¡Regresaron los arbitrarios “clásicos” by Princess!: “Diecisiete contradicciones y el fin del capitalismo” (I)

7 Nov

Diecisiete contradicciones y el fin del capitalismo

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David Harvey

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Editorial IAEN; Quito, 2014
Traducción: Juan Mari Madariaga

ISBN 978-9942-950-26-0

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David Harvey

David Harvey

 

 

CONTRADICCIÓN 17

La rebelión de la naturaleza humana: La alienación universal

 

No se puede excluir por completo la posibilidad de que el capital pudiera sobrevivir a todas las contradicciones examinadas hasta ahora pagando un cierto precio. Lo podría hacer, por ejemplo, mediante una élite oligárquica capitalista que dirigiera la eliminación geno-cida de gran parte de la población sobrante y desechable, al mismo tiempo que esclavizara al resto y construyera unos entornos artificiales cerrados para protegerse contra los estragos de una naturaleza externa que se hubiera vuelto tóxica, inhóspita y devastadoramente salvaje. Hay muchos relatos distópicos que describen una gran variedad de mundos semejantes, y sería una equivocación descartarlos como imposibles prototipos de futuro de una humanidad subhumana. Realmente, hay algo terriblemente cercano en algunos de estos relatos, como por ejemplo, el orden social que se des- cribe en la trilogía de Suzanne Collins, The Hunger Games, un éxito entre los adolescentes, o las antihumanistas secuencias futuristas de Cloud Atlas de David Mitchell. Claramente, semejantes ordenamientos sociales solo podrían existir sobre la base de un control mental fascista y de la continua y sistemática vigilancia y violencia policiales, todo ello acompañado por periódicas represiones militarizadas. Quienquiera que no vea elementos de semejantes mundos distópicos actuando ya en el mundo que nos rodea se está engañando a sí mismo clamorosamente. Por ello, no se trata de que el capital no pueda sobrevivir a sus contradicciones, sino de que el coste de hacerlo resulte inaceptable para la mayoría de la población. La esperanza es que mucho antes de que las tendencias distópicas pasen de los esporádicos ataques de drones aquí, al uso ocasional de gas venenoso contra el propio pueblo por parte de gobernantes enloquecidos acullá; de la aplicación de políticas mortíferas e incoherentes hacia todas las formas de oposición en un lugar a los colapsos medioambientales y las hambrunas de masas en otro, y de ahí a que en todas partes  se produzca una verdadera avalancha de catastróficas luchas desigualmente armadas de los ricos contra los pobres y de los privilegiados capitalistas y sus cobardes acólitos contra el resto…, antes de que ocurra todo esto la esperanza es que surjan movimientos sociales y políticos que griten ¡Ya basta!» o «Hasta aquí hemos llegado» y cambien la manera en que vivimos y amamos, sobrevivimos y nos reproducimos. Debería ser evidente que esto significa reemplazar la maquinaria económica y sus irracionales racionalidades económicas asociadas. Pero cómo deberíamos hacerlo no está de ninguna manera claro, y qué clase de maquinaria económica puede reemplazar a la del capital es una proposición todavía menos clara habida cuenta del estado actual del pensamiento y la lamentable escasez de un debate público imaginativo dedicado a esta cuestión. En su análisis, una comprensión de las contradicciones del capital es algo más que una pequeña ayuda porque, como el dramaturgo alemán Bertolt Brecht una vez dijo, «la esperanza está latente en las contradicciones». Al excavar en esta zona de la esperanza latente, hay algunas proposiciones básicas que deben aceptarse de entrada. En The Enigma of Capital concluía diciendo que «el capitalismo nunca caerá por sí solo. Habrá que empujarle. La acumulación de capital nunca cesará. Habrá que detenerla. La clase capitalista nunca entregará voluntariamente su poder. Habrá que desposeerla»1. Sigo manteniendo esa opinión y considero vital que otros también lo hagan. Evidentemente se necesitará un potente movimiento político y un enorme compromiso individual para llevar a cabo esa tarea. Pero semejante movimiento no puede funcionar sin una