cartas amarillas: correspondencia ¡inédita! Dra. Estela Artuá- Princesa García

27 Ago

¡Expreso!

 

 

 

 

 

 

Pensión de Rosaura a las diez, fin del invierno en la Gran Ciudá, 201…

 

               Queridísima amiga, ¡te extraño!, ¿qué hacés taaaanto tiempo en Mogadiscio?.  Por lo que veo en las lindas postales que me enviás, es algo desértica la zona, así que te imagino con esos cascos de explorador inglés y pantalones cortos, recolectando tus infinitas muestras de súper mosquitos y ejemplares de todos los espantosos bichos que estudiás con tanto afán.   Sin embargo, volverás a esta ciudad infinita, medio de mierda, que amamos tanto sabrá Dió’ por qué y será en primavera, ¡que es inminente!, Estelita.  Mis días se van en trabajar,  si apenas puedo compartir unos mates con las pocas chicas que quedan en la pensión, cuando regreso por las tardecitas, cansada, y bué, desde ya te lo digo, me siento sola, fané y algo descangallada.  ¡No tengo ganas de nada!: lo más que puedo escribir son pálidas crónicas de mis devaríos por la ciudad; ni qué hablar de mis otras actividades ¡completamente abandonadas!: las compañeras de la Internacional me quieren colgar de las pestañas, che. Y algo de razón les doy… Con todo, no creas que abandono mis lecturas, aunque, incapaz de concentrarme en algo serio por más de quince minutos, lucho con los textos de filosofía sin que se me descuelgue una sola idea, más aún, sin entender nada de nada -¡ni qué hablar del Curso de Filosofia für Chikas only, definitivamente paralizado!- así que, en general, tiro todo a la mierda y me pongo a leer pavadas inconfesables. O simplemente a mirar el techo, algo que, después de todo, no me disgusta; es más, ¡me encanta!.  En el invierno me decidí a tejer, ¿viste que uno siempre se “decide” a tejer en invierno?: el hecho es que de todos los pares de medias que “proyecté”, apenas conseguí hacer una, o sea, no conseguí completar siquiera UN par.  Estoy irremediablemente sola, casi casi a punto de decidirme a buscar un amor.  ¡Un amor, Estela, que creo es lo que necesito!.  Pero enseguida me da fiaca y aunque imagino textos locos y presentaciones sutiles mientras recolecto sitios diversos de esos en los que la gente se “pone” para encontrar a su alma gemela o, por lo menos, alguien con quien conversar un rato, no hago absolutamente nada, presa del pensamiento completamente mágico que me susurra al oído algo así como un ¿Para qué?. Y dejo todo en manos de un oscuro e insondable destino, al que llamo “azar”.  Lloré muuuuucho  en los últimos tiempos, pero no me retes:  ¡fue terrible, Estela!, no sólo porque amanecía toda congestionada y con la cara imposible, sino porque el llanto me sorprendía en cualquier momento y lugar, a cuál más absurdo e inoportuno, especialmente viajando en bondi, en la verdulería del barrio o paseando por las plazas.  Por “razones” que se me escapan completamente, desde hace unos meses y a pesar de la persistencia de todos mis bajones, ya no lo hago: quizás sea la consecuencia de haber llorado hectolitros de lágrimas, una especie de agotamiento hídrico que agradezco, si bien no depende de algo que me haya propuesto.  ¡Nada de esto me impedirá alegrarme con tu llegada, no te asustes!.  Matearemos como siempre y también, como siempre, no te olvidarás de traerme alfajores de Mogadiscio (¿qué tal están?, ¿zafan?) de los que daremos buena cuenta mientras chismorreamos, lejos al fin de tanto trajín científico -vos, yo no- y de tanta mirada de techo -yo, no vos-.  ¿Cuál es el sentido de la vida?, me pregunto después de bañarme, incluso mientras me estoy bañando: obviamente, me contesto que ninguno, de eso estoy firmemente convencida.  Y me enojo conmigo misma mientras me preparo la cena -frugal, te cuento; o sea, triste pero delgada, ¡antes muerta que sencilla!- porque parece que sigo siendo la misma tarada de siempre, esperanzada en “el” amor, la cabeza llena de pajaritos y, lo que es más grave… ¡de pajarones!.  Che, Estelita, hablando de eso y en honor a tu larga ausencia que, con toda seguridad, te tiene algo alejada de las modas en estas tristes pampas, aprovecho para enviarte alguna muestrita de nuestra música “primaveral”, “juvenil” que matizará picnics y romances con algo de esa alegría forzada que “debemos sostener” contra toda evidencia, incluso contra toda circunstancia climática, simplemente, ¡porque es primavera!.  Y contestame al toque confirmando la fecha de tu llegada, entiendo que ya no cruzaremos más cartas hasta ese entonces… me conocés tanto que sé que nada de lo que escribo aquí te preocupará en lo más mínimo.  ¡Y hacés bien!: son, apenas…”días”, ya vendrán mejores.

Tu amiga, casi ¿hermana?, Princess!

 

 

 

 

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