Tecnología medieval y cambio social: escritos de Lynn White (h)

30 Ene

Tecnología medieval y cambio social

 

Lynn White (h)

 

Versión castellana de Ernesto Córdoba Palacios

Editorial Paidós S.A.I.C.F.;  Buenos Aires, 1973

 

 

El combate con carga de caballería y la modalidad de la vida feudal

"una caballería para luchar de esa mueva  y muy costosa manera..."

“una caballería para luchar de esa mueva y muy costosa manera…”

 

 

La clase feudal de la Edad Media europea existía para que sus miembros fuesen jinetes armados, caballeros que combatían de una manera particular, posible gracias al estribo.  Esta élite creó una cultura secular estrechamente vinculada a su estilo de combate y que ofrecía un acentuado paralelismo con la cultura eclesiástica de la Iglesia.  Las instituciones feudales, la clase de los caballeros y la cultura caballeresca se modificaron, crecieron y decayeron;  pero durante un millar de años conservaron la impronta de su origen, o sea de la nueva tecnología militar del siglo VIII.  Si bien en el reino franco de ninguna manera había desaparecido de la circulación el dinero, el Occidente en el siglo VIII se hallaba más  cerca de una economía de trueque que cualquiera de sus dos contemporáneos, Bizancio y el Islam.  Por otra parte, la burocracia del reino carolingio era tan escasa,  que resultaba difícil la recaudación de impuestos por parte del gobierno central. La tierra era el tipo fundamental de riqueza.  Cuando reconocieron que era necesidad esencial procurarse una caballería para luchar de esa nueva y muy costosa manera,  Carlos Martel y sus herederos adoptaron la única medida posible:  apoderarse de tierras de la Iglesia y distribuirlas a los vasallos con la condición de que prestasen servicio como caballeros en las huestes francas.  El nuevo método de lucha implicaba grandes gastos.  Los caballos costaban mucho y la armadura se hizo más pesada para poder hacer frente a la nueva violencia del combate con carga de caballería.  En el año 761 un tal Isanhard vendió las tierras heredadas de sus antepasados y un esclavo, por un caballo y una espada.  Al parecer, el equipo militar de un sólo  hombre costaba, en general, el equivalente de unos veinte bueyes, o sea los equipos de labranza de por lo menos diez familias campesinas.  Pero los caballos morían: el caballero necesitaba volver a montar otro caballo para desempeñarse eficazmente; y su escudero también debía ir adecuadamente montado.  Además, los caballos comen grandes cantidades de grano, circunstancia importante en una época de más escasa producción  agrícola que la actual.  Si bien en el reino de los francos el derecho y el deber de portar armas correspondían a todos los hombres libres independientemente de su posición económica,  era natural que la gran mayoría de ellos sólo pudieran llegar a pie hasta el lugar de alistamiento, provistos de armas y armaduras relativamente baratas.  Como ya se ha recordado, también dentro de ese grupo trató Carlomagno de reclutar caballeros, ordenando que los hombres libres menos prósperos se asociaran en grupos, de acuerdo con la extensión de sus tierras, para equipar a uno de ellos y enviarlo a las guerras.  Tal disposición debía de resultar difícil de aplicar en la práctica, y de hecho no sobrevivió a la confusión imperante en los últimos años del siglo IX.  Pero en el fondo de esta disposición estaba el reconocimiento de que, si la nueva tecnología bélica debía progresar constantemente, el servicio militar tenía que convertirse en cuestión de clase.  Los que por razones económicas no podían combatir a caballo padecían una debilidad social que no tardó en configurar una inferioridad legal.  En el año 808 el desatinado texto de una capitular,  De exercitu promovendo, establece una diferencia entre liberi y pauperes,  ese modo de expresión es legalmente inexacto,  pero apunta hacia una época en que la libertad pasaría a ser en gran medida una cuestión de propiedad.  Dos capitulares del 825 demuestran la rapidez con que se modificaban los conceptos.  Una distingue “liberi” de “mediocres quippe liberi qui  apossunt per se hostem facere”,  en tanto que la otra se refiere a estos últimos como “liberi secundi ordinis”.  Al derrumbarse el imperio franco, el feudalismo que los carolingios habían creado deliberadamente en función del nuevo método militar de combate con carga de caballería,  para que fuese la columna vertebral de su ejército, se convirtió en élite gobernante, no menos que en élite combatiente.  Desapareció la vieja leva de hombres libres (aunque no todos infantes) y se abrió un abismo entre una aristocracia guerrera y la masa campesina.  Más o menos hacia el año 1000, la voz miles había dejado de significar “soldado” (soldier) y había sido sustituída por “caballero” (knight).  A decir verdad, el aristócrata feudal bien podía ser gobernante,  pero ello era más bien consecuencia de su condición de guerrero.  Un estudioso de la poesía medieval ha destacado que “la nota esencial de la verdadera condición de caballero es abatir malvados; no es una magistratura, sino un sustituto o complemento de ésta”.  La imagen del caballero reflejada en la respectiva literatura demuestra que su autoestima se basaba principalmente en dos virtudes ideales: lealtad a su señor feudal  (y, después de la intervención de los trovadores, también a la dama del señor feudal) y valentía en el combate.  Tanto la loiautee como la proesce fueron actitudes vinculadas a los orígenes del feudalismo.  Los miembros de la clase feudal conservaban sus tierras y disfrutaban de un status en razón de la lealtad con que cumplían sus obligaciones de prestar servicio como caballeros.  Gradualmente el concepto se fue ampliando y pasó a incluír otras “ayudas”,  particularmente los servicios en el palacio del señor feudal.  Pero originaria y básicamente el servicio del caballero consistió en tomar parte en el combate con carga de caballería.  Cuando a fines del siglo IX se diluyó la autoridad real central,  la subenfeudación permitió que el concepto de lealtad feudal mantuviera su vigencia.  Las tenencias feudales se convirtieron rápidamente en hereditarias, pero sólo podían ser heredadas por quien estuviera en condiciones de cumplir la obligación como caballero.  Complicadas disposiciones sobre la tutoría de menores y reglamentaciones que imponían a las viudas la obligación de casarse, preservaron este requisito esencial de la enfeudación.  La clase caballeresca nunca repudió la condición originaria de su existencia:  o sea, el que se le concedía una dote para que combatiese, y que todo el que no pudiera o no quisiese cumplir sus obligaciones millitares perdía el derecho a esa dote.  La obligación de prestar servicio como caballero es fundamental en las instituciones feudales.  Es “la piedra de toque del feudalismo;  sirvió para que todo lo demás se fuera centrando a su alrededor; y su aceptación como principio determinante de la tenencia de la tierra entrañó una revolución social”.  El concepto feudal de que el goce de la riqueza es inseparable de la responsabilidad pública señala la principal diferencia entre las ideas medievales y las ideas clásicas y modernas acerca de la propiedad.  La clase de los vasallos creada a raíz de la transformación militar del siglo VIII llegó a ser durante muchas generaciones el elemento dominante dentro de la sociedad europea,  pero a través de todo el caos posterior, y no obstante los abusos, nunca perdió por completo su sentido de noblesse oblige, aún cuando una clase nueva y rival de burgueses hizo revivir el concepto romano de posesión incondicional y sin responsabilidad social de la propiedad…

Anuncios

Gracias

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: