Los comienzos de la escuela T’ien-t’ai

13 Jul

EL BUDISMO CHINO

 

Daisaku Ikeda

Emecé Editores, S.A. Buenos Aires, 1993. Trad. de Paula Tizzano de Hornos

ISBN  950-04-1243-8

Chih-i, conocido como T'ien-t'ai, (538-597)

Chih-i, conocido como T’ien-t’ai   (538-597)

 

 

 

Nan-Yüeh Hui-Ssu  y  la veneración del Sutra del Loto

 Los comienzos de la Escuela T’ien-t’ai

En los capítulos anteriores rastreamos el proceso por el cual el budismo fue introducido en la China, gracias a los  misioneros del Asia Central y de la India.  Examinemos las actividades de los traductores que permitieron a los lectores chinos tomar contacto con la prolífica literatura de los budismos Hinayana y Mahayana.  Hemos visto el desarrollo de diversas escuelas de budismo, a medida que los creyentes chinos se esforzaron por asimilar este extenso cuerpo de doctrinas y por sistematizarlo con cierto orden jerárquico que agrupase sus muchas enseñanzas.  Y destacamos las actividades de los monjes chinos que, en su afán por llegar a una comprensión más profunda y correcta de la Ley, realizaron el peligroso trayecto hasta la India, tras escritos y maestros.  Ahora entramos en el tercer período,  dentro de la quíntuple división del budismo chino propuesta por el erudito japonés Kogaku Fuse.  Fuse lo designa como “período ecléctico o sincrético”, pues, durante su transcurso, las llamadas siete escuelas de la China septentrional y las tres escuelas de la China meridional buscaron comprender enseñanzas de las demás y fusionarlas en un nivel de interpretación más elevado.  Fuse observa que el período se inicia a partir del año 575.  Cabe preguntarse si la palabra “ecléctico” es la más adecuada para designar este lapso,  o si la fecha de inicio es acertada.  Pero aquí no me extenderé en estos análisis.  En los capítulos siguientes, no intentaré referirme a todo el espectro de las actividades budistas en la China,  ni rastrear el desarrollo de las diversas escuelas del budismo chino.  En cambio,  me centraré en la linea de desarrollo que condujo a establecer la escuela T”ien-tai  de budismo,  que honra al Sutra del Loto como expresión culminante de la Ley.  El gran maestro Miao-lo (711-782), destacado erudito de la escuela T’ien-Tai en las épocas de la dinastía T’ang, describe que la corriente se originó en las enseñanzas del gran filósofo budista indio Nagarjuna.  Miao-lo prosigue mencionando a los tres monjes eruditos chinos que desarrollaron paso a paso las enseñanzas de T’ien-t’ai y que las llevaron a su epítome:  Hui-wen,  Nan-yüeh Hui-ssu (515-577) y T’ien-t’ai Chi-i  (538-597).  Habitualmente se considera a estos monjes como los tres primeros patriarcas de la escuela T’ien-t’ai en la China.  Sus enseñanzas y labor serán el centro de mi relato en éste y en el siguiente capítulo.  Poco se sabe sobre Hui-wen. No se ha podido determinar la fecha de su nacimiento ni de su muerte.  Fue oriundo de China del norte y se destacó en épocas de la dinastía Ch’in septentrional, que gobernó desde 550 hasta 577.  Se dice que, al estudiar el Tratado sobre el Camino Medio y el Tratado sobre el gran Sutra de la Perfección de la Sabiduría, de Nagarjuna,  estableció una práctica conocida como la triple contemplación en un solo pensamiento,  que permitía alcanzar la iluminación.  Si se cuenta a Nagarjuna como fundador de la escuela T’ien-t’ai,  en general,  Hui-wen debe considerarse como segundo patriarca,  en lugar de primero.  La falta de fuentes históricas nos impide decir más sobre Hui-wen.  Para adquirir una idea del significado y la importancia de su pensamiento,  debemos ver cómo lo elaboró y lo puso en práctica su discípulo y sucesor,  Hui-ssu.  Por fortuna, sabemos mucho más sobre Hui-ssu y sus ideas.  La obra Más biografías de monjes eminentes,  del monje Tao-hsüang (596-667),  de la dinastía T’ang,  contiene una crónica sobre él.  Sus propios escritos incluyen una descripción autobiográfica titulada Escrito donde establezco mis votos,  así como diversos trabajos doctrinarios.  Hui-ssu nació en Wu-chin,  en lo que  hoy es la provincia de Honan, en 515.  Esa región de la China estaba gobernada por la dinastía Wei septentrional.  Se afirma que, de niño, se destacó por su carácter manso y dulce,  y por haber gozado de alabanza unánime en la comunidad en que vivió.  A los quince años,  ingresó en el sacerdocio.  Según su propia crónica,  pasó los diez años siguientes leyendo y memorizando con diligencia el Sutra del Loto y otros sutras del Mahayana, así como también practicando diversas clases de austeridades religiosas.  Su biografía señala que comía una sola vez por día, declinaba toda clase de ofrendas o dádivas especiales y rehusaba toda actitud que intentase demostrarle un tratamiento preferencial.  