de nuestro corresponsal, ¡REQUETEXCLUSIVO!

25 Nov

 

 -HOY-

Los Vecinos

el caso de la vecina “TARMA”

 

 

Amigas, miembros de mi fan club, lectoras de siempre y de las nuevas, tan bienvenidas, mi espíritu investigativo no cesa, eso ya lo saben por las sesudas pesquisas que son mi sello personal, sin concesiones ni condicionamientos, ¡incluso a costa de mi propia seguridad!, tal el caso de las sostenidas denuncias sobre la avanzada ET a través de la posesión de los cuerpos y las mentes de nuestros típicos y aparentemente ingenuos taxistas.  Pero la Gran Ciudá, algo triste, so gótica e indeciblemente mugrienta, con sus exigencias “adaptativas” que dejarían a Darwin hecho un poroto azuki… me puede, amigas, de a ratos, pero me puede: mis ya famosas libretas de apuntes se van llenando de relatos por los que desfilan extraños sueños de neón, atormentando mis noches entre los sonidos del ascensor que sube y baja más el de la heladera que arranca en mi monoambiente, casi casi al lado de la cama, también de personajes inefables e historias “acsurdas”, de melancolía urbana, y que, justo es decirlo, rara vez logro convertir en notas.  También es obvio que tengo que ganarme el puchero y que, si sigo así, me darán el raje olímpico en el Petibonian Times, razón suficiente para decir ¡PRESENTE!, Princesa firme junto al pueblo argentino,  incluso el porteño, que francamente, ¡agota!, ‘ta que lo parió… Sostengo la cocina cotidiana, mi anclaje infinito; apenas la escritura, mi cable a tierra aunque con frecuentes fallas en la conexión eléctrica que parcho hasta con alambre oxidado; mucho menos sostengo mis lecturas en los espacios vacíos del infinito trajín al cohete que caracteriza a las grandes urbes, donde queda muy bien “trajinar y quejarse”, aunque sea al divino cohete; y todo eso sin mencionar mi amado tejido, si hasta una bonita media de hilo rojo espera su compañera ya que, ¡gracia’ a Dió’! todavía tengo dos pies, y la seguirá esperando por el momento… no obstante, aquí estoy. Citando las alentadoras palabras de una de mis filósofas de cabecera, la Dra. Gloria Gaynor, ¡SOBREVIVIRÉ!, expresión de lo cual es este primer approach a un tema candente y, a su vez, continuidad de mis estudios psicosociales sobre la vecindad y sus floridos representantes, o sea, los VECINOS.  

