El despertar de Oriente: el siglo de la conquista árabe-islámica

19 Ene

 

Historia Universal Siglo XXI

México; 1989

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Las transformaciones del mundo mediterráneo: Siglos III-VIII

Volumen 9

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Franz Georg Maier

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Corán o "la" recitación

                                                                                 Corán o “la” recitación

 

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4. El despertar de Oriente: el siglo de la conquista árabe-islámica

Existen lugares y momentos en los que el discurrir histórico y sus cambios de dirección se cristalizan simbólicamente.  El drama de Heraclio y, con él,  el cambio histórico, que se opera en treinta años escasos para el Imperio Bizantino, se materializa en el destino de una ciudad: Jerusalém.  Este centro de la cristiandad fue conquistado en el año 614 por los sasánidas, que, durante largos días, saquearon y devastaron la ciudad y mataron a muchos de sus habitantes.  Finalmente, el ejército sasánida se retiró,  llevándose consigo la reliquia de la Santa Cruz.  Dieciséis años más tarde cambia la suerte.  En el año 630 hace Heraclio una entrada triunfal en Jerusalem con la reliquia de la Santa Cruz,  que ha recuperado con su triunfo sobre el imperio sasánida.  Es éste el punto culminante del poderío del estado bizantino en el siglo VII.  Pero apenas ocho años después se produjo un cambio totalmente inesperado.  En un frío día de febrero, el año 638,  hizo su entrada en Jerusalem el califa Omar,  montado en un camello blanco y seguido de un ejército de beduinos,  maltrecho pero disciplinado.  Al patriarca Sofronio,  que espera con su séquito al califa,  junto a las ruinas del templo de Salomón,  se le imponía la frase bíblica:  “Contemplad el horror de la desolación predicho por el profeta Daniel”.  Desde esos días de febrero del año 638,  Jerusalem se convierte también en un lugar santo del Islam.  Sobre el lugar en el que se encontraba el templo de Salomón se eleva ahora la mezquita de Qubbat as-Sakhra (llamada de Omar),  construida sobre roca,  que es hasta el día de hoy,  junto con la Meca,  uno de los más grandes santuarios del mundo islámico.  La entrada de Omar en Jerusalem constituía solamente un capítulo de la expansión árabe-islámica,  que representa el acontecimiento histórico más decisivo del siglo,  aunque inicialmente pudiera parecer mucho mayor el peligro sasánida.  Si se contempla la situación de conjunto de la región mediterránea en una conexión histórica más amplia, se percibirán los cambios que se producen por esta época en Oriente y que surgen de las formas de vida del período romano-tardío y bizantino-temprano.  También aquí un gran proceso de transformación y de renovación sacude las viejas formaciones políticas y la cultura unitaria helenístico-romana.  El renacimiento de los sasánidas con Cosroes I (531-569) era el presagio de un robustecimiento del Oriente. El despertar de esta región histórica se anunciaba ya espiritualmente con corrientes religiosas como el monofisismo.  Cierto es que el imperio sasánida,  el rival más grande e influyente de Bizancio aún a comienzos del siglo VIII,  estaba ligado todavía de mil maneras a las tradiciones del viejo mundo mediterráneo.  Sólo el Islam aportó el verdadero elemento de cambio:  Fue la fuerza determinante en la transformación que durará dos siglos, del mundo mediterráneo.  La conquista árabe-islámica,  que se extenderá como una gran mancha de aceite por las regiones mediterráneas a mediados de siglo, crea, a partir de las ruinas de la vieja cultura,  un nuevo mundo espiritual y político, que se situará en igualdad de derechos junto a la comunidad de pueblos germano-latinos del occidente medieval y junto a Bizancio.  Pese a todo lo que toma de los elementos tradicionales,  esa cultura es impulsada por fuerzas propias,  que van a influir después en el mundo mediterráneo y la Europa occidental.  La historia de los imperios bizantino y franco,  así como la de la alta Edad Media,  es inconcebible sin el desafío político del califato y sin el intercambio espiritual con la cultura islámica. Si el Islam transforma la situación política global y, a largo plazo,  también la economía del mundo mediterráneo, Bizancio y el occidente sufrieron simultáneamente importantes transformaciónes.  