el rey Ashoka: segunda parte

24 May

BUDISMO

El primer milenio

 

Daisaku Ikeda

Traducción de Alberto Luis Bixio

Emecé Editores S.A. Buenos Aires, 1983 – ISBN 950-04-0253-X

 

Chandragupta Maurya, fundador de la dinastía en 321 a C. y su nieto Ashoka

Chandragupta Maurya, fundador de la dinastía en 321 a C. y su nieto Ashoka

 ♣

 

 

Aunque bien puede hablarse de un “gobierno inspirado en el Dharma”,  a Ashoka debe haberle resultado muy difícil realizar este ideal.  Aun después de la conquista de Kalinga,  quedaban muchas tribus salvajes que vivían en las colinas y selvas de las fronteras del imperio y que representaban una permanente amenaza a la paz;  además, podemos estar seguros de que los brahmanes y otros grupos de la sociedad opuestos al gobierno de Ashoka estaban continuamente al acecho de una oportunidad para derribarlo.  Según una fuente, es esa época había ciento dieciocho tribus distintas que vivían en diferentes partes de la India y especialmente el noroeste del país era escenario de constantes contiendas.  Si bien los reyes de la dinastía Maurya habían logrado unificar bajo su gobierno casi todo el subcontinente,  la situación de Ashoka no era en modo alguno tranquila ni estable.  Los textos budistas indican que afrontó peligros infinidad de veces durante su largo gobierno.  La dinastía Maurya fue fundada mediante la fuerza militar por Chandragupta,  el abuelo de Ashoka, que era un ferviente adepto del credo jaina.  En 327 a.C. Alejandro Magno había invadido la India,  pero después de su retirada,  Chandragupta logró expulsar las guarniciones griegas y alrededor del 317 a.C. atacó y derrocó al gobernante del reino de Nanda para establecer el primer imperio unificado de la historia india.  Chandragupta, con la ayuda de un astuto ministro llamado Kautilya,  estableció una red de espías políticos a través de todo el imperio y gobernó en gran medida por el terror.  En 305 a. C. entabló una lucha con Seleuco Nicator,  el rey griego de Siria a quien parece haberse impuesto.  Inmediatamente se dispuso una alianza de paz mediante la cual Chandragupta recibía como esposa a una hija del rey de Siria.  Bindusara, el hijo de Chandragupta, lo sucedió en el gobierno y continuó aplicando las severas medidas administrativas que ideara Kautilya para su padre.  Se distinguió por tener dieciseis mujeres,  de modo que Ashoka, según se decía, tenía un total de ciento un hermanos y hermanas.  Bindusara fue un típico ejemplo del llamado déspota oriental y es bien razonable suponer que debió de afrontar constantes amenazas a su posición tanto como desde el interior del país como desde el exterior.  Y, como vimos, lo mismo podría decirse de Ashoka.  La leyenda griega habla de la espada de Damocles y Ashoka también debe de haberse sentido frecuentemente en la misma situación de peligro,  sin saber nunca de dónde partiría el golpe que intentaría derrocarlo.  Ése es el destino de los poderosos.  En el caso de Ashoka, empero,  los horrores de que fue testigo en Kalinga le revelaron la espantosa naturaleza de la existencia.  En uno de sus edictos él mismo manifiesta que, después de dos años y medio de haberse convertido en upasaka y de estar estrechamente relacosionado con la orden budista y entregado fervientemente a las prácticas religiosas, abrigaba cada vez más confianza en que podría gobernar inspirándose en el Dharma.  Y, en efecto, llegó a ser el más grande monarca de toda la historia india.  Por esta razón el estado de la India actual eligió como insignia de su sello oficial el capitel coronado por un león de una de las columnas que moandó levantar el rey Ashoka.  Así y todo, las alabanzas y la gloria de que gozó Ashoka durante largos siglos de historia no se deben a su propio poder personal ni a su habilidad de gobernante.  Más bien hay que considerarlas el fruto de aquellas doctrinas que por primera vez implantó en suelo indio Shakyamuni y que preservaron y protegieron cuidadosamente los innumerables adeptos de la orden budista en sus primeros tiempos.  

