El rey Ashoka

21 May

BUDISMO

El primer milenio

 

Daisaku Ikeda

Traducción de Alberto Luis Bixio

Emecé Editores S.A. Buenos Aires, 1983 – ISBN 950-04-0253-X

 

 

 

            El siglo III a.C. vio en la India la aparición del rey Ashoka que desempeñó una parte decisiva en la propagación del budismo.  El imperio Maurya , que Ashoka gobernó, dominaba toda la India salvo la franja meridional y extendía su esfera de influencia hacia el sur hasta Sri Lanka y hacia el oeste  hasta los territorios de los estados griegos, regiones todas en las que se introdujo el budismo.  Nos dicen las fuentes que durante el reinado de Ashoka, monjes budistas viajaron desde la India hasta los estados griegos para difundir el conocimiento de su religión y que lograron hacer setenta y tres mil conversos y ordenar a un millón de monjes.  El nombre de Ashoka nos recuerda la siguiente anécdota contenida en una obra budista.  Según esa narración, Shakyamuni recorría una vez las afueras de la ciudad de Rajagaha pidiendo limosna cuando topó con dos chicos que jugaban en la arena.  Los pequeños, al observar los llamados “treinta y dos rasgos distintivos de un gran hombre” que mostraba Buda, decidieron hacerle un regalo y entonces se pusieron a modelar con arena unas tortas que colocaron en la escudilla de mendigo de Shakyamuni.  Uno de los chicos juntó la palma de las manos en actitud de reverencia.  Shakyamuni recibió con una sonrisa aquel presente de tortas de arena.  Ananda, su discípulo, que lo acompañaba le preguntó por qué sonreía y Buda replicó:  “Tengo una razón para sonreírme, Ananda, y te la haré saber.  Cien años después de mi muerte este muchacho llegará a ser rey en Pataliputra y gobernará en todas las regiones.  Su nombre será Ashoka y gobernará de conformidad con el verdadero Dharma.  Además diseminará mis reliquias por el exterior, construirá ochenta y cuatro mil stupas en honor al rey del Dharma y aportará consuelo y bienestar a innumerables seres vivos”.  Claro está, el objeto de la anécdota es poner de relieve que lo importante al dar limosnas no es la naturaleza del donativo sino el espíritu con que se lo hace.  Aquellos niños ofrecieron sus tortas de arena con espíritu inocente y pureza de corazón y Buda las aceptó con gratitud.  Desgraciadamente los adultos con demasiada frecuencia asumen una actitud calculadora cuando hacen presentes, con lo cual borran el mérito que podrían en cambio haber ganado si el don se hiciera con espíritu de verdadera generosidad y respeto.  Los estudiosos occidentales,  con su habitual escepticismo, durante mucho tiempo consideraron a Ashoka como una figura legendaria que sólo existía en los escritos de los budistas.  Pero en 1837 fueron por fin descifradas las más antiguas inscripciones indias y fueron saliendo a la luz mediante el trabajo de las excavaciones edictos y más edictos mandados inscribir por Ashoka en rocas y columnas, de modo que se hizo evidente que no sólo era una figura histórica sino que, como dijo de él  H.G.Wells,  fue en verdad “uno de los más grandes gobernantes del mundo”.  La razón de este supremo elogio está en la circunstancia de que Ashoka fue el primer monarca que abandonó la guerra, que adoptó una política de pacifismo absoluto fundada en los ideales del budismo y que dio pasos vigorosos y efectivos para asegurar la salud y bienestar de sus súbditos.  El conde Coudenhove Kalergi,  un partidario de la unidad europea,  me declaró cierta vez en una conferencia que consideraba a Ashoka merecedor del “máximo respeto entre todos los gobernantes de la historia universal”, y el biólogo inglés J.B.S. Haldane por su parte declaró que habría deseado nacer en la época de Ashoka.  Desde luego, lo que inspiró estas expresiones de admiración en hombres occidentales fueron la paz y el humanitarismo del gobierno de Ashoka,  y esto no puede sorprendernos cuando recordamos el estado de guerra casi incesante que caracterizó la historia europea.  Es muy fácil exponer una política de paz, pero muy pocos gobernantes de la historia de la humanidad aplicaron verdaderamente semejante política.  Sin embargo, Ashoka, que vivió en la India hace más de dos mil años, demostró que era posible poner en obra los ideales del pacifismo.  Además, como creyente budista que era, proscribió la matanza de criaturas vivas y tomó medidas para asegurar el bienestar de su pueblo;  mandó por ejemplo plantar árboles a lo largo de las carreteras, cavar pozos de agua a ciertos trechos, instalar casas de reposo para los viajeros, suministrar hierbas y medicinas a los enfermos.  Hasta 1915 ni siquiera se lo consideraba un personaje histórico.  Es muy posible que futuras excavaciones saquen a la luz más inscripciones suyas, de suerte que podamos aprender más sobre su extraordinaria figura.  Parece que el rey Ashoka llegó al trono alrededor del año 268 a.C.  Según el Canon Budista en sánscrito, ese acontecimiento ocurrió justo cien años después de la muerte de Shakyamuni, en tanto que las obras del Canon Pali sitúan aquel hecho  218 años después de la muerte de Shakyamuni.  A decir verdad, estas fechas se encuentran entre los datos más importantes que utilizan los estudiosos en su intento de establecer la fecha de la muerte de Buda, pero éste es un problema demasiado complejo para que lo tratemos aquí.  Siete años después de haber subido al trono, Ashoka abrazó el budismo y se convirtió así en un upasaka o creyente laico,  aunque al principio no parece haber sido muy ferviente en su credo.  En el noveno año de su reinado, Ashoka atacó el estado de Kalinga situado en la región de la actual Orissa.  En esa guerra perdieron la vida cien mil personas y fueron hechas prisioneras y trasladadas a otras regiones ciento cincuenta mil más. En ese momento aparentemente Ashoka sufrió un profundo cambio en su corazón.  Según una inscripción, la vista de los muertos y de los sufrimientos lo sumió en profunda consternación y entonces juró no emprender nunca ninguna guerra.  Antes de aquella expedición, este hombre era conocido como “Ashoka el tirano”.  Según la leyenda, en el momento en que subió al trono hizo dar muerte a noventa y nueve parientes varones y después de su entronización se desembarazó de quinientos altos funcionarios.  Después del ataque a Kalinga abandonó el gobierno basado en la fuerza militar y lo sustituyó por un gobierno inspirado en el Dharma y a partir de entonces llegó a ser conocido como “Ashoka el del Dharma”…

Capitel de Ashoka

Capitel de Ashoka

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