La difusión del cristianismo

11 Ene

EL LIBRO DE LAS RELIGIONES

 

Jostein Gaarder, Victor Hellern, Henry Notaker

 

Traducción del noruego de Kirsti Baggethun y Asunción Lorenzo

Biblioteca Gaarder Ediciones Siruela

Ediciones Siruela; Madrid, 2009

ISBN  978-84-9841-268-0

Los primeros cristianos

Según Jesucristo, los doce apóstoles formaron el germen del nuevo reino de Dios que llegaría.  Entre ellos Pedro fue la figura principal.  Otro personaje importante fue Santiago, hermano de Jesús.  La primera congregación cristiana la constituyeron judíos que cumplían con la ley de Moisés, participaban en los servicios del templo y de la sinagoga y, en suma, vivían como judíos piadosos.  Lo que les distinguía de otros judíos era su creencia en que Jesús de Nazareth era el Mesías prometido.  Eran considerados una secta judía y se hablaba de ellos como “el partido del nazareno”, a diferencia de los fariseos y los saduceos.  Al principio no había un abismo entre el cristianismo y el judaísmo.  También “los creyentes en Jesús” eran judíos. La conversión del fariseo Saulo (Pablo) alrededor del año 32 d.C. tuvo una importancia decisiva para la difusión del cristianismo.  No es exagerado decir que fue él quien,  mediante su actividad de muchos años, convirtió el cristianismo en una religión universal.  Realizó su labor en dos planos:  en primer lugar viajó por todo el mundo grecorromano proclamando el evangelio de Jesús entre los no judíos.  Y en segundo lugar expuso los fundamentos de la teología cristiana en sus muchas epístolas a las nuevas congregaciones.  En las epístolas de Pablo, el cristianismo aparece como una religión independiente y Jesucristo como el salvador de la humanidad.  Un tema importante en la Iglesia cristiana de los primeros tiempos era la relación entre los cristianos judíos y los cristianos gentiles  (es decir,  aquellos que no eran judíos).  ¿Deberían éstos, por ejemplo, ser  circuncidados antes de convertirse en cristianos?.  Muchos de los cristianos destacados de Jerusalén de las primeras décadas después de Cristo, entre ellos Santiago, opinaban que sí.  Pablo, por parte, era de otro parecer.  Él había viajado entre los “gentiles” y había visto cómo adoptaban la fe en Jesucristo sin temer conocimientos íntimos del judaísmo.

Una Iglesia, muchas comunidades religiosas

Hoy la cristiandad está dividida en muchas comunidades religiosas que difieren en su organización, doctrina, servicios religiosos y actitud ante distintas cuestiones sociales.  Se puede decir que la Iglesia permaneció indivisa hasta 1054,  en que se dividió en dos: la católica romana y la ortodoxa.  A principios del siglo XVI surgieron algunas comunidades eclesiásticas opuestas a ciertos aspectos de la doctrina y la práctica de la Iglesia católica.  Estas formaron la Iglesia anglicana, la reformada y la luterana.  Desde entonces han surgido nuevas Iglesias, destacando distintos aspectos del evangelio cristiano.  Podríamos mencionar la metodista, las comunidades baptistas, las congregaciones de Pentecostés, la Unión de los cuáqueros, los adventistas,  etcétera.  La historia de la Iglesia es el relato de cómo se ha difundido el mensaje sobre Jesucristo a través de las vidas y predicaciones del distintos individuos.  Por tanto, podemos decir que la historia de la Iglesia es una historia misionera.  Como en la Biblia no existen directrices inequívocas para la organización de la Iglesia, las distintas comunidades eclesiásticas han elegido diferentes formas de organización,  Hay iglesias en las que se da una gran importancia a la institución en sí, y otras que presumen de que lo principal es la comunidad de individuos que comparten sus experiencias religiosas y su opinión sobre las distintas cuestiones éticas y religiosas.  Las expresiones como “Iglesia del pueblo”, “Iglesia libre” e “Iglesia estatal” muestran la existencia de diferentes formas de organización.  Esta variedad de formas se debe en parte a interpretaciones distintas de ciertos pasajes de la Biblia, y en parte a las condiciones culturales y temporales en las que han surgido.  Asimismo, en la división de las Iglesias, han intervenidos factores etnopsicológicos, sociológicos y geográficos.  Ahora bien, a pesar de todas las diferencias, la mayor parte de las comunidades cristianas tiene un fundamento común: la Biblia.  Asimismo, la mayor parte acepta uno o más de uno de los Credos que fueron formulados en los sínodos antiguos: el apostólico, el niceno, el atanasiano.

El mundo cristiano

En parte debido al importante papel que desempeña la misión en el cristianismo, éste se ha convertido en la más difundida de todas las religiones.  Hoy en día se distinguen tres ramas principales de esta fe, cada una de ellas centrada en diferentes áreas geográficas.  Primero, la Iglesia católica romana, que domina en el sur de Europa y América Latina y que además tiene grandes minorías en Estados Unidos y África.  Luego la Iglesia ortodoxa, que tiene su punto de gravedad en Grecia y el este de Europa, y por último las Iglesias protestantes, que se localizan sobre todo en el norte de Europa, Estados Unidos y Australia.

Diferentes tipos de comunidades eclesiásticas

Basándonos en la doctrina de cada Iglesia sobre asuntos religiosos fundamentales, podemos dividir las distintas comunidades o confesiones cristianas como sigue:  

1.  Se puede distinguir entre dos alas:  una tradicional y rica en formas, y otra que rechaza o ha perdido gran parte de la tradición eclesiástica de la época antigua y medieval: el ala católica y la protestante.  Hecha esta diferenciación, se puede añadir que la Iglesia católica romana se encuentra en un extremo del ala y los baptistas en el otro; y que entre estas dos estarían:  el anglicanismo, el luteranismo y el metodismo.

2.  Otro tipo de división se basa en el significado del bautismo.  Una iglesia que basa la participación en el bautismo infantil es intrínsecamente abierta e inclusiva, cuyo deseo es llegar a todo el mundo.  Tiene sacramentos, clérigos y servicios religiosos caracterizados en mayor o menor medida  por la liturgia.  Las iglesias que rechazan el bautismo infantil son por naturaleza excluyentes, pensadas tan sólo para los creyentes.  La adhesión es voluntaria, y depende en muchos casos de un acto confesional: bautismo en edad adulta o testimonio personal,. Una Iglesia de este tipo no suele tener ni sacramentos ni clero.

3.  La tercera categoría se basa en lo que cada comunidad religiosa enfatiza más, tales como la organización (la constitución de la Iglesia), la doctrina, los servicios religiosos.  El luteranismo pone el mayor énfasis en la doctrina, la Iglesia católica romana en la constitución de la Iglesia,  y los servicios litúrgicos constituyen el punto de enfoque en la ortodoxa

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