El circuito cognoscitivo del Renacimiento

14 Sep

LA PRÁCTICA DEL DICTAMEN

 

 DEL IUS A LA HUMANITAS

 

 

Riccardo  Campa

Grupo Editor Latinoamericano S.R.L.  

Copyright by Riccardo Campa, 1990; Buenos Aires, Argentina

ISBN  950-694-146-7

 

 

Retrato ideal de una mujer - Bartolomeo Veneto (1500-1550)

Retrato ideal de una mujer – Bartolomeo Veneto (1500-1550)

La ampliación del circuito cognoscitivo del hombre renacentista está ligado a las coordenadas espaciales y temporales que la empresarialidad hace evidentes.  La intolerancia del hombre medieval,  las tribulaciones del místico y las transgresiones del mercante llevan en sí implícitas las virtulales dimensiones de un mundo aun físicamente más grande.  La reflexión en sí mismo (en la filosofía) y la representación de sí mismo (en el arte) parecen magnificar esa característica alegórica de la mundanidad que en efecto connota la propedeútica de la acción,  de la acción combinada entre la determinación de actuar y los instrumentos en condiciones de apoyar la acción.  El Medioevo es sobre todo un curso simbólico,  una preparación alveolar de un itinerario real y concreto que el Renacimiento configura como posible.  El mísitico,  el mercante,  el navegante y el conductor parecen aliarse en ese movimiento osmótico de la historia que ve comprometidos a los intelectuales y agudizadas las voluntades en busca de una característica más elástica de la existente.  La expansión del Universo y su gravitación son connotaciones operativas,  conjuntivas del hombre angustiado por la inedia meridiana del Medioevo que desea romper las hendeduras de la lealtad y de la sumisión para urdir un acuerdo más fraudulento que aquel estentóreo y evidente que parece manifestarle la génesis de las cosas. La concepción contractual del Estado -el cálculo de la libertad natural y de la libertad política y de la intolerancia por la primera, incierta y desconcertante,  y la aspiración a la segunda,  más coeva a las exigencias de cambio y de íntima satisfacción-  nace en una atmósfera de perentoriedad constitucional:  es como si,  por primera vez,  el hombre se diera cuenta de ser un ángel caído,  de no tener otras alternativas sino aceptar ese mal endémico en el que reside el cambio pero también el desarrollo diversificado y contrastado.  El Renacimiento ofrece al observador un cuadro de referencia conceptual  y operativo que el Medioevo exaspera en potencia,  por virtualidad.  Todo lo que se puede comprender y evaluar puede ser experimentado,  puede impresionar los sentidos e influir en los intelectos.  La mente humana está en condiciones de secundar el deseo porque logra ennoblecerlo representando por géneros y especies sus características más seductoras:  la hipertrofia del yo,  el gusto por la figura,  el apego a la belleza,  el empleo de los instrumentos que sirvan para aliviar,  no sólo la fatiga,  sino también el trabajo del hombre.  El mercante,  el navegante,  el aventurero son todas encarnaciones de la evidencia,  de esta representación del regente supremo del cosmos, que hasta ahora se expresa mediante parábolas,  símbolos, alusiones. El cálculo genera una profunda innovación conceptual y una moral no más fundada sobre la conjetura sino sobre la inconfutabilidad de la convivencia,  entendida como una categoría cognoscitiva,  capaz de modificar ab imis las relaciones interindividuales y las mismas relaciones de poder que se dan entre sujetos y dominantes,  entre centros decisionales y entidades periféricas.