 

Examinemos algunos de los edictos que mandó inscribir el orey Ashoka en rocas y columnas y veamos cómo funcionaba su gobierno.  El “Edicto sobre Roca Decimotercero”, después de describir la conquista del estado de Kalinga y los sufrimientos de que fue testigo el rey en esos momentos, dice así:  “Pero hay algo que yo, el amado de los dioses, encuentro aún más afligente:  que todos los habitantes -brahmanes, ascetas, miembros de otras sectas, jefes de familia, que son obedientes con sus superiores,  con sus padres, con sus mayores,  que tratan con respeto a los amigos, a los conocidos, a los compañeros, a los parientes, a los esclavos y a los sirvientes y que son firmes creyentes-  sufran todos violencia, asesinato y separación de sus seres amados”.  Después de expresar compasión por los sufrimientos de su pueblo el rey declara que la forma suprema de conquista es la que se realiza por obra del Dharma y trabajar para difundirlo en el extranjero.  También declara que al enviar emisarios ha exhortado a los varios estados de la frontera de su imperio a renunciar a la guerra y unirse a él en su empeño de paz y amistad.  En este y en otro edicto,  se nos dice especialmente que envió emisarios hacia el sur a los países de los Cholas,  Pandyas, Satyaputras, Keralaputras y a la isla de Sri Lanka, y hacia el oeste a los cinco reyes griegos Antíoco II Theos de Siria,  Ptolomeo II Filadelfo de Egipto,  Antígono Gonatas de Macedonia, Magas de Cirene y Alejandro II de Epiro (o quizá Alejandro de Corinto).  No sorprende que los estudiosos occidentales hayan sentido admiración por el vigor con que el rey Ashoka llevó a cabo su política de diplomacia pacífica.  En esta última parte del siglo XX  la humanidad está precisamente comenzando a elaborar algún mecanismo que asegure la coexistencia pacífica entre las naciones, aunque las grandes potencias continúan construyendo enormes arsenales de armamentos y negociando entre sí con un espíritu de ocultamiento y de sospecha mutua.  En cambio el rey Ashoka postulaba el pacifismo absoluto basado en los ideales del budismo y unilateralmente proclamó que renunciaba a la guerra, paso muy difícil de dar en el caso de una gran nación.  Según las fuentes, el rey Ashoka, una vez que se resolvió a gobernar de conformidad con el Dharma, redujo sus armamentos y empleó las tropas sólo en desfiles militares o en otras ceremonias.  Las crónicas indican también que los campesinos y otros grupos de la sociedad ya no tenían la obligación de prestar el servicio militar.  De esta manera, el gobierno fundado en el Dharma no era un gobierno impuesto al pueblo por un estado militarizado.  La política de Ashoka, aun cuando tratara con las recalcitrantes tribus fronterizas,  consistía en considerar a todos los súbditos como si fueran sus propios hijos.  Este espíritu resplandece claramente en el siguiente edicto dirigido a los funcionarios enviados al recién conquistado estado de Kalinga.  Una parte de ese edicto reza así:  “Todos los hombres son mis hijos, y así como deseo todo el bienestar y ventura en este mundo y en el próximo para mis propios hijos, así lo deseo para todos los hombres.  Pero creo que entre los varios pueblos fronterizos que todavía no se han sometido hay quienes se preguntan  ¿Que desea el Rey con nosotros?.  Os diré en verdad lo único que quiero hacer con los pueblos de la frontera.  Esto es lo que el Rey desea:  deseo que los pueblos de la frontera estén libres de todo temor por mi causa, deseo que tengan confianza en mí y que de mis manos sólo reciban bondades y no penalidades ni opresión.  Esos pueblos deberían estar dispuestos a comprenderlo así y también deberían estar dispuestos a comprender esto:  El Rey soporta todo lo que es capaz por causa de ellos.  Y si se atienen a mis enseñanzas y practican el Dharma, seguramente alcanzarán el bienestar y la felicidad en este mundo y en el siguiente…

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