En el reino franco se lleva a cabo un proceso de rápidos cambios,  en el orden político y social,  que se caracteriza por el desarrollo del feudalismo y el acceso al poder de los mayordomos  Con la batalla de Tertry en el año 687,  se decide la posición predominante de los mayordomos de la casa de Austrasia en la totalidad del reino merovingio,  sentándose así las bases de la soberanía carolingia.  La dinastía de Heraclio significa para Bizancio la lucha por la existencia contra los sasánidas y más tarde contra el Islam.  Pero,  a partir de este desafío, nace también una profunda reestructuración del Estado y la vida de Bizancio.  En el plano de la política exterior, Bizancio perdió por casi tres siglos su posición de gran potencia territorial.  A finales del siglo VII,  el Imperio se reducía al Asia Menor, algunas regiones de Italia (Rávena, Roma, Calabria, Sicilia y Cerdeña) y la zona sur de los Balcanes, donde, sin embargo, la soberanía bizantina era muy precaria.  Las causas de esta evolución sólo en parte provenían de los errores de la política bizantina.  También eran consecuencia de la derrota en Calcedonia y de la política de Justiniano; pero lo realmente decisivo fue la aparición del Islam en la escena política.  El imperio bizantino,  después del breve éxito del siglo VI, se veía nuevamente desalojado del mundo de estados occidentales,  que por entonces surgía, y al mismo tiempo abocado a sufrir una fuerte presión por Oriente,  debida al nuevo poder del imperio árabe-islámico.  Sin embargo,  logró sobrevivir en torno a su núcleo central,  tras el nuevo reagrupamiento de su potencia,  aunque al precio de considerables pérdidas territoriales y,  a veces, de un empobrecimiento de su propia cultura.  Bizancio siguió siendo un factor esencial en la historia del mundo mediterráneo y del próximo Oriente durante otros setecientos años. Gracias a la inusitada capacidad de resistencia de Bizancio,  el desafío de la lucha por la existencia le hizo capaz de canalizar un heroico proceso de adaptación.  El Estado bizantino adquirió una nueva forma,  ampliamente desligada de las tradiciones romanas y logró un nuevo robustecimiento en el interior de sus estrechas fronteras. El orden político y la estructura social se transformaron;  del estado burocrático romano-tardío,  que ya no se mostraba a la altura de unas condiciones de vida transformadas,  se pasó a un estado militar. De la mano de esta evolución,  se formó nuevamente un estamento campesino libre,  que constituyó la columna vertebral del Estado.  Las provincias monofisitas cayeron en el campo de la conquista islámica.  Así Bizancio quedaba libre de los agotadores conflictos religiosos: la ortodoxia y la unidad confesional se convirtieron en elementos decisivos de la estabilidad del Estado.  Este proceso tiene un segundo aspecto,  en el que se hace perceptible el carácter de transición de la época.  Es muy cierto que la cultura se empobreció bajo el peso excesivo de las exigencias militares.  Pero también lo es que,  con el proceso de unificación religiosa,  se produjo una gran helenización. En el plano espiritual se hizo patente una transformación profunda:  sólo ahora se convertiría Bizancio,  por su lengua y su cultura,  en un imperio exclusivamente griego,  cuyo centro no se encontraba, naturalmente,  en la misma Grecia,  sino en la Anatolia helenizada.

En el siglo VII,  Bizancio logró tener un semblante propio en la estructura del Estado,  de la Iglesia y de la cultura.  Estos elementos fundamentales,  demostraron ser duraderos.  No sólo aseguraron la superviviencia,  sino la posterior recuperación,  que convirtieron al imperio en la primera potencia,  en el orden económico y militar,  del Mediterráneo oriental.  Bajo la capa de un debilitamiento exterior,  tuvo lugar en el siglo VII una regeneración,  en la que se puso de manifiesto,  por primera vez,  la tenacidad y la fuerza vital de Bizancio.  Estos son solamente los principios de una transformación que se opera por todas partes en el corazón del viejo mundo.  Nuevas fuerzas se preparan.  A partir del año 610 comienza el enfrentamiento con las tradiciones y formas de vida del viejo mundo mediterráneo, tanto en Oriente como en Occidente.  El proceso duró más de veinte años.  En el aspecto de política exterior la reestructuración de las regiones mediterráneas estaba concluída aproximadamente hacia el año 717. Pero la transformación interna de las tres nuevas áreas políticas y culturales se prolongó hasta mediados del siglo VIII

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by Princess!, su historiadora de ¿confianza?

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