de nuestro corresponsal viajero, ¡primicia!: el 148 “E”

30 Dic

-HOY-

 

Rumbo al lejano sur…

 

 

 

by Princess!!; experta en bondis, corriéndose al fondo, por favor.

by Princess!!; experta en bondis, corriéndose al fondo, por favor.

 

Voy rumbo al Sur, en un bondi amarillo y blanco.  Corro por la plaza que recuerda la Constitución de Petibonia, tan cascoteada como el barrio que lleva su nombre; como es domingo, está casi vacía: apenas uno o dos grupitos de borrachines, compartiendo las sidras de rigor para despedir el año, o los rezagados que vuelven a casa después de una noche de sábado; y los laburantes empilchados, que van a pasar el día con la familia de los suburbios, o hasta los que van al cementerio, a dejar unas flores a la madre.  Alrededor de la plaza estacionan los colectivos vacíos, a la espera de la orden de salida.  Los choferes bajan e intercambian oscuras consignas, insondables arcanos y misteriosos papeles donde anotan “cosas” con la inspectora de cara  severa y pantalón azul.  ¡Pero todos son iguales!, pienso. .. aunque yo tengo que tomar el “E”, ¡y ningún otro 148!, so pena de ir a parar a barrios perdidos, de los que nada sabemos.  “¿Éste es el E, señor?”, pregunto al fercho de camisa blanca.  Suerte la mía: es el “E” y ya sale.  Entonces subimos, y el chofer coloca el mágico cartelito… “E”.  Sólo eso me pone contenta; enseguida me acomodo en un lindo asiento, alto, desde donde puedo ver pasar la vida y el camino.  ¡Raudo parte el chofer, que parece contento también!: pasamos Barracas, el reino proletario de las casas bajas, con ropa colgada en las terrazas, outlets, depósitos y vecinas barriendo las veredas; subimos a los piques el Puente Pueyrredón, sobrevolando el Riachuelo, bordeando las fábricas abandonadas, los imponentes silos a la distancia… entonces llega la radio, qué lindo: porque el chofer pone la radio, al fin, “su” radio, entusiasmado, libre; dentro de todo, es domingo y se puede escuchar la radio.  Y el bondi se va llenando de chamamé, de bailanta, de avisos de ferias y de restaurantes paraguayos, la dulce lengua guaraní, el sonido del arpa.  Avellaneda todavía es coqueta, es el sur, pero cercano.  En algún edificio alto y cheto de la Avda. Mitre, dos obreros paraguayos se asoman a un balcón casi casi terminado; conversan, mirando a lo lejos, conversan y cuidan los departamentos en los que nunca vivirán.  Pero yo voy al sur lejano, más allá de Wilde, de Solano, donde todo ralea y se hace ruta, gomería y parrilla, donde todo se hace más barrio, barrio interminable, cortado apenas por las calles principales, las de la Muni, los negocios, las inmobiliarias, los colegios, la universidad, los hospitales.   Voy en el bondi que no sé si existe, el que tomé en la plaza que los constituyentes ¡ni deben haber imaginado!, la plaza de la Constitución…

¡Fotos exclusivas del Petibonian Times!

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