Conocida como soy tanto por mis afanes literarios como por mis afanos “idem”, homenajeo con el título de la presente entrega, al escritor Isidoro Blaisten, el de los cuentos maravillosos, quien supo plasmar en ese relato y con esa palabra, la perfecta semblanza de una familia de “termitas” humanas, que, a semejanza de las hormigas del mismo nombre, arrasan con todo lo que encuentran a su paso.  Mientras sea de garrón, es claro, y sin otro proyecto que aprovechar, sobrevivir y “disfrutar” de una vida algo lumpen, eso sí, pero vida al fin, incluso, con apariencia de ascenso social. Con algo de suerte. un poco de ingenio, especialmente si se trata de una representante “tarma” de sexo femenino, hasta con la dicha  de encontrar un marido europeo,  americano o, si todo  esto falla, al menos un pechito argentino que las mantenga, exactamente su “media naranja simétrica”, también conocido como “el gil de goma” . En la bonita vecindad de un viejo amigo, ubicada en la República de San Telmo, zona superpoblada de tarmas, la encontré sin esfuerzo alguno: en el caso, una tarma, digamos…”caribeña”, si bien la problemática no reconoce fronteras ni origen étnico.  La vecina en cuestión sabe todo sobre todos, y sabe, en primerísimo lugar, el fixture de cuanta vernissage, inauguración, avant premiére, degustación de vinos o conferencia acerca de los misterios del cosmos, el hambre en el mundo o la política internacional de Burundi, temas que despiertan su total y súbito interés sobre todo si sirven saladitos, champagne y hay otros candidatos a la vista. Apenas conocerme me invitó a la conferencia de un ignoto y nada interesante para mí “escritor”: y es que la tarma detesta estar sola. La vecina tarma, como tantas otras, siempre tiene una hermana, que también “necesita”, algo imperiosamente, venir a completar sus “estudios  universitarios o postuniversitarios”.  Tuvo una infancia difícil, muuuuuuuuuuuuuy difícil que se ocupa prolijamente de contarme, parada en la puerta de su departamentito; también tiene un hermanito problemático, algo consumidor de extrañas sustancias… la tarma quiere salvar a toooooooooda su familia, es conmovedor, chicas. Con puntualidad inglesa, el hermanito o alguno de sus primos, que también arde por conocer nuestro hermoso ispa, se instalará por unas semanas o…¡for ever and ever!, preferentemente no en casa de la tarma, sino en la de un gentil conocido local, al que rogará solícita en chancletas y piyama. Mi vecina tarma no trabaja, es obvio: primero, porque después de enganchar al pobre Cristo -y nunca mejor dicho, ya que su esposo (sí, chicas, ésta consiguió casarse con papeles y todo) es un representante del noble pueblo judio, al que valoran por su frecuente tez blanca, su cabello claro y su conocida propensión a proteger y ayudar a los perseguidos y necesitados del orbe, además de su tendencia a la vida familiera  y su impronta paternalista-  decía… porque ya enganchó uno.  Y segundo, aunque no menos importante, porque ella “vino a ES-TU-DIAR”, me aclara con pasión, y no a trabajar en el “SER-VI-CIO  DO-MÉS-TICO” o alguna indignidad semejante.  Carreras de rigor, Cine y/o Psicología, es que aquí todos son taaaan cultos y psi, también me aclara por las dudas, ¡que me encanta!.  En el caso de marras, y, ante mi pregunta sobre sus estudios, reconoce que “aquí el nivel es alto, hay que estudiar muchisimisimisimisimo”, confrontándome con mis sostenidas creencias en una cierta y lamentablemente continua decadencia de nuestro perfumado sistema educativo. Debe ser una mezcla de factores, colijo… o sea:  ya enganché marido + es “muuuuuuuuuy difícil”= dejé a los tres meses de comenzar.  A renglón seguido me cuenta de sus desgracias producto, como es sabido, de la “tremenda discriminación”: ya la “botaron” puntualmente de sus tres tibios intentos de trabajo.  Ni pregunto si sigue buscando, ya sé la respuesta, que es…  “No”, también  “con la crisis que hay”, sonríe simpática y sin contradicción ante el evidente dato de que su esposo sí trabaja, ¡ja, ja, ja!, si me permiten la risa nada literaria: es que mientras no se involucren hasta resulta graciosa, pizpireta y una bonita morochona, mientras no se involucren, dije.  Y mientras no le atiendan el teléfono, cumplo en aclarar, ya que si no la encuentran en el pasillo de la vecindad santelmense, se ocupará de plantarnos tres horas en el aparato para contarnos “otro tremendo episodio de discriminación”.  A mí me embocó en el teléfono, ignorante, eso sí, de mi condición de investigadora implacable, para contarme, con lujo de detalles, el episodio que, con fines pedagógicos, paso a relatar: Como está al divino cohete, suele frecuentar por las noches, en compañía de una amiga “ídem”, bares, pubs y restaurantes visitados por turistas ancche indígenas porteños de cierto nivel adquisitivo. Consumen algo, pero baratito, al menos, lo más “barato” de lo nada barato que esos lugares suelen ser, siempre con los fondos aportados por el gil de goma, de más está aclararlo. Revolotean caribeñamente, con sus rulos y moños, risas y voces algo elevadas de tono, variándose en entretenidas conversaciones con el primero que se les ponga a tiro. Que siempre hay alguno, justo es decirlo, ni hace falta que lo aclare ante mis lectoras que son lectoras con “a”, nunca “lectoooooores”, ya saben, sujetos de acceso prohibido a esta columna que se autodestruye en cinco segundos si la intenta leer un representante del sexo débil.  Y pasó lo que tenía que pasar ante la frecuentación, noche tras noche, de un mismo local y la reiteración, noche tras noche, del mismo comportamiento: el encargado, quizás el propio dueño, a la quinta o sexta noche de observar la misma situación, las llama discretamente y les comunica que no podrán volver a entrar; quizás y muy razonablemente, interpreta que levantan puntos o peor, que chamuyan incautos para después esquilmarlos.  ¡Craso error!, pienso para mis adentros: prostitutas no son; en tal caso, serían hermanas que se ganan el mango duramente, o sea, trabajando, algo que mi vecina tarma jamás haría.  Tampoco son ¡chorras, vos, tu vieja y tu papá!, como bien cantó nuestro bardo local, el gran Discepolín, probable víctima de otra que le sacó el mercadito, producto de “diez años de paciencia y de yugar”.  Nada de eso, son, nada más y nada menos que ¡tarmas!.  No obstante, el señor algo percibe, ese “algo” que lo impulsa a solicitar amablemente a la vecina tarma que no vuelva por allí. ¿No te parece que si una amiga y yo hiciéramos lo mismo correríamos la misma suerte?,  “De ninguna manera”, contesta ofendida -porque la vecina tarma es de ofensa fácil-, “es que me discriminan”.  La vecina tarma, firme en sus convicciones, quizás hasta creída de sus propias razones, avanza sin hesitar.  Y hablando de poco un todo, ¿a qué no saben cómo conoció la vecina de marras a su víctima propiciatoria?.  Sí, mis sagaces lectoras, lo saben: ¡por Facebook, foto ad hoc mediante!. Por hoy, más que suficiente: aunque mis investigaciones prosiguen y hasta topé con dos versiones masculinas dos, repentinamente interesados por esta servidora y con unos treinta años menos que yo; mi jefa de redacción, la Lic, Virginia Luque me tiene loca a mensajitos ya que se viene el cierre de la edición vespertina. Y por algo más que me convoca desde el sentimiento profundo: una querida amiga requiere de mis servicios profesionales y de mi afecto personal… madre abnegada, tratará de salvar a su retoño veinteañero de un ataque tarma proveniente del exterior caribeño.  Y es que se enamoró de esta muchacha que lo adora y lo llama “mi novio”, a pesar de no haberlo visto en su corta vida y que proyecta dedicarse, con pasión digna del Doktor Freud, a estudiar “Psicología pero acá”, no “allá”.  Salgo a los piques, que ya le confesó amor eterno y parece estar con un pie en el avión, porque “puedo quedarme en tu casa y me ayudarás, ¿no es así?”

by Princess!, laburante joya, nunca tarma

by Princess!!, laburante joya, nunca tarma

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