amplia y convincente visión de una alternativa alrededor de la cual pueda confluir una subjetividad política colectiva. ¿Qué clase de visión puede animar a ese movimiento político? Podemos intentar cambiar el mundo gradualmente y poco a poco favoreciendo el término de una contradicción (como el valor de uso) en vez del otro (como el valor de cambio), o trabajando para socavar y finalmente disolver contradicciones particulares (como la que permite la utilización del dinero para la apropiación privada de la riqueza social). Podemos intentar cambiar las trayectorias definidas por las contradicciones cambiantes (hacia tecnologías no militaristas y una mayor igualdad en un mundo de libertades democráticas). Como he tratado de mostrar a lo largo de este libro, entender las contradicciones del capital ayuda a desarrollar una visión a largo plazo de la dirección general en la que deberíamos estar moviéndonos. De manera muy similar a cómo el ascenso del capitalismo neoliberal cambió a partir de la década de 1970 la dirección del desarrollo del capital para aumentar la privatización y la comercialización, para hacer más contundente el dominio del valor de cambio y de una avasalladora pasión fetichista por el poder del dinero, un movimiento antineoliberal nos puede señalar una dirección estratégica completamente diferente para las próximas décadas. Hay señales en la bibliografía especializada así como en los movimientos sociales de al menos una predisposición para intentar rediseñar un capitalismo basado en unas relaciones ecológicamente más sensibles y en unos niveles mucho más elevados de justicia social y gobernanza democrática. Este enfoque gradual tiene sus virtudes. Propone un movimiento pacífico y no violento hacia el cambio social del tipo que inicialmente se observó en las primeras etapas de las plazas de Tahrir, Syntagma y Taksim, aunque en todos estos casos el Estado y las autoridades policiales pronto respondieron con asombrosa brutalidad y violencia, probablemente por- que estos movimientos tenían el descaro de ir más allá de los límites de la tolerancia represiva. Este planteamiento pretende reunir a la gente estratégicamente alrededor de temas comunes pero limitados. También puede tener impactos de largo alcance si se producen contagiosos efectos en cascada de un tipo de contradicción a otro. Podemos imaginar qué pasaría en el mundo si la dominación del valor de cambio y los alienados comportamientos que acompañan a la búsqueda del poder del dinero, como Keynes los describía, se redujeran simultáneamente y los poderes de los individuos privados para obtener beneficios de la riqueza social se vieran radicalmente reducidos. Podemos seguir imaginando qué sucedería si las alienaciones de la experiencia contemporánea del trabajo, de un consumo compensador que nunca satisface, de indescriptibles niveles de desigualdad económica y de desarmonía en la relación con la naturaleza se vieran reducidos por una creciente oleada de descontento popular ante los actuales excesos del capital. Nos encontraríamos viviendo en un mundo más humano con unos niveles de desigualdad y conflicto social mucho más reducidos y una corrupción y opresión políticas mucho menores. Esto no nos dice cómo pueden converger unos movimientos de oposición numerosos pero muy fragmentados para fusionarse en un movimiento solidario unificado contra el dominio del capital. El enfoque gradual no consigue percibir y afrontar cómo todas las contradicciones del capital se relacionan entre sí y a través de las demás para formar un todo orgánico. Hay verdadera necesidad de una concepción más catalizadora que fundamente y estimule la acción política. Una subjetividad política colectiva tiene que fundirse alrededor de algunos conceptos fundamentales sobre cómo constituir una maquinaria económica alternativa si se quiere afrontar y vencer a los poderes del capital. Sin eso, el capital no puede ser desposeído ni desplazado. El concepto que aquí encuentro más apropiado es el de alienación. El verbo alienar tiene una variedad de significados. Como término legal significa transferir un derecho de propiedad a las manos de otro (enajenar)…

 -¡Continuará!-

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