Verba volant, scripta manent: ¿Princesa García involucrada en crisis revolucionarias?

15 Mar

 HISTORIA DE ROMA

André Piganiol

Quinta Edición: abril de 1981

Traducción de Ricardo Anaya

Editorial Universitaria de Buenos Aires 

 

§ 1.  Crisis revolucionarias 

El Partido Popular.  El partido popular no era homogéneo;  ésa fue la causa principal de su fracaso.  Se proponía sobre todo mejorar la condición de la plebe pero los intereses de la plebe urbana difería de los de la plebe rústica:  ambas estaban de acuerdo en reclamar el escrutinio secreto,  la disminución de los privilegios de la fortuna, la suavización del servicio militar;  pero mientras la plebe urbana insistía sobre todo en la disminución del costo de la vida, la plebe rústica reclamaba la protección del trabajo libre contra los esclavos,  y una política de repartos agrarios. El programa del partido popular obtuvo por lo que tenía de justo y humano,  las simpatías de ciertas familias nobles y sobre todo de las que habían combatido la política de los Escipiones,  los Mucios,  los Cecilios,  los Licinios,  los Sempronios.  Más peligrosa para el provenir del partido fue la adhesión de la burguesía capitalista,  de los caballeros,  que vieron en esas luchas el medio de hacer triunfar los intereses de la alta banca y debilitar a la casta de propietarios territoriales.  Por último,  el partido tenía sus extremistas,  que no hubieran  retrocedido ante matanzas y confiscaciones,  y aun estaban dispuestos a unirse a los esclavos.  En el curso de esos conflictos, insurrecciones serviles de suma gravedad sacudieron los cimientos mismos de la sociedad antigua, como las sucedidas en Sicilia en 135-132; 103-101 a.C.  El partido popular insistía en el principio de la soberanía del pueblo y repetía la palabra libertad.  Quería sobre todo suavizar la condición de los pobres.  

La cuestión agraria.  El partido popular chocó con la oposición de las clases gobernantes,  en primer lugar por su política agraria,  En su origen,  la comunidad agraria romana no puede concebirse sin un ager publicus,  reservado principalmente a la explotación pastoril.  El progreso de la conquista romana fue marcado por confiscaciones en masa de tierras que cayeron en el dominio público.  Estas tierras vacantes se utilizaron para crear nuevos centros de población;  Roma pudo poblar creando pequeñas Romas a su imagen.  Esta política colonial fue bruscamente suspendida en el 177  a.C  y dicha interrupción pudo contribuir al malestar que sufría la plebe rústica.  La explotación del dominio estaba sometida a reglas fijas.  Se decía que una ley de Licinio Estolón -en realidad un texto de fecha mucho más reciente-  había limitado a 500 yugadas la superficie sobre la cual una familia podía ejercer derecho de uso,  a 100 bueyes el rebaño que podía apacentar;  pero esa ley no se respetaba ya.  El dominio se componía sobre todo de tierras de pastoreo (pascua); el fisco confiaba a los arredantarios la percepción de una tasa por cabeza de ganado (scriptura).  Además se fijaron derechos especiales si en la tierra ocupada se cultivaba trigo o si se plantaba.  Influencias helenísticas,  desde el siglo III a.C,  debieron contribuir a inspirar esta reglamentación: limitación de las cabezas de ganado,  percepción por sociedades arredatarias,  medidas tomadas para favorecer,  por medio de una especie de contrato perpetuo,  las plantaciones de árboles frutales.  Esos métodos favorecieron sobre todo a los arrendantarios generales,  encargados de percibir las rentas patrimoniales,  y a los propietarios de tierras,  que adquirieron derechos de uso sobre el dominio,  derechos que trataron de hacer perpetuos.  Mientras tanto la acondición de los campesinos libres había empeorado a causa de las guerras,  a causa de la importación de trigo de los países tributarios,  que  hacían competencia a la agricultura nacional,  a causa del progreso de la esclavitud,  que desalojaba el trabajo libre y a causa de la interrupción de la política colonizadora.

Tiberio Graco.  (133 a.C)     El padre de Graco era un hombre inteligente y justo;  se había formado,  no en las intrigas de los asuntos orientales,  sino en la lucha contra los valerosos bárbaros de Occidente.  Sus hijos son los dignos herederos de su nombre colmado de honor,  aún cuando en razón de su muerte prematura apenas lo llegaron a conocer.  Elegido tribuno en el -134,  Tiberio Graco propuso restaurar la ley agraria atribuida a Licinio Estolón. La falsificación es cierta,  aún cuando haya habido leyes agrarias,  que conocemos muy mal,  desde los primeros siglos de la República.  Tiberio pedía que una comisión de triunviros,  investida de poderes excepcionales, auspicios y jurisdicción,  hiciera el inventario del dominio,  limitara a 125 hectáreas el derecho de ocupación de los grandes propietarios  – a 250 si tenían dos hijos- y limitara también el número de cabezas de ganado que enviaban a las tierras del dominio público;  los plebeyos recibirían lotes inalienables (probablemente de 7,5 hectáreas),  gravados con un censo en favor el Estado.  Tiberio obtuvo primero el apoyo de los nobles moderados,  deseosos,  como él,  de comprobar por las cifras del censo la disminución regular del número de ciudadanos libres.  Pero entró en conflicto con el tribuno Octavio y,  al no poder oponerse a su veto,  lo hizo deponer por los comicios de tribus.  Ello constituía un acto conforme a la práctica de las democracias griegas,  pero escandaloso en Roma.  A ese precio la ley fue votada, pero Tiberio fue abandonado por sus amigos nobles.  El filósofo Blosio de Cumas lo acompañaba como su sombra,  y los contemporáneos miraban a éste como el verdadero jefe;  orientaba ciertamente a Tiberio hacia una política radical,  que tendía a hacer de él el rey de los pobres.  En ese momento murió el rey de Pérgamo legando sus Estados a Roma.  Tiberio quiso confiar al pueblo la fiscalización de ese legado.  Preparaba un plan de reformas nuevas.  A pesar de la ley pretendió su reelección.  Entonces los nobles fomentaron en su contra una revuelta en la que pereció. Toda su actividad se sitúaron entre diciembre del -134 y el verano del -133.  El Senado no se atrevió a tocar la ley agraria;  sólo algo más tarde,  en -129,  se suprimieron los poderes de jurisdicción de la comisión triunviral.  Los senadores estaban profundamente divididos entre Escipión Emiliano,  que regresaba de Numancia,  y la camarilla rival,  la de los Mucios,  Cecilios, Licinios,  que habían comenzado alentando a Tiberio.  Aquí se produce una grave reforma que completó el divorcio entre senadores y caballeros.  En lo sucesivo los senadores dejaron de tener el derecho de votar en las centurias ecuestres (plebiscito que obligaba a los senadores a proporcionar el caballo público, de 129 a.C).

 

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