Las páginas amarillas de Princesa García: ¿Qué es la propiedad? (II)

11 Feb

 

 ¿Qué es la propiedad?

 

Pierre Joseph Proudhon

Traducción de Rafael Díaz Ormaechea

Ediciones Orbis S.A. Hyspamérica;  Madrid, 1984

 

 

Pierre Joseph Proudhon  (1809-1865)

Pierre Joseph Proudhon       (1809-1865)

Capítulo II

De la capacidad considerada como derecho natural.  De la ocupación y de la ley civil, como causas eficientes del derecho de la propiedad

♣ 

 

 

El derecho romano definía la propiedad, ius utendi et abulendi re sua, quatemus juris ratio patitur,  como el derecho de usar y abusar de las cosas en cuanto lo autorinción vana, imagnada para la santificación de la propiedeadce la razón del derecho.  Se ha pretendido justificar la palabra abusar, diciendo que significa, no el abuso insensato e inmoral, sino solamente el dominio absoluto.  Distinción vana, imaginada para la santificación de la propiedad,  sin eficacia contra los excesos de su disfrute,  los cuales no previene ni reprime.  El propietario es dueño de dejar podrir los frutos en su árbol, de sembrar sal en su campo, de ordeñar sus vacas en la arena,  de convertir una viña en desierto y de transformar una huerta en parque: ¿todo esto es abauso, sí o no?.  En materia de propiedad, el uso y el abuso se confunden necesariamente.  Según la Declaración de los Derechos del Hombre, publicada al frente de la Constitución de 1793, la propiedad es “el derecho que tiene todo hombre de disfrutar y disponer a su voluntad de sus bienes, de sus rentas, del fruto de su trabajo y de su industria.  El Código de Napoleón, en su art. 544, consigna que “la propiedad es el derecho de disfrutar y disponer de las cosas de la manera más absoluta, en tanto no se haga de ellas un uso prohibido por las leyes y los reglamentos”.  Las dos definiciones reproducen las del derecho romano:  todas reconocen al propietario un derecho absoluto sobre las cosas y en cuanto a la restricción determinada por el Código,  al decir en tanto que no se haga de ellos un por uso prohibido por las leyes y los reglamentos,  tiene por objeto, no limitar la propiedad, sino impedir que el dominio de un propietario sea obstáculo al dominio de los demás: es una confirmación del principio, no una limitación.  En la propiedad se distingue:  1) la propiedad pura y simple, el derecho dominical, señorial sobre la cosa, o, en términos jurídicos, la nuda propiedad  y  2) la posesión.  “La posesión, dice Duranton, es una cuestión de hecho, no de derecho”.  Y Toullier:  “La propiedad es un derecho, una facultad legal; la posesión es un hecho”.  El arrendatario, el colono, el mandatario, el usufructuario,  son poseedores; el señor que arrienda, que cede el uso, el heredero que sólo espera para gozar el fallecimiento de un usufructuario, son propietarios.  Si me fuera permitida una comparación diría que el amante es poseedor, el marido es propietario.  Esta doble definición de la propiedad como dominio y como posesión es de la mayor importancia, y es necesario no olvidarla si se quiere entender cuanto voy a decir.  De la distinción de la posesión y la propiedad nacen dos especies de derechos, el ius in re, derecho en la cosa, por el cual puedo reclamar la propiedad que me pertenece de cualquiera en cuyo poder la encuentre; y el ius ad rem, derecho a la cosa, por el cual solicito que se me declare propietario.  Así, por ejemplo, el derecho de un cónyuge sobre la persona del otro es un ius in re;  el de dos novios no es todavía más que un ius ad rem.  En el primer caso, la posesión y la propiedad están reunidas;  en el segundo, sólo existe la nuda propiedad.  Yo, que por mi cualidad de trabajador tengo derecho a la posesión de los bienes de la naturaleza y de la industria, y que por mi condición de proletario no poseo nada, solicito, en virtud del ius ad rem, entrar en el ius in re.  Esta distinción es el fundamento de la conocida distinción del posesorio y del petitorio, verdaderas categorías de la jurisprudencia, pues la comprenden totalmente en su inmensa jurisdicción.  Petitorio es todo lo que hace relación a la propiedad; posesorio es todo lo relativo a la posesión.  Al escribir estas páginas contra la propiedad, insto en favor de toda la sociedad una acción petitoria, pruebo que los que hoy nada poseen son propietarios en igualdad de condiciones con los que todo lo poseen; pero, en vez de pedir que la propiedad sea repartida entre todos, solicito que, como medida de orden público, sea abolida para todos.  Si pierdo el pleito, solo nos queda a vosotros los lo proletarios, y a mí, el recurso de quitarnos de en medio:  ya nada podemos reclamar de la justicia de las naciones; porque,  según enseña en su conciso estilo el Código de procedimientos, art. 26, “el demandante cuyas pretensiones hayan sido desestimadas en el juicio petitorio, no podrá entablar el posesorio”.  Si, por el contrario, gano el pleito, ejercitaremos entonces una acción posesoria con el fin de obtener nuestra reintegración en el disfrute de los bienes que el actual derecho de propiedad nos arrebata.  Espero que no tendremos necesidad de llegar a este extremo,  pero estas dos acciones no pueden ejercitarse a un tiempo, porque, según el mismo Código de procedimientos, “la acción posesoria y la petitoria nunca pueden acumularse”.  Antes de entrar en el fondo de la cuestión, no será inútil presentar aqui algunas cuestiones prejudiciales.  La Declaración de los Derechos del Hombre ha colocado el de la propiedad entre los llamados derechos naturales e imprescriptibles del hombre, que son, por este orden, los cuatro siguientes:  libertad, igualdad, propiedad y seguridad individual.  ¿Qué método han seguido los legisladores del ’93 para hacer esta enumeración?.  Ninguno, fijaron esos principios y disertaron sobre la soberanía y las leyes de un modo general y según su propia opinión.  Todo lo hicieron a tientas e irreflexivamente.  Según Toullier,  “los derechos absolutos pueden reducirse a tres:  seguridad, libertad, propiedad.”  ¿Por qué ha eliminado la igualdad el profesor de Rennes? .  ¿Será que la libertad la supone, o porque la propiedad la rechaza?.  El  autor del Derecho Civil comentado nada dice sobre ello; no ha sospechado siquiera que ahí está el punto de discusión.  Pero, si se comparan entre sí estos tres o cuatro derechos,  se observa que la propiedad en nada se parece a los demás; que, para la mayor parte de los ciudadanos sólo existe en potencia y como facultad dormida y sin ejercicio; que, para quienes la disfrutan,  es susceptible de determinadas transacciones y modificaciones que repugnan a la idea de derecho natural;  que, en la práctica, los gobiernos, los tribunales y las leyes no la respetan; y, en fin, que todo el mundo, espontánea y unánimemente, la juzga quimérica…

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