 El Renacimiento es un fenómeno típicamente italiano,  que se irradia en toda Europa desde fines del siglo XIV hasta fines del siglo XVI y que compendia en sí todas las tentativas de renovación que se manifiestan desde la época carolingia en adelante.  “Así -escribe Eugenio Garin la contraposición cara a Coluccio Sallutati de la vida activa a la vida contemplativa,  que utiliza incluso la usada forma retórica de los discursos dobles,  por cierto no es inédita,  pero se coloca ya en pleno en una exaltación de la vida activa,  mundana, política,  “civil”,  “comprometida” -Palas Atenea que nace armada de la cabeza de Zeus- destinada directamente a convertirse,  no muchos decenios más tarde,  en una moda de los más refinados círculos intelectuales toscanos.  La contestación de la donación constantiniana no comienza por cierto en Valla  (basta pensar en Cusano),  pero Lorenzo Valla precisamente no pertenece más al Medioevo,  no es “hombre del Medioevo”.  Por sus batallas políticas y teológicas,  por el elogio de la voluptas epicúrea,  por su dialéctica y sus elegancias,  no por azar será exaltado,  compendiado y publicado,  como el maestro de los nuevos tiempos,  por su discípulo,  el príncipe de los humanistas de Europa,  Erasmo de Rotterdam.  Precisamente de la obra crítica del Nuevo Testamento de Valla,  de la que fue su primer editor en cuanto la encontró,  tomará Erasmo la inspiración para sus célebres trabajos bíblicos…  Cerca de dos siglos y medio,  entonces,  la duración del Renacimiento;  sobre todo algunas ciudades-Estado de Italia,  el lugar de nacimiento.  Estas son las coordenadas dentro de las cuales buscar,  y colocar,  si es que exisitíó con caracteres bien definidos,  al hombre del Renacimiento:  es decir,  una serie de figuras que,  en sus actividades específicas, realizan todas,  de modo análogo,  caracteres nuevos:  el artista,  que no es sólo artífice de obras de arte originales,  sinoque por medio de su actividad transforma su posición social,  interviene en la vida de la ciudad,  caracteriza sus relaciones con los otros;  el humanista,  el notario,  el jurista,  que se hacen magistrados,  que con sus escritos pesan sobre la vida política;  el arquitecto que trata con el príncipe para construir físicamente la ciudad”.     Y la ciudad permite el florecimiento de nuevos oficios,  el surgimiento de acuerdos inéditos entre personas capaces de comprometer su talento y arriesgar sus haberes en obras de relevancia social.  La inventiva individual encuentra un premio,  no sólo en la remuneración económica,  sino también en la gratificación comunitaria.  La sociedad se configura como una entidad dinámica,  capaz de implicar las energías hasta ahora latentes o silenciosas en programas que tienen como fin la exaltación de la potencia creadora del hombre.  El hombre del Renacimiento es un patrón mental -inventado y difundido por Jacob Burckhardt-  que se difunde en Europa y se acredita como un modelo conceptual,  un criterio expresivo,  capaz de evocar un conjunto de factores coordenados concretos.  El edificio,  la plaza,  el almacén son los espacios disputados por la nueva realidad social para el perseguimiento de un orden político y social más abierto a la responsabilidad aparte de la participación individual.  La biografía y el relato con fines edificantes  (tangenciales al panegírico)  son efectos evidentes de un interés cognoscitivo que parte de la anatomía,  de la filosofía del hombre,  de un  actor paradigmático y sin embargo controvertible de la historia.  El catastro y el archivo son examinados escrupulosamente en el intento de hallar en las microestructuras operativas la verificación concreta de los modelos clásicos (de Plutarco y Diógenes Laercio).  El interés por la documentación sobre lo ocurrido se manifiesta en la relación que se trata de establecer entre la latencia y la incidencia de un patrimonio cultural según las instancias (artísticas, políticas)  que la comunidad social decide darse en un momento histórico determinado.  El culto de las memorias -de sabor museográfico- se verifica en la certificación de los hechos acaecidos realmente y cuyos efectos pueden ser relevados y utilizados a los fines de la operatividad en el presente.  La antigüedad clásica se delinea con un patrimonio empolvado por el tiempo y ocultado por los cultores de la memoria,  por los copistas de una época más preocupada por transmitir que por interpretar,  más por traducir que po glosar.  El Renacimiento “redescubre” los testimonios del pasado y persevera en el intento de actualizarlos según fines de interés práctico y general.  El hombre que se relata -para usar una imagen de Agnes Heller-  está interesado en representar de sí mismo esos rasgos aparentemente inéditos que justifiquen su hiper actividad.  Pero también esta tendiencia iconoclasta a prevenir la ataraxia de cuño medieval es funcional,  es decir,  sirve para agigantar los efectos propulsivos de la acción en un contexto social que se encarga,  por otra parte,  de disciplinarlos.  Y es precisamente esta nueva disciplina, excogitada para hacer posible el Estado contractualista (normativo y transgresor) la que permite eludir en la perspectiva del tiempo futuro los condicionamientos (genéticos, culturales) del pasado.  Citando nuevamente a Garin“Si se debe conservar con atenta cautela la distinción entre la filosofía del hombre,  que se va haciendo sutil y profunda,  de una historia de hombres,  que se transforman según nuevos modelos en un momento crítico de la sociedad,  también es obvio que una reflexión teórica sobre el hombre,  sobre su naturaleza y sobre su destino,  sobre su sentir,  sobre sus funciones y sobre sus actividades,  sobre sus relaciones no sólo con la sociedad terrenal sino con la Iglesia y con Dios,  contribuye necesariamente a la variación suya y de la sociedad en que vive.  Son los mismos tipos humanos los que varían al cambiar las funciones.  Sólo es necesario reflexionar un momento en el peso creciente que en algunas ciudades-Estado adquieren en el siglo XV ciertos “intelectuales”,  notarios,  retóricos,  “humanistas”,  y pronto,  sobre el transfondo,  se perfilan las figuras de los Cancilleres,  de los Secretarios,  de los Oradores (embajadores),  en su variedad,  en su desarrollo y cambio,  en sus intervenciones,  en sus funciones”.         La ampliación de las opciones artesanales y profesionales contribuye a modificar el cuadro político y social de referencia,  que obviamente es condicionado por el habitat natural en el cual se inserta por tradición o por innovación.  La naturaleza es “redescubierta” para hacer que responda a la renovadas exigencias del hombre social.

Anuncios

Gracias

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: