Las páginas amarillas de Princesa García: Lukács o la bella escritura filosófica…

9 Jul

LENIN – MARX

György Lukács

Estudio preliminar y notas de Miguel Vedda

Traducción de Karen Saban y Miguel Vedda

Editorial Gorla; Buenos Aires, 2005. ISBN 987-20773-9-8

 

 György Lukács (Budapest; 1885 – 1971)

György Lukács (Budapest; 1885 – 1971)

 

Lenin.  Estudio sobre la coherencia de su pensamiento

1.  La actualidad de la revolución

El materialismo histórico es la teoría de la revolución proletaria.  Lo es porque su esencia radica en la síntesis intelectual de ese ser social que produce al proletariado,  que determina el ser íntegro del proletariado;  lo es porque el proletariado que lucha por su emancipación encuentra en él su clara autoconciencia.  La magnitud de un pensador proletario, de un representante del materialismo histórico, se mide, en consecuencia,  por la profundidad y amplitud de visión con la que abarca estos problemas. Y aún más, según con qué intensidad éste es capaz de ver correctamente,  detrás de los fenómenos de la sociedad burguesa,  aquellas tendencias orientadas hacia la revolución proletaria que,  en esas apariencias y a través de ellas,  se elevan hasta el ser activo y la conciencia clara.  Según este criterio,  Lenin es el más grande pensador que haya generado el movimiento obrero revolucionario desde Marx. Por cierto,  los oportunistas,  que no pueden dejar de hablar sin fundamentos acerca de la indudable importancia de Lenin, ni tampoco pueden callar, dicen que Lenin fue un gran político ruso; pero que, para ser líder del proletariado mundial,  le faltaba comprender la diferencia entre Rusia y los países del capitalismo más desarrollado; dicen  que ha universalizado acríticamente -y que éste es su límite a escala histórica-  las preguntas y las soluciones de la realidad rusa,  aplicándolas al mundo entero.  Olvidan -y esto se olvida hoy con justificación-  que en su tiempo se le había hecho el mismo reproche a Marx.  Se decía que Marx había enunciado sus observaciones sobre la vida económica inglesa,  sobre la fábrica inglesa, como leyes universales del desarrollo social en general,  de manera acrítica;  las observaciones podían ser en sí muy correctas,  pero se convertían forzosamente en falsas cuando se las distorsionaba como leyes universales.  Hoy resulta superfluo refutar detalladamente este error.  Que quede claro que Marx no “generalizó” de ningún modo experiencias particulares limitadas temporal o espacialmente.  Antes bien -y según el  modo de trabajo de los genios históricos y políticos auténticos- percibió desde un punto de vista teórico y también histórico el macrocosmos del capitalismo entero en el microcosmos de la fábrica inglesa,  en sus premisas, condiciones y consecuencias sociales,  en las tendencias históricas que condujeron a su surgimiento y en las que hicieron problemática su existencia.  Porque esto diferencia al genio del mero experto en ciencia o política.  Este último sólo puede entender y distinguir los factores del acontecer social inmediatos dados, separados entre sí. Y cuando quiere elevarse a conclusiones universales, no hace en realidad más que concebir de un modo auténticamente abstracto como “leyes universales” ciertos aspectos de un fenómeno limitado en el tiempo y el espacio,  y aplicarlas como tales.  En cambio el genio,  a quien se le ha vuelto clara la verdadera esencia,  la tendencia principal vivamente efectiva de una época,  ve actuar presicamente esta tendencia detrás del conjunto de los acontecimientos de su tiempo y trata entonces las cuestiones básicas y decisivas de toda la época,  aún cuando pretende hablar tan sólo sobre cuestiones de actualidad.  Hoy sabemos que aquí residía la grandeza de Marx.  A partir de la estructura de la fábrica inglesa,  dedujo e interpretó todas las tendencias decisivas del capitalismo moderno.  Siempre tuvo en vista la totalidad del desarrollo capitalista. Por eso pudo descubrir en cada uno de sus fenómenos también el conjunto;  en su construcción, también su movimiento.  Pero hoy sólo pocos saben que Lenin consiguió para nuestra época lo mismo que Marx para el desarrollo entero del capitalismo.  Vió constantemente en los problemas de desarrollo de la Rusia moderna -desde las cuestiones del origen del capitalismo en un absolutismo semifeudal hasta los problemas que implicaba la realización del socialismo en un país campesino y atrasado- los problemas de toda la época:  el ingreso en la última fase del capitalismo y las posibilidades de volver la lucha entre la burguesía y el proletariado – que aquí se ha vuelto inevitable-  a favor del proletariado y de utilizarla para la salvación de la humanidad.  Lenin -a semejanza de Marx– nunca generalizó las experiencias locales rusas,  limitadas temporal y espacialmente.  En cambio, con la visión del genio, reconoció ya en el aquí y ahora de sus primeros efectos el problema básico de nuestro tiempo: la inminencia de la revolución. Y comprendió e hizo comprensibles todos los fenómenos, tanto los rusos como los internacionales, desde esta perspectiva, la perspectiva de la actualidad de la revolución.  La actualidad de la revolución:  ésta es la idea básica de Lenin y al mismo tiempo el punto que lo une decisivamente con Marx. Porque el materialismo histórico,  como expresión conceptual de la lucha por la emancipación del proletariado,  incluso teóricamente,  sólo podía ser concebido y formulado en un instante histórico en que había sido puesto en el orden del día de la historia su actualidad práctica.  En un instante en que en la miseria del proletariado,  según palabras de Marx,  se volvió visible no sólo la miseria  misma,  sino aquel aspecto revolucionario “que terminará por derrocar a la vieja sociedad”.  Entonces se necesitaba por ciero la mirada impertérrita del genio para poder percibir la actualidad de la revolución proletaria.  Puesto que la revolución proletaria sólo se hace visible para el promedio de los hombres cuando las masas de trabajadores se encuentran peleando ya en las barricadas.  Y en el caso de que hubieran recibido una educación marxista vulgar,  tampoco la verían. Porque a los ojos del marxista vulgar, los fundamentos de la sociedad burguesa están tan inconmoviblemente arraigados que aún en los momentos en que ellos se conmueven ostensiblemente él sólo desea el retorno del estado “normal”;  en sus crisis ve sólo episodios pasajeros y considera la lucha incluso en semejantes tiempos como un levantamiento irracional de hombres imprudentes contra el capitalismo todavía invencible.  Por eso le parece que los que luchan en las barricadas están equivocados; la revolución derrotada, un “error”;  y los constructores del socialismo en una revolución que podía vencer -aunque a ojos de los oportunistas tan sólo en forma efímera-,  incluso criminales.

El materialismo histórico tiene entonces como condición -ya en tanto teoría- la actualidad de la revolución proletaria en el plano de la historia universal. En este sentido,  como fundamento objetivo de toda la época y, al mismo tiempo, como punto de vista para su comprensión, dicha actualidad constituye el núcleo de la doctrina de Marx. Sin embargo,  a pesar de esta limitación,  que se expresa en el rechazo severo de todas las ilusiones infundadas,  en la dura condena de todos los intentos golpistas,  la interpretación oportunista se aferra enseguida a los supuestos yerros individuales en las previsiones de Marx para eliminar de cuajo la revolución,  a través de este rodeo,  del edificio entero del marxismo.  Y los defensores “ortodoxos” de Marx coinciden en esto con sus “críticos”.  Kautsky explica,  en respuesta a Bernstein,  que es posible dejarle tranquilamente al futuro (a un futuro muy lejano) la decisión sobre la dictadura del proletariado. Lenin volvió a establecer en ese punto la pureza de la teoría marxista. Y, al mismo tiempo,  precisamente aquí,  la concibió más clara y concretamente.  No es que haya tratado de mejorar de alguna manera a Marx.  Tan sólo elaboró en la teoría la continuación del proceso histórico desde la muerte de Marx.  Y esto significa que la actualidad de la revolución proletaria de ahora en más no sólo se ha extendido,  sobre la clase trabajadora que lucha por emanciparse,  como horizonte correspondiente a la historia universal, sino que la revolución se ha convertido ya en cuestión del día para el movimiento obrero.  Lenin podía cargar serenamente con el reproche de blanquismo, etc.,  que le valió esta posición fundamental.  No sólo porque gozaba de buena compañía,  ya que debía compartir este reproche con Marx (con “ciertos aspectos” de Marx),  sino porque merecía compartir esta buena compañía.  Por una parte,  ni Marx ni Lenin se habían representado la actualidad de la revolución proletaria y de sus objetivos finales como si ella pudiera ser realizada como uno quisiera y en cualquier instante.  Pero, por otra parte,  ambos obtuvieron a través de la actualidad de la revolución el parámetro seguro para tomar decisiones en cada cuestión del día.  La actualidad de la revolución determina el tono principal de toda una época.  Únicamente esta relación entre las acciones individuales y este centro,  que sólo puede encontrarse a partir del análisis preciso de la totalidad sociohistórica,  convierte en revolucionarias o contrarrevolucionarias las acciones individuales.  La actualidad de la revolución significa,  por lo tanto,  tratar cada cuestión del día individual en el contexto concreto de la totalidad sociohistórica,  considerada como factor de la emancipación del proletariado.  La continuación que el marxismo ha experimentado de esta forma,  a través de Lenin consiste solamente -¡solamente!- en la conexión más íntima,  más evidente y más profunda en cuanto a las consecuencias, entre las acciones individuales y el destino total, el destino revolucionario de toda la clase obrera.  Significa sencillamente que cada cuestión del día -ya como cuestión del día-  se ha convertido al mismo tiempo en un problema fundamental de la revolución.  El desarrollo del capitalismo convirtió a la revolución proletaria en cuestión del día. Lenin no fue el único que vio la inminencia de la revolución.  Sin embargo, no sólo por el coraje, la dedicación y la capacidad de sacrificio se diferencia de aquellos que,  en el instante en que la revolución proletaria,  proclamando teóricamente por ellos mismos como actual,  se ha vuelto actual en un sentido práctico,  huyen cobardemente,  sino que también por su claridad teórica se diferencia de los mejores, más perspicaces y dedicados revolucionarios entre sus contemporáneos.  Porque incluso éstos sólo reconocieron la actualidad de la revolución proletaria del modo en que Marx la había comprendido en su tiempo, es decir, como problema fundamental de toda la época.  Pero fueron incapaces de convertir este reconocimiento -correcto desde la perspectiva de la historia universal,  pero sólo desde esta perspectiva- en un parámetro seguro para todas las cuestiones del día,  tanto las políticas como las económicas,  tanto las teóricas como las tácticas,  tanto las de agitación como las de organización.  Lenin fue el único que dio el paso para hacer concreto un marxismo,  a partir de ahora,  absolutamente práctico.  Por eso Lenin es -en el sentido de la historia universal- el único teórico equiparable a Marx que haya producido hasta el momento la lucha de la emancipación proletaria…

(1924)

 

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