En el curso de muchos años,  leyó el Sutra del Loto y otras obras (más de treinta volúmenes) unas mil veces.  Esto nos permite inferir que, en sus años de juventud,  se impuso una instrucción sumamente rigurosa.  Según lo consigna Hui-ssu,  se sintió impulsado a ingresar en el clero budista por la visión de tantos moribundos a su alrededor,  a causa de las condiciones de extrema inestabilidad política que imperaban en su época.  Por otra parte,  la dinastía Wei del norte  (386-535), bajo la cual Hui-ssu pasó la niñez,  se acercaba a su declinación.  En 534 se escindió en dos estados,  Wei Occidental (535-557) y Wei Oriental  (534-550).  Hui-ssu debe de haber presenciado muchas escenas cruentas y dolorosas durante estos años convulsionados.  Su respuesta al sufrimiento circundante fue partir en busca del Camino para poder despejar la ignorancia de los hombres y las mujeres de su época y conducirlos a la salvación.  En el budismo,  uno no se embarca en pos de la verdad sólo para lograr la propia emancipación y satisfacer el afán personal de paz espiritual.  El verdadero practicante de las enseñanzas budistas es aquel que busca llevar a todos los hombres y mujeres una verdad o doctrina que les permita realizar una revolución básica y profunda en cada vida,  capaz de liberarlos de la duda y la aflicción.  Éste fue el objetivo que ardía en la mente de Hui-ssu,  cuando emprendió la búsqueda del Camino.  Tras diez años de estudio exhaustivo, comenzó a viajar para encontrar un maestro.  Como él mismo relata, cruzó la región de la China septentrional,  visitó a los grandes maestros budistas de su época y estudió con ellos las doctrinas del Mahayana.  Se centró, en especial,  en la práctica de la meditación, y durante siete años fue de un maestro a otro con el deseo de poder experimentar en sí mismo la esencia de las enseñanzas budistas y revelar una auténtica iluminación.  Esto tuvo lugar entre sus veinticuatro o veinticinco años y los treinta y uno o treinta y dos.  En esta época,  el budismo de la China del sur estaba signado por un fuerte énfasis en el estudio de textos budistas y en un enfoque exegético de la religión.  A diferencia de este abordaje teórico y académico,  el budismo de la China septentrional destacaba la práctica de la meditación y la recitación de los sutras.  Hui-ssu, formado según la tradición del budismo del norte,  creía que las enseñanzas budistas no eran doctrinas para aprender intelectualmente,  sino verdades para experimentar y afirmar en la propia vida.  Por eso, se lanzó tras ellas mediante la práctica de la meditación.  En el curso de sus viajes,  Hui-ssu llegó a estudiar con Hui-wen,  probablemente alrededor de los treinta y dos años.  Como vimos antes,  Hui-wen siguió las enseñanzas de Nagarjuna y concedió gran importancia al Tratado sobre el Gran Sutra de la Perfección de la Sabiduría,  la enciclopédica obra de Nagarjuna.  Bajo la orientación de Hui-wen,  Hui-ssu obtuvo la verdadera iluminación.  Durante su primer año de estudios con Hui-wen,  si bien Hui-ssu persiguió su meta con gran diligencia,  no pudo revelar su iluminación.  Pero, en el verano siguiente,  en que Hui-ssu se dedicó a la meditación intensiva, por fin pudo comprender el verdadero significado del Sutra del Loto.  Según su biiografía,  en Más biografías de monjes eminentes,  la iluminación tuvo lugar al fines del verano,  en un momento en que sintió profundo desaliento por haber hecho tan pocos progresos al lado de Hui-wen,  avergonzado y afligido por la poca trascendencia de su propia vida.  Cuando se estaba por reclinar contra una pared,  desesperanzado, de pronto se sintió imbuído de una repentina comprensión,  como un relámpago,  e instantáneamente logró captar la “meditación sobre el Sutra del Loto” que había tratado de dominar,  así como las enseñanzas del Mahayana.  Habían pasado unos quince años desde que Hui-ssu realizó la ceremonia de tonsura y se convirtió al sacerdocio.  Había recitado y leído el Sutra del Loto y otros sutras del Mahayana incontables veces.  Había dominado las técnicas de meditación del Hinayana e ido de un maestro al otro,  en busca del Mahayana,  y se había sometido durante años a la más rigurosa disciplina.  Pero hasta el momento en que, por fin, despertó al verdadero significado del Sutra del Loto, nunca pudo alcanzar esa iluminación,  lo cual lo hacía sentir sumamente avergonzado por la futilidad con que transcurría su vida.  Pero los diez o quince años durante los cuales Hui-ssu practicó austeridades y deambuló de aquí para allá representan un proceso de preparación, destinado al encuentro con un maestro del calibre de Hui-wen

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