la noche más helada: ¡Exclusivo!, de nuestro corresponsal en Bi Ei

29 Jul

-HOY-

Comenzó la invasión extraterrestre

 

 

 

by Princess!, su corresponsal en lo profundo de la noche...

by Princess!, su corresponsal en lo profundo de la noche…

 

 

¡Queridas amigas!:  Ya sé que escribo poco. Mal incluso.  Bué, digamos que “zafo”.  No obstante y aunque  no lo parezca,  ésta,  su cronista oficial para todo-lo-que-realmente-importa, o sea, lo que suele llamarse la pavada ancche las “notas de color” -¡nunca supe a qué color se referían!-, les decía, esta cronista, ¡nunca descansa!, ni siquiera cuando parece hacerlo.  Y es así como en la noche del último sábado, más bien, en la madrugada del domingo, me encontré, por razones que no haré públicas porque tengo una vida, paradita en la Avda.  Asamblea al 1500, corazón del noble, viejo y muy respetable barrio de Parque Chacabuco.  De paso, agrego, se trata de esos barrios preciosos que “quedan lejos”, que son “trasmano” y para ser sincera, que apenas conozco en sus límites difusos.  Eran las cinco, como en el famoso poema de Federico… pero de la madrugada, no de la tarde.  Temprano hizo un frío helado, alimentado por el viento del sur, el que trae la nieve desde muy lejos.  Pensé  “me voy a helar, sola, fané y descangallada”. Pero no:  en ese momento oscuro de la noche más oscura del invierno más oscuro, no hacía frío.  El viento había cesado y hasta me pareció más inquietante que ninguna rama, ni siquiera una hojita se moviera, que no cantara ni un pajarito tempranero… y que no pasara nadie, pero absolutamente nadie por la amplísima, desierta e iluminada Avda. Asamblea.  ¿El plan?: esperar paradita un colectivo del que ignoraba todo, especialmente sus horarios, ¡si los tenía!. ¿El cambio?: no quise hacer eso, simplemente, me largué a caminar… un plan loco, debía estar a unas cien cuadras de mi casa.  Sin embargo, lo seguí: ya sé, ustedes me dirán que estoy algo chapita.  Y sí, algo chapita estoy,  aunque este impulso caminador se lo atribuyo al espíritu porteño:  ¡y es que la ciudad me puede, me invita a hacerlo!.  En el silencio de la noche casi madrugada, me largué nomás.  Asamblea seguía desierta cuando partí hacia Curapaligüe; resonaban mis pasos en lo profundo de ese silencio frío, cada tanto atravesado por otro perdido o perdida, como yo, caminando apurado hacia la camita y el calor.  No crean, tomo mis medidas “cautelares”,  que no se si son de mucha utilidad ni si les puedo atribuir que hasta ahora -y “toco madera” al decirlo,  o sea, llevo mis manos hacia mi loca cabecita- no me hayan asaltado, así que no las recomendaré especialmente, pero, desde siempre, a ciertas horas, evito cruzar por los parques y las plazas, tomar callecitas oscuras y solitarias, “pegarme” a los muros cuando camino y hacerlo por las zonas más iluminadas posibles.  Obvio, como me dijo alguna vez mi mamá…¡tampoco me acerco a autos ocupados por personas que no conozco!, ja ,ja, ja,  pero así y todo, de a ratos me da miedito. Pero seguí, seguí caminando en la noche, una noche fría, de aire limpio, linda al fin.  Un poquito más de gente -atención que pueden ser extraterrestres vigilando, no hay que descuidarse- fue apareciendo a medida que avanzaba hacia barrios menos perdidos. Por fin alcancé la Avda. Directorio a eso del 1500.  Y seguí, reconociendo lugares de infancia, viendo los viejos frentes de las viejas casas sin que nada me lo impidiera, ni los autos, ni la gente, ni el ruido del día en la ciudad.  Al cruzar José María Moreno, también avenida, la tomé hacia la mítica  Rivadavia,  avenida casi infinita que naciendo en la zona del Congreso, se pierde en la pampa alucinada… claro que, en este caso, o en mi caso, para ser más precisa, más que perderme en la pampa y a esta altura de la noche y de las cosas, lo hice para seguir hacia el centro.  Llegué a una iluminada y mucho menos desierta avenida a la altura del 4800.  Y por algún impulso loco, ¡seguí adelante!, cruzando ya a los que van o vienen de trabajar, aún en domingo, aún de madrugada.  Como quien no quiere la cosa, llegué a Once,  tomé Pueyrredón -ya saben chikas, siempre por las avenidas- y al llegar a Corrientes, bueno, al llegar a la Avda. Corrientes me cansé un poquito, no pude ya enfrentar las quince o veinte cuadras que me quedaban hasta el no menos mítico Obelisco porteño, ahora mi barrio.  Y tomé un taxi, algo a lo que me resisto a ciertas horas especialmente, temiendo que los muchos extraterrestres “dizfrazados” de tacheros descubran en mí a la autora de tantas y tantas investigaciones periodísticas y hasta científikas sobre la inminente invasión ET a la Tierra.  Pero no; para mi sorpresa, el taxista, no sólo era un muy educado señor mayor sino, -y esto es ¡lo más increíble!- una persona muy  silenciosa.  Por eso, chicas, evidentemente no era ET y me dejó prolijamente en la puerta de casa.  ¿Saben una cosa?: aprovecho este reporter, estas breves líneas,  para rectificar una de las conclusiones de mis últimos trabajos de investigación sin concesiones y autorizo a la prensa mundial a reproducirlo sin reclamar autoría: la invasión ET no comenzará su avanzada por los barrios de sur de este sur del sur del mundo; comenzará por la Avda.  Asamblea, del viejo barrio porteño de Parque Chacabuco, con toda seguridad, en una fría y desierta madrugada de domingo…

Parque Chacabuco, ca. de 1957

Parque Chacabuco, ca. de 1957

Anuncios

Gracias

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: