las páginas amarillas de Princesa García: Marx critica a Hegel

10 May

Introducción para la crítica

de la Filosofía del derecho de Hegel

-Karl Marx-

 

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(de “Filosofía del derecho”; Georg W.F. Hegel)

Traducción de Angélica Mendoza de Montero – 2° ed.  Editorial Claridad, Buenos Aires; 2009

 ISBN 978-950-620-283-5

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¡Llegó el correo!

¡Llegó el correo!

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Para Alemania, en resumen, la crítica de la religión está terminada y la crítica de la religión es la premisa de toda crítica.  La existencia profana del error está comprometida, cuando se impugna su celeste oratio pro aris et focis.  El hombre que ha encontrado sólo el reflejo de sí mismo en la fantástica realidad del cielo, donde buscaba un superhombre, no se sentirá más dispuesto a encontrar sólo la apariencia de sí mismo, sólo la negación del hombre, donde indaga y debe buscar su verdadera realidad.  El fundamento de la critica religiosa es: el hombre hace la religión, y no ya, la religión hace al hombre.  Y verdaderamente la religión es la conciencia y el sentimiento que de sí posee el hombre, el cual aún no alcanzó el dominio de sí mismo o lo ha perdido ahora.  Pero el hombre no es algo abstracto, un ser alejado del mundo.  Quien dice:  “el hombre”, dice el mundo del hombre: Estado, Sociedad.  Este Estado, esta Sociedad produce la religión, una conciencia subvertida del mundo, porque ella es un mundo subvertido.  La religión es la interpretación general de este mundo, su resumen enciclopédico, su lógica en forma popular, su “point de h’onneur” espiritualista, su exaltación, su sanción moral, su solemne complemento, su consuelo y justificación universal.  Es la realización fantástica del ser humano, porque el ser humano no tiene una verdadera realidad.  La guerra contra la religión es, entonces, directamente, la lucha contra aquel mundo, cuyo aroma moral es la religión.  La miseria religiosa es al mismo tiempo, la expresión de la miseria real y la protesta contra ella.  La religión es el sollozo de la criatura oprimida, es el significado real de un mundo sin corazón, así como es el espíritu de una época privada de espíritu.  Es el opio del pueblo.  La eliminación emde la religión como ilusoria felicidad del pueblo, es la condición para su felicidad real.  El estímulo para disipar las ilusiones de la propia condición,  es el impulso que ha de eliminar un estado que tiene necesidad de las ilusiones.  La crítica de la religión, entonces, significa, en germen, la crítica del valle de lágrimas del cual la religión es el reflejo sagrado.  La crítica ha deshojado las flores imaginarias de la cadena, no para que el hombre arrastre la cadena que consuela más, que no está embellecida por la fantasía, sino para que arroje de sí esa esclavitud y recoja la flor viviente.  La crítica de la religión desengaña al hombre, el cual piensa, obra, compone su ser real como hombre despojado de ilusiones, que ha abierto los ojos de la mente, que se mueve en torno de sí mismo y así en torno de su sol real.  La religión es meramente el sol ilusorio que gira alrededor del hombre hasta que éste no gire en torno de sí mismo.  La tarea de la historia, por lo tanto, es establecer la verdad del acá, después de que haya sido disipada la verdad del allá.  Ante todo, el deber de la filosofía, que está al servicio de la historia, es el de desenmascarar la aniquilación de la persona humana en su aspecto profano,  luego de haber sido desenmascarada la forma sagrada de la negación de la persona humana.  La crítica del cielo se cambia así en la crítica de la Tierra, la crítica de la religión en la crítica del derecho, la crítica de la teología en la crítica de la política.  La consideración que sigue  -una contribución a este trabajo-  no se vincula directamente al original sino a una copia, a la filosofía alemana del Estado y del derecho, por ninguna otra razón que porque se vincula a Alemania.  Si quisieran tomar los movimientos del statu quo alemán -aunque sólo de manera moderada, esto es, negativa-  el resultado sería siempre un anacronismo.  También la negación de nuestro presente político se encuentra ya como un hecho empolvado en el depósito de la confusión histórica, de los pueblos modernos.  Si yo reniego de los reaccionarios empolvados, tengo, sin embargo, siempre a los reaccionarios sin polvo.  Si yo condeno las condiciones de Alemania de 1843, estoy, apenas, con el cómputo francés, en el año 1789, aun menos en el fuego elipsoidal del presente.  Sí, la historia alemana se lisonjea de haber realizado un movimiento que  ningún pueblo ha hecho nunca ni hará jamás después de él en el horizonte de la historia.  Precisamente, nosotros hemos participado de las restauraciones de los pueblos modernos sin haber compartido sus revoluciones.  En primer término, tenemos la restauración porque otros pueblos osaron una revolución, y en segundo lugar, porque otros pueblos padecieron una contrarrevolución;  una vez porque nuestros amos tuvieron pavor y otra porque nuestros señores no tuvieron miedo.  Así nosotros una sola vez nos encontramos con nuestros pastores a la cabeza, en compañía de la libertad:  el día de los funerales.  Una escuela que legitima la abyección de hoy con la abyección de ayer;  una escuela que declara rebelde todo grito del siervo contra el Knut, desde el momento que el Knut es un Knut antiguo, un Knut hereditario, un Knut histórico;  una escuela a la cual la historia, como el Dios de Israel a su siervo Moisés, se manifiesta sólo a posteriori, la escuela histórico-jurídica habría por eso descubierto la historia alemana, si ella misma no hubiese sido una invención de la historia alemana.  Shylock, pero un Shylock servil, ella jura por cada libra de carne cortada del corazón del pueblo alemán sobre su crédito, sobre su crédito histórico, sobre su crédito cristiano germánico.  Al contrario, entusiastas ingenuos, alemanes de sangre y liberales por reflexión, buscan nuestra historia de la libertad más allá de nuestra historia en las primitivas selvas teutónicas.  Pero, ¿en qué se distingue nuestra historia de la libertad de la historia de la libertad del jabalí, si se debe ir a encontrarla sólo en las selvas?.  Además, es sabido que en cuanto se grita en la floresta resuena el eco fuera de ella.  ¡Paz, por lo tanto, a las primitivas selvas teurónicas!.  ¡Guerra a las presentes condiciones germánicas!.  ¡Absolutamente!. Ellas están por debajo del nivel de la historia, por debajo de toda crítica,  pero siguen siendo objeto de la crítica, como el delincuente que está por debajo del nivel de la humanidad no deja de ser un problema para el verdugo.  En la lucha con ellas, la crítica no es una pasión del cerebro, sino el cerebro de la pasión.  No es el escalpelo anatómico: es un arma.  Su objeto es su enemigo,  que ella no quiere discutir, pero sí aniquilar, puesto que el espíritu de estas condiciones es impugnado…

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