El despertar de la razón (II)

2 Mar

INTRODUCCIÓN AL DERECHO

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Enrique R. Aftalión – José Vilanova

Nueva versión con la colaboración de Julio Raffo

Abeledo Perrot; Buenos Aires, 1994- Segunda Edición

ISBN 950-20-0664-X

 

 

"Isaac Newton", grabado al aguafuerte -monotipo- de William Blake; 1795.

          “Isaac Newton”, grabado al aguafuerte -monotipo-                                                           de William Blake; 1795

 

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Capítulo 4

Comienzo de la tradición científico-filosófica de nuestra cultura

4.2.  Razón crítica y razón fundante

4.2.1.  Razón crítica

La palabra griega logos designa a un hablar con sentido (y no a un mero parloteo).  De aquí que los romanos la tradujeron por “razón” de donde surge la definición clásica del hombre como animal racional.  No podemos aquí indagar a fondo en la noción de razón que constituye un problema filosófico de primera magnitud. Para nuestros propósitos puede bastarnos observar que el hablar que caracteriza al hombre consiste en un discurrir.  El hombre discurre (o razona) cuando argumenta extrayendo conclusiones de ciertas premisas y cuando argumenta los pro y los contra antes de emprender una acción.  Un hombre razonable se deja convencer por un argumento correcto y aceptará -si la cosa no urge demasiado- sopesar los pro y los contra de una acción.  Decimos que alguien no es razonable cuando no hace tal cosa y decimos que es irracional cuando lo consideramos incapaz de hacerlo. La razón,  sería pues, la aptitud o capacidad que tiene el hombre para discurrir.  Pongamos dos ejemplos triviales de un discurrir en el que se hace presente el uso de la razón como discernimiento o “luz natural” que poseen los hombres;

              (1) Dado que te quedaste sola cuanto salí de casa y nadie entró en ella hasta mi regreso,  por fuerza te has tomado el vino que dejé en la alacena.

(2) Amenaza llover.  Mejor será que regresemos a casa antes que empiece la lluvia (está implícito que no queremos mojarnos)

La razón como lumen naturalis del hombre funciona en forma crítica. La verdad de las premisas -expresas o más a menudo implícitas- de un razonamiento de sentido común no está garantizadamente establecida. Volvamos a los ejemplos (1) y (2) con que ilustramos precedentemente,  razonamientos cotidianos y veamos algunas respuestas posibles a los mismos:

(1′)  Te equivocas.  Lo que pasa es que cocinando una receta que lleva vino.

(2′) Pero papá, ya estamos más cerca de la casa de la tía adonde vamos,  que de la nuestra.  Mejor será que sigamos.

(1′) nos muestra que en (1) había una premisa implícita falsa: que la única forma de consumir el vino es beberlo.

(2′) nos muestra que (2) omite una premisa necesaria para una conclusión correcta en un razonamiento práctico: la distancia a recorrer para guarecerse de la lluvia.

El racionalismo crítico se vale del razonamiento (en pura lógica deductiva) conforme al siguiente principio: En todo razonamiento válido la verdad se transfiere necesariamente de las premisas a las conclusiones y la falsedad se retrotrae, transfiere necesariamente de las conclusiones a (por lo menos una) de las premisas.  Está así justificada la denominación de “racionalismo”. Pero en la misma enunciación que hemos hecho se pone de manifiesto que las premisas pueden ser falsas y esto es lo que lo caracteriza como “crítico” y lo aproxima al razonamiento del sentido común (por ejemplo: “puesto que consumí el vino cocinando no es cierto que beberlo sea la única forma de consumirlo”).  Entendemos que este carácter crítico,  es el más originario y fundamental en el uso de la razón.  Pero una tradición filosófica que comienza con Pitágoras de Samos (a.C. 582-493), y que incluye, como veremos, a lo más granado de la tradición filosófica griega y de la filosofía continental europea en la edad moderna ha adjudicado otro papel a la Razón (ahora la escribimos con mayúscula) como si ella por sí sola pudiese dar cuenta de la estructura, de cómo es el Mundo.  Nos referimos al racionalismo que adjudica a la Razón no solamente el arte o la ciencia de la inferencia (la lógica) sino también el poder de proveernos por sí sola de ciertas verdades necesarias,  que pueden después funcionar como premisas de un razonamiento válido, brindándonos así también conclusiones verdaderas.  Al ocuparnos más adelante de la Lógica y de las Matemáticas tendremos que examinar este tema.  Pero en lo que se refiere al problema cosmológico debemos ya pronunciarnos y rechazar esta pretensión que peca de soberbia.  Pues en las ciencias que se ocupan del mundo,  de lo que en él sucede y de los entes que lo habitan, debe respetarse con humildad esta realidad de los hechos que pueden ser,  y frecuentemente son, rebeldes a someterse a las mejores construcciones de la Razón.  Señalemos que el racionalismo (acrítico) adjudica a la Razón un papel fundante (de nuestros conocimientos) y no meramente crítico (de nuestras opiniones y teorías).

by Princess!!, filosfando en la intimidad...

by Princess!!, filosofando en el baño de espuma

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