que se caiga el mundo!.  Ya no tengo tanto tiempo, sí mucho trabajo y sobre todo, ¡muchas cosas que escribir!.  ¿Era YO esa que sentía?; ¿Acaso no te pasó lo mismo con el cretino de Andrei?: mientras vos sufrías como loca en la Pensión donde todas tratábamos de hacerte el aguante, el supuesto “ex-príncipe” se daba la vida loca en Santorini, con la pérfida condesa. ¡Y lo bien que hicieron ella y vos también -porque cuando las papas queman encima te manguean un pasaje- en dejarlo varado allí, trabajando de mozo hasta juntar el último mango que lo trajera de vuelta a casa!.  ¿Era YO esa que sentía?: ahora me parecen fantasmas de la mente, fantasmas del sentir, fantasmas de haber estado ligada alguna vez a un cuerpo “sintiente”. Y me parece mirar otra vida, un sueño, una película extraña y algo incomprensible… o a OTRA persona.  Sin embargo, la vida es hermosa…

 

       Dra. Estela Artuá, tu amiga del alma y entomóloga de cabecera; MP 1234567890, varada hasta no se cuándo en este triste hotel de Addis Abeba

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